Los ocho ‘fracasos’ y medio

Para completar este reto he tenido que subir a las 45 cimas que publiqué en agosto de 2013. Son estas

En estos cinco años, además, he sumado lo que llamo ocho ‘fracasos’ y medio. ¿A qué me refiero con ello? A aquellas veces en las que he salido de Soria para subir a algunas de estas cimas y he vuelto a casa sin ella.

1. Pico del Lobo (Guadalajara). 23 de marzo de 2014: Éramos un grupo de 27. No muy lejos de la cumbre, 18 de los 27 expedicionarios nos dimos la vuelta porque eran necesarios crampones dada la extrema bajada de las temperaturas de los últimos días. Crónica

2. Calvitero (Cáceres). 28 de febrero de 2015: Contactamos con un grupo de Béjar-Candelario para que nos subieran al Canchal de la Ceja y al Calvitero. Y eso hicieron. Problema: nos subieron al Calvitero que no era, al situado enteramente en la provincia de Salamanca. El ‘bueno’ está a unos dos kilómetros, con el mismo nombre y casi la misma altura. Crónica

3. Aitxuri (Guipúzcoa). 17 de mayo de 2015: Fuimos a ver la carrera de montaña Zegama-Aizkorri y, con la excusa, subir al pico más alto. Había muchísima gente y nosotros éramos unos cuantos. El recorrido era muy estrecho en algunos puntos y teníamos la sensación de que molestaríamos demasiado a los corredores. Crónica

4. Peña Prieta Sur (Palencia). 14 de abril de 2016: Llegué ese día a Triollo, y mis amigos iban a venir el día siguiente, el 15. Los dos días no dejó de llover ni un instante, así que decidimos que no vinieran a mi encuentro porque no iba a ser posible una ascensión digna en esas condiciones. Crónica

Bajo el Morrón de la Agujereada

4’5. Morrón de la Agujereada (Las Palmas de Gran Canaria). 8 de octubre de 2016: A este le doy medio porque, cuando empecé el reto, me marqué subir al Pico de las Nieves, tradicionalmente considerado el techo de la isla y de la provincia. Para subir al Morrón hay mucho patio y hay que tener nociones de escalada. Además, prefiero subir con alguien que sepa por dónde es porque asusta. Aun así, me lo concedí, porque sí estuvimos en Las Nieves. Crónica

5’5. Calvitero (Cáceres). 11 de febrero de 2017: Segundo intento fallido. Hacía un día invernal y nos costó mucho llegar hasta donde debía estar el Paso del Diablo y, después, encontrarlo. Además, no estaba en muy buenas condiciones para bajar y subir por ahí seis personas, así que nos regresamos a pocos metros de la cumbre. Crónica

6’5. Puig Major (Baleares). 29 de mayo de 2017: Sabíamos que para subir al Puig Major era necesario un permiso. Teníamos un contacto militar en la isla y pensamos que no sería difícil gracias a ello. Compramos los billetes de avión ya que jugaba allí el Numancia. A pesar de todas las gestiones, no hubo manera. Crónica

7’5. Corocho de Rocigalgo (Toledo). 11 de junio de 2017: Esta vez la razón fue muy diferente. Mi coche, que ya había amenazado en la ida, tuvo un problema electrónico y decidió no arrancar después de echar gasolina en Retuerta del Bullaque. Al menos, pudimos subir al pico más alto de Ciudad Real, pero nuestra idea era continuar viaje para no tener que regresar a la zona. Crónica

8’5. Puig Major (Baleares). 14 de septiembre de 2017: Nada más volver del viaje de mayo, me compré otro billete para septiembre, pensando que en este tiempo no tendría problemas para conseguir el permiso con los contactos que había establecido. Error. Por ello, intenté subir por atrás, pero me di la vuelta. Crónica

Cima 45 de 45. Cáceres. Calvitero. 2.400 metros. 23-7-2018

¡Terminado! Cuatro años, once meses y siete días después de haberlo comenzado, pongo fin a este reto para el que me había puesto un plazo de cinco años. Entre los ‘fracasos’, otras montañas que hemos subido, otros viajes que hemos hecho y las obligaciones del día a día, se ha conseguido superar el reto de subir a la cima más alta de las 50 provincias españolas. Al haber diez que comparten, son 45 cimas en total.

Y, sin embargo, no tengo la sensación en el cuerpo de haber terminado un largo reto. ¿Por qué? Por dos razones para las que escribiré dos entradas aparte. Primero, porque voy a ampliar el reto al punto más alto de las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) y de las Plazas Menores de Soberanía (ubicado en la isla del Congreso en las Chafarinas). Y segundo, porque voy a hacer una nueva ampliación del reto a las cimas más prominentes de cada provincia, con lo que me quedan otras 19.

En la cima

La decisión de la primera ampliación la tomé hace ya meses, así que desde hace tiempo supe que la cima 45 no sería la última. La decisión de la segunda es más reciente, y me llevará más de dos años según mis planes. De ambas ampliaciones hablaré en sus respectivas entradas.

Ahora voy a contar cómo ha sido el ascenso a esta cuadragésima quinta montaña, el Calvitero cacereño, cumbre también de la comunidad autónoma de Extremadura. Es la quinta vez que subo a lo más alto que me quedaba (tras Tenerife, Cantabria, Almería y Navarra), y la tercera vez que subo a los más bajo que me quedaba (tras La Coruña y Baleares).

Al tercer intento

Además, y por diversas circunstancias, es también la tercera vez que intento hollar esta cima. El primer ‘fracaso’ fue cuando subimos al Canchal de la Ceja (Salamanca). Aquel día, llegamos a una cumbre llamada Calvitero… que resultó ser una que se llama así a unos dos kilómetros de la que realmente nos interesaba. Este otro Calvitero se encuentra plenamente en la provincia de Salamanca, casi a la misma altitud que nuestro verdadero objetivo. Aquel día subimos desde la estación de esquí de La Covatilla.

Entre retamas

El segundo fue el invierno de 2017. Aquel día, avisados del error, ya sabíamos hasta dónde debíamos dirigirnos. Pudimos subir el coche hasta la Plataforma del Travieso, a unos 1.900 metros de altitud. Fue uno de los peores días del invierno, con un frío horroroso y un hielo que casi impedía que claváramos los crampones. Nos costó mucho el avance y, cuando llegamos al Paso del Diablo, nos llevó mucho rato encontrar la cadena porque estada totalmente cubierta de hielo y nieve. Cuando la encontramos, casi de casualidad, decidimos volvernos porque el paso estaba complicado en aquellas condiciones.

Así que aquel día tomé la decisión de que regresaría al Calvitero (también llamado Torreón) en verano. Y eso hemos hecho hoy.

Para esta última cima me ha acompañado César, quien ha estado presente en media docena de ascensiones. Entre ellas, casualmente, también la del Canchal de la Ceja.

Sin madrugar

Aun a riesgo de asarnos de calor, no hemos madrugado en exceso para ir descansados. Hemos salido de Tres Cantos (Madrid) alrededor de las 9.00. La primera y única parada del camino la hemos hecho ya casi en la meta, en Candelario. Esta localidad tan bonita y bien conservada pertenece a Salamanca, provincia en la que nos hemos movido en casi toda la caminata de hoy.

De Candelario sale la empinada carretera que, minutos después, nos deja en la segunda Plataforma de El Travieso, donde apenas hay media docena de coches. No vamos a encontrarnos a mucha gente hoy, y menos a estas horas.

El Paso del Diablo

De hecho, cuando empezamos a andar apenas faltan unos minutos para la una del mediodía. Hace mucho sol, pero el calor no aprieta.

Elegimos para subir el mismo camino que en el segundo intento. Al principio, es muy evidente. Además, hay una estrecha senda que marca claramente por dónde hay que subir. Cortamos la ladera casi perpendicularmente.

Existen varias maneras de avanzar. Una de ellas consiste en no ascender del todo todavía y girar ligeramente a la derecha mientras se sigue subiendo con menos pendiente. Eso es lo que hemos hecho nosotros, pero hay un tramo de retamas en el que casi nos hundíamos hasta la cabeza, así que lo hemos salvado como hemos podido antes de decidir que no volveríamos por ahí.

Antiguo remonte de esquí

Si vais en invierno, no hay problema, porque la nieve seguramente cubrirá todos esos matorrales. Para terminar de subir al cresterío hemos seguido una especie de antiguo remonte de cuando todavía se esquiaba en esta zona.

Esta antigua construcción termina ya casi a 2.400 metros, en el Calvitero 100% salmantino, el que ya conocíamos de nuestro primer intento y en el que incluso nos hicimos entonces fotos de cima. Llegados a la anchísima cresta, lo único que hay que hacer es ir girando a la derecha.

Aún nos quedan un par de bajadas y subidas no muy pronunciadas. Tras la primera, dejamos a la izquierda el Canchal de la Ceja, al que hoy no nos hemos acercado. No llegamos a pisarla, pero sí vemos bastante nieve en el lado izquierdo de nuestro avance. Ha tenido que ser un invierno potente.

Aún queda nieve el 23 de julio

Nuestros pasos nos dejan no mucho después en una cumbre que todavía no es la nuestra, la llamada de Talamanca, en la que tanto tiempo perdimos en nuestro segundo intento para encontrar el Paso del Diablo.

Este mediodía, gracias a los recuerdos que tenía de aquella vez y, sobre todo, gracias a que los hitos hoy sí se veían sin problemas, no nos ha supuesto ningún problema dar con el Paso del Diablo. ¿Qué es este paso?

Para empezar, es una manera bonita de afrontar la ascensión final a nuestra meta de hoy y de estos cinco años. Y, más concretamente, es un estrecho paso de bajada de unos diez metros que puede dar un poco de vértigo. Hay una cadena a la que agarrarse, por si acaso. He visto que le dan un grado II de escalada, pero en realidad la única dificultad está en un lugar en el que cuesta unos instantes encontrar el punto de apoyo para el pie. En invierno, como siempre, un poco más de respeto.

Una vez que se desciende ese Paso del Diablo, el camino hasta el Calvitero es de un par de minutos. Con las piedras del lugar, alguien se entretuvo en hacer una torre en cuya cima se encuentra el vértice geodésico. Como no hemos visto a nadie allí arriba, ni en casi todo el camino, no ha sido fácil hacer las autofotos en los diez segundos que teníamos de plazo.

Ello se ha debido, en parte, a que César ha acarreado durante todo el camino una gran pancarta en la que podía leerse ‘Arrivée’, procedente de una reciente fiesta ciclista y muy difícil de domar hoy con el viento que nos esperaba arriba.

‘Arrivée’: llegada en los aeropuertos, meta en las rondas ciclistas… y meta volante en este reto de las cimas de España.

Quedan todavía las tres de Ceuta, Melilla y Chafarinas, así como las 19 prominentes. De esas 22, ya sé de sobra cuál va a ser la más difícil.

Agradecimientos

Pero como el título de este reto es el que es, y como no hay inconveniente alguno en doblar agradecimientos, sí quiero dar hoy las gracias a todas las personas que han formado parte de una manera u otra de este reto, interesándose por él o acompañándome en una o en veinte ascensiones (contando lo que yo llamo ‘fracasos’).

Salvo la primera de Lugo, a la que subí en solitario después de que mis padres me dejaran en Piornedo, hemos conseguido ir en grupo a las 44 restantes, así que el reto ha sido comunal, y espero que siga siéndolo.

Aunque ya está incluido en el grupo anterior porque estuvo en Valladolid, un agradecimiento especial va para Fernando, que desde que comencé este proyecto decidió sumarse a él para ponerle banda sonora: 50 provincias, 50 canciones. Algunas de ellas ya forman también de mi banda sonora (¡Nunca más… veré ese sucio azul del cielo…!).

Los objetivos fundamentales están conseguidos: subir montes, conocer lugares de España a los que de otra manera no viajaríamos, compartir experiencias.

Lo seguiremos haciendo en estas dos ampliaciones que, aviso desde ya, serán las últimas.

Muchas gracias por la compañía y hasta la prolongación.

PD: Después de disfrutar de las increíbles vistas de las provincias de Cáceres y Salamanca que ofrece el Calvitero, hemos bajado casi por el mismo sitio salvo el tramo final, para evitar de nuevo el encuentro con las retamas. En días como hoy, tan claros y sin nieve, todo es más sencillo.

Punto de salida: Plataforma del Travieso, se accede desde Candelario (Salamanca).

Distancia: Esta ruta es de unos 14 kilómetros.

Desnivel: Entre 1.900 y 2.400 hay 500 metros, pero hay que ponerle unos cuantos más por las subidas y bajadas, quizás 650. Casi todos los positivos, justo al principio.

Cuánto se tarda: Se nos han escapado cuatro horas y media, almuerzo con vistas incluido.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en El Travieso. Subes lo más recto que puedas a la cresta. Si encuentras la senda, mejor. Es fácil. Al llegar arriba del todo, a la derecha. Se pasa el otro Calvitero, el Canchal de la Ceja y el Talamanca. En este último está el Paso del Diablo. Te agarras de la cadena para salvarlo y ya estás en el objetivo.

 

La canción de Fernando:

Cima 44 de 45. Navarra. Mesa de los Tres Reyes. 2.444 metros. 21-7-2018

Por cuarta vez en lo que va de reto, hoy hemos ascendido a la cima más alta de aquellas que nos quedaban. Coincide que es la penúltima, la 44 de 45. Pero dejaré las valoraciones para cuando el reto esté efectivamente terminado. Se ve ya tan cerca…

Después del Teide, el Torre Blanca y el Chullo, la Mesa de los Tres Reyes era lo más elevado que restaba por subir, aunque por muy pocos metros de diferencia con el siguiente, el Calvitero de Cáceres.

Una circunstancia me ha hecho ir aparcando la visita al punto más elevado de Navarra hasta el final del reto. Por un lado, a la gente la extrañaba que todavía no hubiera acudido teniendo en cuenta la cercanía con Soria. Por otro, a mí también me gustaba que uno de los últimos fuera uno asequible por esa misma cercanía, que me permitiría acercarme un día para ascenderlo y tacharlo.

En la cima

Y así ha sido. Esta mañana a las 6.10 estábamos saliendo de Soria y minutos antes de las 22.00 regresábamos a nuestra ciudad. Entremedias, coche hasta el refugio de Linza, ascenso a la Mesa (Hiru Erregeen Mahaia), descenso hasta el refugio y coche hasta casa. Día intenso, pues.

Cuestiones de intendencia

La realidad es que, de los ocho que hemos subido, cuatro ya aprovecharon para viajar ayer y alojarse en el camping de Zuriza: Agustín, Alex, Ángel y Chupi. Los otros cuatro hemos quedado esta mañana a las 6.00 en Soria: Carlos, David, Félix, Sergio.

La reunión de ambos grupos estaba prevista para las 10.00 de la mañana en el refugio de Linza. Allí, y desde varios kilómetros antes, no hay cobertura de telefonía móvil, algo interesante de conocer a la hora de planificar actividades por la zona.

A las 10.10 hemos llegado. Agustín ya había salido unos minutos antes hacia la cima. El refugio estaba repleto, así que hemos tenido que retroceder un tramo para poder aparcar. Después de algunos cambios de ropa y de echarnos crema, a las 10.30 clavadas hemos empezado a andar.

La cima piramidal

No es la mejor hora para iniciar una larga caminata de montaña un 21 de julio en España, pero ha tenido que ser así. Por suerte, la temperatura ha sido siempre muy agradable y, aunque la cima estaba completamente nublada robándonos unas vistas presumiblemente espectaculares, no nos ha llovido en ningún momento del camino.

El ascenso desde el refugio de Linza hasta la Mesa se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera es un ascenso casi constante desde los 1.330 metros de Linza hasta los 1.935 del collado del mismo nombre, Collado de Linza. Es un ascenso bastante evidente siguiendo las señales del GR-13, flamantes de nuevas.

Desde allí, si se sigue recto, se subirá poco a poco hasta otra de las cimas míticas de este noreste navarro, el Petrechema. Pero no. La segunda parte de la caminata hacia nuestro objetivo implica girar a la izquierda desde el Collado de Linza para afrontar un descenso bastante pronunciado hasta la Hoya de la Solana (Foya da Solana), a 1.820 metros.

Allí, el sendero GR-13 continúa recto, hacia abajo, y a nosotros nos toca girar a la derecha, siguiendo la señal que indica 2,9 kilómetros hasta la cima en un tiempo estimado de 1h45.

105 minutos para menos de tres kilómetros significa lo que nos temíamos, que la tercera parte del ascenso va a ser la más dura, para salvar los más de 600 metros que todavía nos faltan.

El tramo final de la subida

A cambio, es también la parte más interesante, y eso que las dos anteriores (la segunda bastante corta) también lo han sido, sobre todo por lo verde que se encuentra todo el Pirineo navarro gracias a las lluvias de los últimos tiempos.

En este comienzo de la tercera parte es cuando mejor se aprecia una de las principales características de esta zona, los lapiaces de un terreno calizo y tremendamente agujerado por cientos de simas, algunas de ellas de las más profundas del mundo.

Descenso floreado

Finalizado ese tramo de lapiaces, donde pueden verse algunos pinos negros, toca el ascenso final a la pirámide que constituye la cima más elevada de Navarra. Hay numerosos hitos y numerosas sendas que se parten, se pierden, se entrecruzan… Da igual. Es obvio que hay que subir.

De hecho, de las decenas de personas que hemos coincidido hoy en el asalto definitivo a la cumbre, unas aparecían por un lado, otras por otro, algunas por un tercero… No hay pérdida mientras se vaya subiendo, en ocasiones con ayuda de las manos.

En la cima hay una reproducción del castillo de Javier y una figura del patrón de Navarra, San Francisco Javier. También hay un par de placas, una de ellas dedicada al montañero Iñaki Ochoa de Olza, fallecido en 2008 en el Annapurna.

A pesar de esa niebla que nos impedía ver las montañas cercanas y los valles bajo nuestros pies, no hacía mucho frío. Hemos comido allí arriba, donde hemos permanecido más de media hora. Había matrimonios, familias con niños, campamentos, grupos de amigos.

Alguien ha propuesto iniciar el regreso y pronto le hemos hecho todos caso. Este camino hasta el coche es el mismo que el de la subida, según habíamos podido comprobar en todos los tracks consultados. No hay rutas circulares evidentes.

Las últimas nieves

A la bajada, hemos vuelto a pisar los últimos neveros del verano. Hasta nos hemos tirado cuatro bolas. No ha habido muchas más paradas salvo alguna para beber agua. Antes de las 16.30, después de desandar esas tres partes, ya estábamos en el refugio.

Se estaba demasiado bien como para irnos sin tomarnos algo en una de las mesas de la pradera. Ha dolido irse de allí.

A la vuelta en coche, hemos parado en el mismo bar de Sangüesa donde habíamos desayunado. Allí nos hemos despedido, unos para Madrid, otros para El Burgo y San Esteban, el resto para Soria capital.

Muy bonita la Mesa de las Tres Reyes y todo este macizo situado entre las provincias de Huesca y Navarra y el país vecino Francia. Habría que rendirles una visita en invierno para comparar.

Por cierto, esta cima de 2.444 metros, la más alta de Navarra, no hace muga con Francia. Hay que desplazarse apenas unos 300 metros al Este para situarse en una elevación de 2.421 metros que sí es un punto trifinio entre Navarra-Aragón-Francia.

De hecho, existe una corriente para llamar a este segundo lugar Mesa de los Tres Reyes y, al punto más alto de Navarra, donde hemos estado hoy, Pico de los Tres Reyes. Aunque ya se puede ver así en mapas oficiales y algunos textos, creo que todavía no ha triunfado pero que puede hacerlo. Yo, por si acaso, de momento no voy a colaborar.

Hasta la última.

Punto de salida: Refugio de Linza (Huesca).

Distancia: Nos han salido casi 18 kilómetros.

Desnivel: Se sale de 1.300 y se pasa a 2.400. A ello hay que sumar una gran bajada de camino y dos más pequeñas. Nos han salido 1.340 metros positivos.

Cuánto se tarda: Hemos ido a buen ritmo y hemos estado poco más de media hora en la cima. De refugio a refugio hemos tardado unas cinco horas y 50 minutos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales de Linza hacia arriba. A la derecha hay valle y a la izquierda montaña. Llegas a un collado. No se sigue de frente sino que se gira a la izquierda para bajar más de 100 metros. Se llega a otro collado. Ahora toca girar a la derecha, ganando siempre altura salvo una breve bajada entre piedras. Llegados a la base de la pirámide, se asciende utilizando caminos o ayudándose con las manos. De repente, sin haber intuido antes, se llega a la cumbre.

 

La canción de Fernando: