Cima 43 de 45. Islas Baleares. Puig Major. 1.445 metros. 3-6-2018

Menuda historia hemos protagonizado para tachar la cima 43 de las 45 de este reto, el Puig Major mallorquín, cumbre de las Islas Baleares. Como sucede con el Aitana alicantino, el Puig Major se encuentra dentro de un espacio militar, el Escuadrón de Vigilancia Aérea (EVA) número 7. Es necesario un permiso para acceder allí.

Leyendo internet, en tiempos antiguos parece que era relativamente sencillo conseguir dicho permiso. Además, yo tenía algún conocido en Mallorca, así que pensé que siguiendo los pasos requeridos, sería posible obtener dicha autorización. Error: no lo fue ni en mayo ni en septiembre del año pasado.

En mayo fuimos a ver un Mallorca-Numancia, así que casi ni lo intentamos aunque sí estuvimos en la base. En septiembre fui con la idea de acceder hasta el vértice geodésico a través de una ruta que parte del Funicular situado en la carretera de Sa Calobra, pero tampoco fue posible por cuestiones de la climatología.

Entre estos dos tiros errados, descubrí de casualidad la existencia de la carrera Desafío Fuerzas Armadas, que se celebró por primera vez en 2017 y que hoy domingo 3 de junio ha vivido su segunda edición. El plazo de inscripción se abrió el 1 de abril, y ese mismo día nos apuntamos César y yo. Un mes después, se inscribió Óscar. Allí hemos estado los tres.

Junto a la cima

Después de ese 1 de abril, tras ponerme en contacto con la dirección técnica de la carrera, me enteré de que esta no pasaba exactamente por el vértice geodésico, sino que lo dejaba a unos 400 metros. Por tanto, volví a intentar conseguir el permiso, que me fue concedido para fecha por concretar pero no para este fin de semana… que era justo cuando estaba.

En un penúltimo giro de los acontecimientos (luego cuento el último), ayer sábado nos enteramos de que el vértice geodésico no está en el punto más alto del Puig Major (no es un caso único) y de que la carrera sí pasaba justo al lado de ese punto más alto, que es donde se encuentra la famosa ‘bola americana’ visible casi desde cualquier punto de Mallorca en un día despejado.

Por ello, decidí que me concedería la conquista de la cima si conseguía llegar hasta el punto más alto de la carrera… y así ha sido.

Ayer sábado nos acercamos a coger el dorsal, a Palma de Mallorca. Allí vimos por primera vez el recorrido exacto en un mapa, ya que en la web venía solo el perfil. Esa imagen fue la que me animó a considerar ascendida la cima si llegábamos hasta allí, en el kilómetro 18 de la prueba.

Nuestro alojamiento estos días ha estado en Port de Sóller, donde ya me alojé en septiembre y justo desde donde salía esta mañana la carrera. En previsión de fuertes calores, como en 2017, la salida de la prueba estaba prevista a las 7.30 de la mañana. Son 44 kilómetros en total, con 2.275 metros de desnivel positivo y ocho horas de plazo para completarlos.

A las 7.00 de la mañana ya estábamos en el lugar de la salida, y poco después entrábamos en el cajón de salida donde nos apiñábamos los más de 300 inscritos. Desde allí hemos asistido al izado de bandera y al discurso con el que ha abierto el Desafío FAS el comandante general de Baleares. A las 7.30, un cañonazo lanzado al mar ha servido como señal de salida.

Desde ese momento, nuestra primera preocupación era llegar al kilómetro 14 antes de las 10.00 (dos horas y media de carrera), primer control de paso. No hemos ido muy pendientes del reloj porque íbamos más o menos a mitad del pelotón. Por lo menos, teníamos bastante gente por detrás.

El recorrido empieza por el asfalto de Port de Sóller, pero muy pronto empieza a ganar altitud a través de caminos en los que es casi imposible adelantar o ser adelantados.

Después de una subida no muy dura pero bastante larga, ha llegado lo que ya habíamos visto en el perfil: un descenso muy acusado hasta la localidad de Fornalutx, muy bonita por lo que nos ha dado tiempo a apreciar. Ya sabíamos lo que nos tocaba después de ese descenso… recuperarlo sin parar durante poco más de diez kilómetros, hasta el 18.

Un poco antes de Fornalutx, en el kilómetro 6, hemos parado en el primer avituallamiento. Allí hemos visto la referencia soriana que estábamos seguros de encontrar… toda el agua era de Montepinos.

Subiendo la Coma n’Arbona

Nada más salir del pueblo, hemos vuelto a ganar altura a través de un camino de cemento rodeado de espectaculares olivos centenarios. Como nos ha avisado uno de nuestros compañeros de competición, con el que más tiempo hemos ido juntos, en el kilómetro 12 empezaba el tramo de más cuesta, y a partir del 14 afrontaríamos la llamada Coma de n’Arbona, que ya podíamos ver casi desde Fornalutx.

En el 12, como estábamos avisados, hemos subido un tramo inclinadísimo y de terreno no muy bueno, en el que de vez en cuando no venía mal echar las manos al suelo o a las piedras. No ha durado muchos minutos. Finalizado ese tramo, un falso llano nos ha dejado en la carretera MA-10, que hemos seguido durante alrededor de un kilómetro.

Hemos abandonado la MA-10 allí, en el kilómetro 14 de la prueba, para iniciar ese ascenso de la preciosa Coma de n’Arbona. En ella nos hemos puesto todos en fila india, disfrutando de las bonitas vistas que íbamos dejando abajo… y sin ver nada de lo que nos esperaba por arriba.

Efectivamente, la lluvia que estaba prevista desde poco después del amanecer se ha retrasado algo más de dos horas, pero lo ha hecho a lo grande. Esta gran canal, uno de los cientos de atractivos con los que cuenta la Sierra de Tramuntana (Patrimonio de la Humanidad), termina en la carretera que une la MA-10 con el Puig Major.

Cuando estábamos a punto de llegar a esta carretera, ha empezado a llover. A los cinco minutos, la potencia de la caída del agua ya estaba descontrolada. Hemos llegado a la carretera. Empezaban a bajar algunos de los que ya habían coronado y nos íbamos cruzando con ellos. ¿Tan fácil era hacer trampa? No, ya que el único control de chip de toda la prueba se encontraba arriba del todo.

Fornalutx

Además, nuestro objetivo era precisamente ese: arriba del todo. Con toda la ropa y todo el cuerpo calados, hemos subido andando el final de esta carretera que solo se abre al público una vez al año, y solo desde el año pasado. Ese día era hoy, gracias a la carrera, y por eso lo teníamos marcado en nuestros calendarios desde hacía meses.

Como en las dos últimas semanas no había podido entrenar nada por otra cuestión viajera, ya había decidido el viernes nada más llegar a Mallorca que no iba a completar los 44 kilómetros, que me iba a retirar en la cima si la alcanzaba. No quería bajar hasta el kilómetro 24, donde estaba el siguiente avituallamiento, para no arriesgarme a querer seguir hasta el 30, y desde ahí ya total…

Así ha sido. Hemos subido hasta lo más alto de la carrera dejando un poco a la izquierda, unos metros más arriba, la gran bola que culmina la isla de Mallorca. Allí nos hemos hecho los tres la foto de cima, porque yo creo que ya está bien venir tres veces con el mismo objetivo. Después de unas breves dilucidaciones, Óscar ha decidido quedarse en ese kilómetro 18 de la carrera conmigo, mientras César optaba por seguir mojándose para intentar llegar a la meta, para la que faltaban 26 kilómetros a pesar de estar situada a solo unos metros de la salida.

Óscar y yo hemos hablado con el árbitro de la prueba para informarle de nuestra retirada. Como mandan las normas, y para que ya no se preocuparan por nosotros, le hemos dicho nuestros números de dorsal.

Y entonces ha llegado el último y más inesperado giro de los acontecimientos. Al decir que nos retirábamos, y después de cobijarnos un rato en una furgoneta de la empresa de cronometraje, nos han montado en una de las ambulancias. Por cuestión de tamaño, no podía dar la vuelta donde estaba, así que ha ido subiendo, subiendo, subiendo… hasta la misma cima, allanada por las explosiones controladas de los años 50 con las que los estadounidenses robaron algunos metros de altura al Puig Major para poder instalar su equipo de radares en plena Guerra Fría.

Sin querer, hemos subido todavía más alto de lo que soñábamos. Al edificio donde se encuentran los actuales radares no se puede acceder ni con el permiso, así que la 43 está más que conseguida. Lo que ha costado… A los dos minutos, al ver que estábamos bien, nos han cambiado de la ambulancia a un vehículo militar con el que hemos bajado varias personas hasta la base del acuartelamiento, en la misma MA-10.

Todavía jarreaba. Allí nos hemos calentado mientras hacíamos tiempo, más de una hora, hasta que otro vehículo nos ha podido acercar a varios corredores, de nuevo, hasta Port de Sóller. Entre el tiempo de arriba y, sobre todo, el de abajo, César ha llegado a la meta unos minutos antes que nosotros, así que no hemos podido ni aplaudirle ni fotografiarle. Ha tardado seis horas en cubrir los 44 kilómetros, pasando por lugares como el Barranco de Biniaraix que algún día habrá que visitar.

Cuando nos hemos juntado los tres en Port de Sóller ya no llovía desde hacía rato y, de hecho, pronto ha empezado a subir la temperatura para que el cambio de ropa, junto al coche, haya sido relajado y agradable.

Igual que sucedió con el Teide, hemos logrado llegar a la cima de la isla desde el mismo mar. Y, también por segunda vez en todo este reto, hoy hemos subido a la cima más baja que nos quedaba. La primera vez fue justo la anterior, la 42, la de La Coruña.

Ya solo quedan dos muescas del reto original. En teoría, deberían subirse antes de mediados de agosto, que es el plazo de cinco años que marqué cuando subí a O Mustallar de Lugo en 2013. Intentaremos que el resto de obligaciones y devociones nos permitan las dos escapadas restantes.

Punto de salida: Instalaciones de la Armada en el Port de Sóller.

Distancia: Nosotros hemos hecho 18 kilómetros.

Desnivel: Del nivel del mar a la cima hay casi 1.450 metros. Hay que sumar más de 200 que hemos bajado durante el camino. En total habrán superado los 1.700 metros positivos.

Cuánto se tarda: Nosotros, según la clasificación de la carrera, hemos tardado tres horas y diez minutos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Para hacer lo que hemos hecho nosotros, es suficiente inscribirse al Desafío Fuerzas Armadas y completar hasta el kilómetro 18. De otra manera, se puede intentar conseguir el permiso de ascenso, pero ahora no es fácil. Hay varias rutas que van fuera de las instalaciones militares, pero no llegan hasta lo más alto y pasan por terrenos privados en los que en teoría hay que pedir permiso.

La canción de Fernando: