Cima 62 de 68. Valencia. Mondúver. 843 metros. 2-9-2019

Después de la nutridísima expedición para subir a la cántabra Morra de Lechugales a principios del pasado mes de agosto, en la mañana de hoy lunes he completado en solitario la trilogía de las montañas levantinas que faltaban: Almería, Murcia y, ahora, Valencia.

Como avisé al término de la pasada crónica, la razón por la cual he bajado estos días a esta parte de España es, una vez más, el atletismo. Este fin de semana se ha celebrado en la localidad alicantina de La Nucía el Campeonato de España Absoluto. Nos hemos alojado en Calpe, a una media hora, así que he aprovechado el viaje para dejar el reto a tiro de seis.

Después del gran calor que un hombre del norte ha pasado en su estancia por aquí, no podía esperarme cómo se ha levantado la mañana en Calpe: lloviendo y fresca. Calpe está a una hora de mi objetivo de hoy, el Mondúver, pero no tenía mucha apariencia de que a esa distancia las cosas fueran a estar mucho mejor. Y eso que mi miedo de esta cumbre era hacerla con mucho calor, porque no iba a madrugar tanto esta mañana después de lo tarde que acabó ayer el Campeonato de Atletismo.

Foto cimera

Varios factores me habían ayudado a decidir que mi ascensión al Mondúver iba a ser lo más corta posible: el hecho de haber subido tres montañas en los últimos cuatro días (a los picos de Almería y Murcia sumamos el Peñón de Ifach en Calpe con Nacho y Raúl ayer domingo), las ganas de no regresar muy tarde a Soria, la existencia de una posible carretera hacia la cima, y lo que ya he comentado más veces, que este es un reto tan viajero como montañero y que no obliga a que las ascensiones tengan ningún mínimo de kilómetros o minutos. A todo ello se ha añadido esta mañana la lluvia, así que ahora me tocaba investigar cómo subir.

La cima del Mondúver está dentro del término municipal de Xeresa. De hecho, una ruta realmente montañera y bonita parte desde este pueblo para salvar un importante desnivel, impensable en una montaña de 843 metros. Parece estar bien señalizada, por lo menos en la parte que coincide con lo que he hecho yo este mediodía.

El Mondúver, como tantas cimas, tiene varias antenas, además de una caseta de vigilancia contra incendios, así que estaba claro que se podía subir en coche. Para esto es necesario salir desde la urbanización La Drova, dentro del término de Barx, todo ello dentro de la comarca valenciana de la Safor.

Según se va de Gandía a Barx, se pasa el puerto llamado también de La Drova y se llega a la urbanización. Está rodeada de montañas. Hay que meterse cerca del final de La Drova y girar a la derecha. De camino, le he preguntado a la única señora que me he encontrado. Me ha explicado que la vía sí está asfaltada pero que hay un momento en el que ya no está permitido pasar en coche.

La antigua senda

Callejeando un poco se termina llegando al comienzo de la ‘carretera’ que sube al Mondúver. Todavía voy en el coche y tengo que meter primera. En la web de ‘Altimetrías’ leo que en los cuatro kilómetros que hay entre la urbanización y la cima hay varios puntos por encima del 15% y alguno que alcanza el 23%.

Nada más que dejo La Drova, la carretera se vuelve más estrecha y arriba se ve todo nublado. Me temo que no voy a disfrutar de las privilegiadas vistas del Mediterráneo, situado a apenas siete kilómetros, algo que sí habría sido posible en cualquiera de los días anteriores. Esto me recuerda a subidas anteriores como el Pico del Lobo, La Tiñosa, el Iroite y quizás algún otro.

Además, llueve un poco todavía. Como me ha dicho la señora, a los dos kilómetros de ascenso aparece una señal de prohibido seguir circulando salvo a vehículos autorizados. No es mi caso. En ese punto, el firme también cambia, pasa de ser asfalto a cemento, y se estrecha todavía otro poco más si eso parece posible.

La ruta en bicicleta

Por todo ello, ni he dudado en aparcar en el pequeño ensanchamiento que hay allí. Sabía que iba a salir del coche sí o sí, pero me he hecho el remolón unos minutos por si dejaba de llover.

Al final, eran cuatro gotas que han desaparecido a los pocos minutos. El ascenso es por la carretera, si bien varias curvas pueden evitarse siguiendo la antigua senda de subida al Mondúver. Son breves tramos de pocos metros pero de un desnivel que no estará lejos del 30% y hoy, además, un poco resbaladizos. De subida he cogido todos estos atajos, tres.

Casi sin darme cuenta por culpa de la espesa niebla, me he encontrado de repente con las antenas y con un coche de algún trabajador de las mismas. No he coincidido con esa persona. Hay algunos carteles explicativos y unas escaleras que suben. A por ellas voy.

A su término, pocos segundos después, veo por fin el vértice geodésico y no mucho más. Es lo que toca. Me atrevo a decir que las vistas tienen que ser espectaculares: montañas, pueblos y el mar. Hoy, el bosque mediterráneo parecía un bosque tropical, porque la temperatura rondaba los 25 grados.

Ruta desde Xeresa

El camino de bajada lo he hecho por la carretera, unos dos kilómetros. Cuando estaba a punto de llegar al coche, me he encontrado con un ciclista que subía como podía metiendo riñones y plato pequeño. Y justo después de montarme en el coche me he encontrado con un corredor de montaña entrenando, también a un ritmo más bien sosegado.

Toda esta zona de Valencia me ha parecido preciosa, al lado de Gandía, en plena Ruta de los Monasterios y muy montuna. Como en tantos sitios me está pasando, me la apunto para, alguna vez, pasar en ella algunos días si es que cuadra.

Punto de salida: La pista asfaltada que sube de La Drova a la cima.

Distancia: Unos cuatro kilómetros desde donde se puede pasar en coche (contando ida y vuelta y redondeando por arriba).

Desnivel: No hay mucha distancia pero aprieta. Unos 200 metros positivos. Desde La Drova o desde Xeresa, bastantes más.

Cuánto se tarda: No estaba el día para pasar mucho rato en la cima. Me ha costado 50 minutos en total.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde pone una señal que no se puede pasar. Desde ahí, solo hay que subir la carretera. No hay desvíos, pero sí atajos bien señalizados para evitar algunas curvas.

Cima 61 de 68. Murcia. Carrascoy Occidental. 1.064 metros. 30-8-2019

La cima más prominente de Murcia tiene una característica que probablemente la convierta en única dentro de este reto: se encuentra en el término municipal de la capital de la provincia. Viendo las modestas pedanías de la zona y sus más modestos y desperdigados caseríos, bajo robustas montañas, no es fácil intuir que pertenecen al Ayuntamiento capitalino, el séptimo más poblado de España, con una gran riqueza de fauna, sobre todo de rapaces. Yo solo he visto gran cantidad de conejos y perdices, de los que ninguno ha querido posar.

Pero así es. La Sierra de Carrascoy, culminada por tres picos de similar altura (1.061, 1.062 y 1.064 metros), pertenece a Murcia capital y divide el término municipal en dos: al norte se encuentra la famosa Huerta de Murcia y al sur, el llamado Campo de Murcia, perteneciente a la comarca del Campo de Cartagena.

Yo he accedido por el sur, por este Campo de Murcia. Desde la ciudad se recorren unos cuantos kilómetros de autovía, se sale por Corvera y se llega después hasta la pequeña localidad de La Murta. Pero el núcleo principal de La Murta todavía está lejos del origen de la falda de la montaña.

Autofoto de cima

Por ello, he seguido con el coche a través de un camino local muy estrecho y asfaltado que atraviesa varias casas: Molinillo, Victoriana y de los Monreales. En esta última, o mejor dicho un par de centenares de metros antes, he aparcado.

Igual que ayer, he madrugado bastante, sobre todo para evitar el calor. He empezado a andar a las 7.40. La ruta de hoy se resume de una manera muy sencilla: un trozo de pista, un trozo de senda, otro de pista, otro de senda y uno último, por supuesto, de pista.

Como la noche la he pasado entre la habitación y el baño (quizás un batido de chocolate que tiré a la basura después del primer trago, quizás los sudores combinados con el aire del coche), esta mañana no estaba pletórico de fuerzas. Al menos, no me ha faltado la más importante, la de voluntad para despertarme y ver si tenía ganas de andar.

Así ha sido y, además, el dios de las montañas ha permitido que el papel higiénico no haya salido de la mochila en toda la ruta.

Al empezar a andar, la temperatura tan agradable y el desnivel todavía suave me han ido entonando. Como decía, al principio hay un trozo de pista de unos 400 metros. Entonces sale una senda a la izquierda, marcada por hitos, que atraviesa almendros y algún río seco antes de llegar al lugar llamado La Casica.

Aquí se coge el segundo tramo de pista, girando a la derecha. De esta pista salen algunos caminos a ambos lados pero hay que olvidarse de ellos, ya que se dirigen a otras casas de campo. De hecho, la pista por la que vamos llega un momento en el que desaparece y se transforma directamente en el segundo tramo de senda sin necesidad de desviarse, solo continuándola.

Amanecer

Esta parte es la más bonita de toda la ruta y la que más sentido le da. Durante algo menos de un kilómetro, la senda transcurre entre pinos y manteniendo siempre a la derecha un barranco. Se gana altura con rapidez, mientras se van dejando a ambos lados algunas montañas más aéreas y cerradas.

Cerca del final de esta subida, todavía en sombra, me he detenido a seguir reponiendo fuerzas con unos buenos tragos de agua fresca y unos buenos puñados de frutos secos.

Ya estoy casi en la parte final, en el tercer y último tramo de pista, que realmente es una carretera de muy mal asfalto para llegar a las tres cimas citadas al principio del texto. ¿Por qué hace falta una carretera? Porque en estos tres picos hay una gran cantidad de antenas que necesitan mantenimiento.

La mayoría de las rutas que pueden encontrarse en internet recorren las tres cimas. Ello implica pequeños alejamientos de la pista principal, nada grave, pero yo he preferido centrarme en el objetivo, el Carrascoy Occidental, el que todas las últimas mediciones confirman como el más alto, lo que no significa que pasado mañana no pueda adelantarle alguno de sus dos ‘rivales’, como tantas veces pasa en el mundo de la montaña.

De hecho, e igual que pasó ayer, el vértice geodésico está en el pico llamado Carrascoy, como el hermano pequeño de la gran cantidad de antenas que lo rodean. En el Occidental tampoco hay ninguna placa con el nombre ni nada especialmente significativo más allá de esas antenas.

Lagartija al sol

He optado por bajar por el mismo sitio. Si en la subida iba dejando el mar a mi espalda, ahora lo veía todo el rato de frente, aunque no muy claro por la obcecación del sol en salir siempre por el Mediterráneo.

Aun así, me ha dado oportunidad de ver una montaña solitaria en mitad de la nada, muy cerca del mar. Luego he comprobado que es el Cabezo Gordo, una mole de más de 300 metros rodeada solo por tierra plana y al nivel del mar. Me ha parecido muy curioso.

He hecho una segunda parada para comer y beber y, cuando me he querido dar cuenta, ya estaba de nuevo en La Casica: nuevo giro a la izquierda para coger la senda y última curva a la derecha para el tramo final de pista, el mismo por el que he empezado a caminar a las 7.40 de la mañana, cuando todavía el día estaba en verdad agradable.

Algunos os preguntaréis: “Con la de meses que tiene el año, ¿por qué elegir agosto para ir a Murcia (a subir montañas)”. La solución, en la cima 62.

Punto de salida: A 200 metros de la Casa de los Monreales.

Distancia: Con los atroches, me habrán salido algo más de 11.

Desnivel: El coche estaba a algo menos de 500 metros y se llega a 1.064. Además, el desnivel de avance en la ida es negativo dos o tres veces. Unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Me ha costado tres horas y veinte minutos de coche a coche.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde pone en el punto de salida. Ahí sale una pista y, a los 400 metros, coges la senda que sale a la izquierda. Termina en la construcción llamada La Casica. Ahí, giras a la derecha por la pista, que se termina transformando en senda y sube sin desvíos hasta las tres cimas de la Sierra de Carrascoy.

Cima 60 de 68. Almería. Morrón de la Lagunila. 2.247 metros. 29-8-2019

Recién bajo del Morrón de la Lagunilla.

Me refiero al también llamado Morrón de Mariné, el punto más prominente de la provincia de Almería y el lugar más elevado de la Sierra de Gádor, donde se encuentran los dosmiles más meridionales de toda Europa.

Viendo las lomas tan redondeadas de todas las principales alturas de esta sierra, cuesta imaginar que aquí se encuentran algunos de los desniveles más salvajes de España. A apenas 15 kilómetros se encuentra el mar Mediterráneo, más de 2.000 metros por debajo, separado por algunas elevaciones inferiores, varios pueblos, un par de carreteras y kilómetros y kilómetros cuadrados del plástico de los invernaderos.

Foto de cima

Hoy he madrugado bastante y, cuando ha terminado de levantar el sol, quedaba bastante calima, con lo que las vistas no eran malas pero habrá días en los que serán mejores. El mar, más que verlo, lo he intuido.

Las zonas más bajas de esta Sierra de Gádor, al menos las que yo he conocido esta mañana, sí son más agrestes, con grandes tajos y estrechos barrancos. Las zonas altas, sin embargo, son esas lomas suaves, sin apenas collados de separación entre una y otra, repletas de matorral bajo y de piedra suelta, por las que no se anda del todo mal ni tampoco del todo bien.

Considerando la distancia que hay entre Soria y Almería, así como para evitar las horas centrales del día de este mes de agosto, salí de casa antes de ayer martes por la tarde. Hice una parada en Madridejos para dormir y ayer antes de mediodía ya estaba en Canjáyar, una de las localidades más conocidas de la Alpujarra almeriense, donde he pernoctado.

La primera vez que planeé venir al Morrón de la Lagunilla, hace un año casi exacto, mi página montañera de referencia hablaba de una ruta de subida por su cara sur, con una aproximación en coche y una caminata un poco más largas.

Fondón a la ida

Por suerte, entonces no fui y, en este tiempo, Mendikat ha colgado otra posibilidad para subir al Morrón que es la que finalmente he hecho yo. Las cumbres más altas de esta sierra están muy alejadas de los pueblos, pero hay una red de pistas que permite llegar a ellas sin necesidad de hacer caminatas de muchas horas, como sucedería si no existieran esas pistas.

La que yo he cogido sale de la carretera A-348 a su paso por Fondón. En total, son 17 kilómetros, aptos para coches sin ningún problema. El único cruce está a ocho kilómetros, donde se encuentra la Fuente La Parra de fresquísima agua. No hay problema: se gira a la izquierda siguiendo la indicación de Mirador del Púlpito.

En este segundo tramo, después de nueve kilómetros, se llega a una curva a la izquierda. A la derecha se queda una pequeña construcción llamada La Corraliza. Ahí al lado he aparcado yo a los pocos minutos de amanecer, ya que el despertador en Canjáyar ha sonado a las 6.30. Ha merecido la pena.

Después de aparcar, la dirección que hay que seguir es obvia: hacia arriba. Es decir, hacia la derecha según avanzábamos. Una de las ventajas de este pico es que creo que va a ser el único del reto en el que es imposible salirse de las sendas o perder de vista los hitos, por la ausencia total de unas y otros.

El tramo inicial es en el que más desnivel se salva, alrededor de 300 metros en un kilómetro para llegar pronto a la cota 2.000. Al final de este tramo se encuentra el único punto de la ruta con un obstáculo, una pared de roca de unos diez metros que, aunque no parece imposible de atravesar, la lógica invita a girar a la derecha un par de minutos para salvarla y pasar por el Morrón de Balsa Bermeja.

Hecho este requiebro, estamos en la cresta, dejando siempre a la derecha el barranco de Cacín  y sin posibilidad de errores porque las montañas más altas las vemos siempre de frente y a la derecha.

Mar de plástico

Se sigue avanzando al frente, por tanto, y pronto llegamos a otro pico, la Punta de los Pájaros. Como decía, son cimas sin apenas prominencia, coronadas por pequeños castilletes rocosos desprovistos de importancia y con pequeños cubículos utilizados por los cazadores para ocultarse.

Tras esta Punta de los Pájaros, un nuevo paseo de unos minutos girando levemente a la izquierda lleva al tercer pico intermedio, sin nombre en mi mapa. Yo, para subir, me lo he saltado, pues lo que hace la cresta es girar después a la derecha, así que he decidido ir de frente para encontrarme de pronto con el Morrón de la Lagunilla.

El lugar más prominente de Almería se encuentra en una pradera más bien amplia y plana. En su centro hay uno de esos cubículos de caza. Ni una placa que indique dónde estamos ni ningún vértice geodésico, pues este se encuentra en uno de los morrones situado a unos pocos centenares de metros. Pero no hay duda. Primero y definitivo, porque lo dice el GPS. Segundo, porque las vistas lo dejan claro.

Me ha extrañado que justo en esta pradera cimera había miles de cagarrutas de cabras como las que he tenido la suerte de ver en uno de los picos anteriores.

Fondón a la vuelta

El track que llevaba ofrecía la posibilidad de regresar por otro camino algo más largo, pasando por ese morrón donde se ubica el vértice geodésico. Pero como este no es un reto de rutas circulares ni de vértices, sino de picos más altos y prominentes, me he quedado contento con esta nueva huella y he preferido volver al coche. Hacer la ruta circular creo que tampoco aporta grandes sobresaltos de paisaje o puntos de interés.

Para volver, ahora sí, he seguido tal cual la cresta. La parte que une los tres morrones intermedios es bastante andable. Sin embargo, desde que se ve el coche hasta que se llega finalmente a él, hay que ir teniendo cuidado porque la pendiente aumenta y los resbalones son muy habituales. No es peligroso pero sí bastante incómodo.

Tenía ganas de esta cima, sobre todo por conocer esta parte de España en la que nunca había estado, las Alpujarras de Almería, y porque me gusta visitar las grandes sierras no muy conocidas.

Ya solo quedan ocho en total, una en Andalucía. Volveremos al sur, pues.

Punto de salida: La Corraliza, a la que se llega después de 17 kilómetros por una pista que sale de Fondón.

Distancia: Calculo que siete kilómetros.

Desnivel: Se sale de 1.700 metros y se llega a 2.247. Los tres morrones intermedios apenas destacan de sus collados, pero se puede redondear hasta 600 metros positivos.

Cuánto se tarda: He estado dos horas y cuarto en total, con el mismo rato para subir que para bajar y unos minutos en la cima. Por supuesto, en todo este tiempo no he visto a nadie de nuestra especie.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales del coche y subes de frente, cortando en perpendicular la montaña. Salvas el resalte rocoso y sigues de frente de nuevo, dejando siempre a la derecha el barranco de Cacín. En pocos minutos coronas otros dos morrones antes de girar a la derecha para llegar al objetivo.

Cima 59 de 68. Cantabria. La Morra de Lechugales. 2.474 metros. 3-8-2019

Sábado soleado de agosto en Picos de Europa. A priori, suena a aglomeraciones de personas, como nos sucedió ayer en la Ruta del Cares. Pero los Picos de Europa son tan grandes, en los dos sentidos, como para que no tenga que ser necesariamente así.

La Morra de Lechugales, el lugar más prominente de Cantabria, va a ser uno de los hitos destacados de este reto. No era el plan inicial que se reuniera un grupo tan grande de personas para subir al pico más alto del Macizo Oriental de los Picos.

Y al final, sin embargo, 16 sorianos nos hemos acercado a esta zona limítrofe entre Cantabria y Asturias: Andrés, Ángel, Asier, Carlos, Chupi, Encarna, Evaristo, Félix, Germán, José 1 y 2, Mari, Nacho, Óscar, Sergio 1 y 2.

En cinco grupos diferentes, nos hemos acercado entre jueves y viernes a Puertas, en el concejo asturiano de Cabrales, nuestra base de operaciones cada vez que nos movemos por la zona.

Esta mañana hemos quedado a desayunar a las 8.00, salvo Félix, Nacho y Óscar, que se han ido a las 5.30 porque han decidido subir a la Morra desde la vertiente cántabra, a través de la empinada Canal de Lechugales, partiendo de la localidad de Tanarrio. La idea era juntarnos allí arriba, como así ha sucedido.

El resto de los expedicionarios hemos respetado el horario casi al milímetro: desayuno a las 8.00, salida de casa a las 8.30 y llegada al Jito de Escarandi tres cuartos de hora después. Tras no muchos más preparativos, hemos empezado a andar a las 9.35.

Las nubes que han cubierto todo el día los valles y las tierras bajas del Oriente asturiano han estado siempre por debajo de nosotros. Durante toda la excursión, lo único que hemos visto arriba ha sido el sol, un cielo azul ideal y cientos de piedras, neveros, cabras y montañas.

La ruta más habitual para la Morra de Lechugales sale de aquí, del Jito. Las demás, o son más largas o más técnicas o más empinadas, así que para un grupo amplio era conveniente limitar las probaturas.

En el Jito de Escarandi quizás hubiera una quincena de coches, pero en todas las horas que al final hemos pasado en el monte apenas hemos visto media docena de grupos a partir del Casetón de Ándara.

La primera parte de la ruta es la más sencilla de explicar y de seguir. Hay que salir desde el Jito de Escarandi por la pista forestal, apta para todoterrenos, que parte hacia ese Refugio-Casetón de Ándara. No hay desvíos ni pérdidas posibles.

Se nos vienen las cabras

En esta época del año, en el Casetón es posible tomar bocadillos, refrescos, café, cervezas y, lo más importante, agua, elemento que desaparece en su estado líquido a partir de este punto. Nosotros íbamos bien servidos, así que no hemos tenido que rellenar.

El track que hemos decidido seguir es uno de los más habituales, el que sigue un recorrido circular a partir de ese Casetón de Ándara. Sin ningún criterio definido, hemos optado por empezar a subir por la izquierda de ese track, en lo que parece la ascensión más natural hacia la Morra.

Esta ruta es la que, saliendo desde la misma puerta del Casetón y después de descender unos metros, gira bruscamente a la izquierda para empezar a ganar altitud a buen ritmo. Se pasa cerca de varias simas de profundidad desconocida, algunas de las cuales se encuentran valladas por seguridad.

Subir de este modo perpendicular la ladera permite llegar en media hora al pico Castillo de Grajal, que hay que dejar a la izquierda y no a la derecha como hemos hecho nosotros durante unos minutos, antes de regresar al camino que debíamos seguir. Ya vamos a estar todo el rato por encima de los 2.000 metros.

La subida continúa casi en línea recta y sin descanso hasta el llamado Collado del Mojón. Las vistas desde allí de toda la vertiente sur del cresterío son totalmente diferentes a las vistas de la cara norte: dos impresionantes canales, la de Arredondas y la ya nombrada de Lechugales, ayudan a salvar los más de 2.000 metros de desnivel que separan las mayores alturas del Macizo de Ándara de los prados del fondo del valle del Liébana.  

En este Collado del Mojón, la lógica de los mapas invitaría a seguir la cresta, pero la realidad del terreno exige lo contrario. Es preferible cruzar a la otra vertiente y perder un centenar de metros de altitud, para ir recuperándolos poco a poco antes de volver a la cresta. En esa bajada es donde nos hemos topado con un gran rebaño de cabras que han hecho el amago de venirse con nosotros atraídas por nuestra comida.

Paisaje rocoso de Picos

Todo este avance ya no es un alegre caminar, pero con tiento y paciencia se van sorteando los entretenidos bloques de piedra mientras se ganan metros, primero en dirección oeste y luego en dirección sur, dejando a la derecha la Pica del Jierru, una de las tres cumbres que superan los 2.400 metros en el Macizo Oriental de Picos.

Ya muy cerca del tramo final, y siguiendo en línea recta, se ven unos puntos rojos pintados en las piedras que indican el camino hacia una gran cumbre. El pensamiento primero es que se trata, al fin, de la Morra de Lechugales.

Pero no. Ese pico tan elevado es la Silla del Caballo Cimero, apenas diez metros más bajo que la Morra. Esta última, nuestro objetivo de hoy, nos ha obligado a desandar por segunda vez en la mañana unos pocos metros. Todo este tramo final transcurre por el límite entre las comunidades autónomas de Asturias y Cantabria. Hasta ahora, la ruta completa iba por tierras cántabras salvo el punto de salida, el Jito de Escarandi, que también es mojonero.

Reubicados en nuestra ruta, y después de una pequeña y sencilla trepada para llegar a la base de la Morra, toca afrontar el famoso paso final de la misma, aquel que desaconseja a algunos de los que llegan a la base hacerse una foto en la cima. Nosotros, de 16, hemos subido 14. 15 de 17 contando a la perra, Huni, que también ha subido por el otro lado con Félix, Nacho y Óscar, que han llegado al punto de reunión un rato antes que nosotros.

Ese paso final es una trepada de cuatro o cinco metros en la que habitualmente hay una cuerda, como así ha sido hoy. Con alguien con un poco de experiencia (más importante que la cuerda) y con la cuerda en sí, no es difícil superar este acceso a la cima. Desde el final de la cuerda hasta la cumbre hay un minuto de andada, cuyo premio en un día como hoy es una majestuosa vista de todo el Macizo Central de Picos de Europa, separado de nosotros por las asturianas Vegas de Sotres y por los cántabros Puertos de Áliva.

El descenso, finalmente, lo hemos hecho por la misma ruta. La circular supondría dejar ahora la Pica del Jierru de nuevo a la derecha.

Bajando a la Huni

La alegría de la coronación y el espléndido día han animado a varios de los 16 expedicionarios a bajar corriendo desde que el terreno lo ha permitido hasta los coches. Otros han decidido ir más tranquilos y premiarse con una parada en el Casetón de Ándara.

La ampliación del reto ha posibilitado esta populosa y veraniega ascensión a una cumbre espectacular y no muy conocida. A la vuelta hemos visitado Tresviso, el municipio cántabro incrustado en Asturias, antes de celebrar la jornada en Puertas.

Mañana por la mañana iremos de alguna manera a por el quinto coche a Tanarrio, antes de empezar a preparar las nueve últimas cimas.

Punto de salida: Jito de Escarandi.

Distancia: Hoy, 18 kilómetros.

Desnivel: Al final nos han salido 1.500 metros positivos.

Cuánto se tarda: Subir hemos subido todos juntos. Para bajar hemos hecho grupos. El último ha tardado ocho horas. Los primeros, alrededor de una hora y media menos, pero se han perdido la parada en el Casetón de Ándara.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde el Jito de Escarandi, sigue el track del que más te fíes. Hasta el Refugio-Casetón no hay misterio. Desde allí, hay que seguir por alguna de las sendas que suben, o bien casi de frente o bien ligeramente a la derecha. Nosotros hemos seguido por la que va más de frente hasta el Collado del Mojón, desde donde hay que ir poco a poco en dirección Suroeste, ganando altura por la cresta salvo en el tramo que parece preferible pasar a la otra vertiente. Al final, cuidado de no confundir la Silla del Caballo Cimero con nuestra Morra.

Cima 58 de 68. Palencia. El Cuchillón. 2.174 metros. 20-7-2019

Las dos grandes y más características montañas de Palencia, el Curavacas y el Espigüete, se quedan curiosamente fuera de este reto por una circunstancia: la cercanía del epicentro de la llamada Montaña Palentina con la provincia de Cantabria.

Así, el pico más alto de Palencia es el Peña Prieta Sur o Pico del Infierno, una antecima del Peña Prieta. Esta gran montaña cántabra, además, impide que los citados Curavacas y Espigüete lleguen a los 500 metros de prominencia… aunque no les resta ni un gramo de sus merecidas trascendencia y fama.

A poco más de 20 kilómetros en línea recta hacia el oriente, separando igualmente estas dos provincias de Palencia y Cantabria, se encuentra la Sierra de Peña Labra o Sierra de Híjar. Una cimbreada carretera asfaltada asciende desde la vertiente cántabra hasta poco más de los 2.000 metros, algo no muy frecuente.

En la cruz junto a la cima

¿Por qué? Probablemente, por dos razones. Por un lado, porque en esta carretera se encuentra Brañavieja o, lo que es casi lo mismo, la estación de esquí de Alto Campoo. Brañavieja está a poco más de 1.600 metros.

¿Qué justifica que la carretera continúe hasta los 2.008 metros de la Fuente del Chivo en verano, ya que en invierno esta carretera queda cubierta por la nieve de las pistas de la estación?

El emblemático Tres Mares

A poco más de 20 minutos a pie desde esta Fuente del Chivo está el Pico Tres Mares, un lugar emblemático y un nombre completamente descriptivo ya que en este punto situado a 2.171 metros se unen las cuencas hidrográficas que dan a los tres mares que bañan España: el Cantábrico, el Atlántico y el Mediterráneo.

Y, sin embargo, tampoco el Tres Mares era nuestro objetivo de hoy, ya que por apenas tres metros no es el punto cimero de la Sierra de Peña Labra.

La montaña más alta de esta zona es El Cuchillón, y allí hemos puesto nuestras botas Nacho y yo en una de las pocas ascensiones vespertinas de este reto. Ya van 58 y quedan 10.

Tú me sobrevuelas

No era la idea original subir por la tarde. En realidad, tampoco había una idea original muy definida. A las 8.00 de la mañana hemos salido de Soria capital los dos citados junto a Pachu y Raquel, en coche único. También ha venido la Huni, la perra que no debuta en este reto.

De camino hacia nuestro campo base, Reinosa, hemos parado también en San Leonardo, en Barbadillo del Mercado y en Aguilar de Campoo. Además, hemos preferido dejar todas las cosas en nuestro hotel lo primero. Por todo ello, y como no hacía mucho calor, hemos decidido comer en Reinosa y subir después al Cuchillón cuanto antes, porque las previsiones del tiempo empeoraban según avanzaba el día.

Nada más comer, un viaje en coche de unos 40 minutos nos ha llevado hasta la Fuente del Chivo. Allí, Pachu y Raquel se han quedado vigilando el vehículo y disfrutando de la botánica de la zona, mientras Nacho y yo nos hemos echado a andar junto a la Huni y junto a una compañera no programada: una espesísima niebla.

Nacho se ha conseguido descargar el mapa de la zona, lo que en algunos tramos de la caminata ha resultado de gran ayuda junto al GPS.

El trayecto entre la Fuente del Chivo y el Cuchillón se divide en dos partes muy sencillas de diferenciar. Primero se asciende por una pista hasta casi el Tres Mares. Esta pista es apta para vehículos, pero está prohibido circular en ella, prohibición que no todo el mundo respeta como hemos comprobado.

En la antecima

En poco más de tres cuartos de hora hemos llegado a una cruz que, en un primer pensamiento rápido, se asocia con la cumbre del Tres Mares. Pero no, realmente es una antecima situada al sureste. El Tres Mares auténtico se vislumbra a apenas unos pocos metros, quizás a cinco minutos a pie, un gran triángulo con un lado completamente vertical, otro formando unos 45 grados y otro oculto entre la gran ladera.

Las vistas desde el Tres Mares SE, el que sí hemos hollado, son impresionantes: a la derecha, el Tres Mares verdadero; de frente, un gran mar de nubes y muy al fondo las moles de los Picos de Europa; en algún lugar a la izquierda, el Cuchillón; detrás de nosotros, todavía la niebla.

Al ver la cúspide del Cuchillón a la izquierda, pero al no poder distinguir por la niebla el que debía ser nuestro camino, hemos seguido ese rumbo, hasta que muy pronto nos hemos dado cuenta de que no era por ahí: un inmenso acantilado cortaba nuestro paso. Esta es la segunda parte del trayecto.

Un error de cálculo en el regreso

El mapa nos lo ha mostrado con claridad: no se puede ir en línea recta, sino que es necesario descender unos metros por una arista antes de subir de nuevo por otra. El problema es que la unión de ambas aristas, por lo que hemos visto hoy, ofrece un único punto ‘débil’.

En otras condiciones, lo habríamos encontrado con mayor facilidad. Hoy, por la niebla, nos hemos despistado del hito que marca ese punto de paso. Cuando hemos pensado que ya habíamos bajado en exceso, un nuevo vistazo al móvil nos lo ha corroborado.

Vuelta para atrás, hacia arriba, y ahora sí, en apenas dos minutos, y justo cuando hemos visto a otros tres montañeros que también iban hacia el Cuchillón, hemos encontrado el hito que marca con claridad el paso. Por lo que nos ha parecido hoy, más arriba o más abajo solo hay cortados imposibles de atravesar.

Una vez encaminados correctamente, solo toca andar por esa gran arista, dejando siempre a la derecha la provincia de Palencia, la comarca y municipio de La Pernía, y a la izquierda las pistas de la estación de esquí.

Pachu y Raquel

En todo este tramo hemos tenido poca niebla, así que no nos ha costado dirigirnos hacia nuestro objetivo con buen paso. Llega un momento en el que la senda sube hacia la izquierda, y nosotros con ella. Hay que andar sobre piedras, fácil, para coronar primero una antecima sin nombre de 2.151 metros y después, por fin, los 2.174 del Cuchillón, donde es posible fotografiarse junto a otra cruz (aunque tampoco es justo el punto más alto) y volver a disfrutar de las vistas de la parte palentina de la sierra.

Como nos esperaban, no hemos demorado mucho la vuelta. El regreso ha sido idéntico hasta el lugar de paso entre las dos aristas. Una vez en él, en vez de volver al Tres Mares, hemos seguido de frente.

De esta manera se sale directamente a la pista que, en cuatro zancadas, nos ha dejado de nuevo en la Fuente del Chivo. Este camino es unos minutos más corto, pero una vez que se visita esta zona merece la pena acercarse al Tres Mares.

Una vez reagrupados los equipos de aproximación y cima, la expedición completa ha deshecho el camino recorrido en vehículo hasta Reinosa, con una sola parada: el nacimiento del Ebro en Fontibre. Antes de visitar los lugares de España más remotos, es necesario conocer los ‘obligatorios’.

Punto de salida: La Fuente del Chivo.

Distancia: Nos habrán salido unos siete kilómetros.

Desnivel: Hoy, alrededor de 500 metros positivos entre la ida (Tres Mares, Cuchillón) y la vuelta (algo más de media subida al Tres Mares).

Cuánto se tarda: Hemos empleado dos horas y diez minutos, una hora y cuarto ha sido de ida y unos 50 minutos de vuelta.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde la Fuente del Chivo, sigues por la pista que sube. Si no quieres llegar al Tres Mares, estate atento a una senda que sale a la izquierda. Esa senda sirve para unir las dos aristas por su único punto atravesable. Cuando llegas a la segunda arista, la sigues sin problemas hasta el Cuchillón, recordando que primero se pasa una antecima y que la cruz no está arriba del todo.

Cima 57 de 68. Valladolid. Pozuelo. 866 metros. 8-5-2019

La provincia de Valladolid es una inmensa paramera, una especie de gran tierra llana sin apenas elevaciones, inclinada levemente hacia la izquierda para permitir que el río Duero siga su recorrido y desagüe bastantes kilómetros después en el Atlántico, en tierras portuguesas. Por ello, los puntos más altos se encuentran en tierras orientales, puntos sin apenas prominencia por encontrarse muy cerca del límite de las provincias de Burgos y Segovia.

¿Cuál es entonces el lugar más prominente de Valladolid? Como es sabido, las montañas ‘crecen’ y ‘decrecen’ con el paso del tiempo, según cambian las percepciones, los sistemas de medición o los criterios de altitud.

Por tanto, si ya existen problemas para determinar lo que mide una montaña, mucho más difícil es averiguar su prominencia. Y más, curiosamente, en territorios como el vallisoletano, donde cuesta encontrar los puntos referentes.

Si se le sigue dando a este concepto la importancia que cada vez más se le atribuye, los avances tecnológicos se emplearán en conocer la prominencia de cualquier punto que la tenga distinta de cero, y es muy probable que el listado que ahora mismo estoy siguiendo experimente algunos cambios, como ya los experimentó el listado de montañas más altas de cada provincia que se manejaba hace 20 años.

En la ‘cima’

Dicho lo cual, siguiendo a Mendikat, el lugar creado por la naturaleza y sin intervención del hombre más prominente de la provincia de Valladolid es el que los mapas llaman Pozuelo. Se encuentra en la sierra-meseta situada justo encima de las localidades de Pedrajas de San Esteban e Íscar, tierras famosas por sus pinos piñoneros. En esa misma meseta se encuentra el castillo de Íscar, cuya Torre del Homenaje mide 30 metros y se eleva 878 metros por encima del nivel del mar, 12 más que el llamado Pozuelo.

Para llegar a estos puntos no muy indicados y en los que lo normal es que no veamos a nadie, lo que mejor me funciona es la aplicación Mapas de España, la versión gratuita del Orux Maps. Esa aplicación utiliza los mapas del Instituto Geográfico Nacional y, según ellos, en esta meseta hay numerosos puntos por encima de 850 metros y varios por encima de 860. Dos de ellos, siempre según el IGN, miden 866.

Como están separados por unos pocos metros y como es muy fácil llegar a ellos en coche (fácil con la aplicación), este mediodía he estado visitando los dos.

Para llegar hasta aquí, he realizado un intenso viaje desde Vigo, donde he dormido, con algunas paradas para conocer Medina del Campo y Olmedo, situadas cerca de Íscar.

Nada más llegar aquí, he aparcado y he visto que lo que tenía que hacer era dirigirme hacia el castillo. En cinco minutos o menos se llega al alto de la meseta, después de salvar un centenar de metros de desnivel en cuatro curvas.

Según subía, me he encontrado con una persona corriendo por montaña con su perro. No son largos desniveles, pero al haber muchos caminos de subida y de bajada sí pueden salir entrenamientos entretenidos. Y si quieres llano, tienes toda la gran meseta.

Al llegar arriba, en vez de girar a la izquierda hacia el castillo, se abandona el asfalto y es necesario seguir de frente y adentrarse en los caminos agrícolas. Hay muchos y son aptos para cualquier coche. No merece la pena buscar con la mirada lo que parezca una elevación, pues estas no existen.

Además, en cualquier lugar hay apilamientos de piedras, que son las que se han ido quitando al terreno antes de plantar los cereales en él, y es fácil confundir esos apilamientos con ‘falsos’ vértices geodésicos, como pasaba en el Cuchillejos y en otros hitos de este reto.

En el primer punto

Es más sensato, una vez en la meseta, coger el móvil con Mapas de España y buscar esos dos puntos de 866 metros. Para llegar a uno de ellos, hay que meterse unos 60 metros en un campo de labor. Nada hace intuir que ese punto es más alto que cualquiera de los de alrededor.

El segundo, el que se encuentra más cerca de Pedrajas de San Esteban, introduce una pequeña novedad. Se encuentra justo al lado de otro de los caminos y en él también hay muchas piedras apiladas, pero me han parecido de mayor tamaño y puestas con mayor criterio que las de otras montoneras de la meseta. Allí es donde me he retratado corriendo contra el automático de la cámara.

Me dicen en un bar de Íscar que no saben cuál es el punto más alto de su sierra y que estas piedras que les enseño en fotos no significan nada. Ellos tampoco le llaman Pozuelo a ningún lugar de sus montes.

Me da igual. He disfrutado muchísimo con la búsqueda de estos dos puntos, con los intentos para hacerme la foto en el segundo de ellos, con el fortísimo viento que movía las hierbas y los pinos, y con el pensamiento de que dentro de algunos años este no será el lugar más prominente de la provincia de Valladolid.

Punto de salida: Se puede subir en coche desde Pedrajas de San Esteban o desde Íscar.

Distancia: Para el primer punto, 60 metros. Para el segundo, nada.

Desnivel: Ninguno.

Cuánto se tarda: De Íscar a Íscar, por incluir el tramo del coche, media hora o algo menos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde Íscar, subes en coche hacia su castillo. Arriba del todo hay una fuerte curva a la izquierda. Dejas en ese momento el asfalto y sigues de frente. Para encontrar los dos puntos hay que ayudarse del GPS. El primero está en el primer cruce a la izquierda, y luego andando unos metros a la derecha El segundo, más notorio gracias al bloque de piedras, está junto a un camino después de girar de nuevo a derecha y a izquierda.

Cima 56 de 68. La Coruña. Iroite. 687 metros. 7-5-2019

El pedazo de tierra comprendido entre las rías de Arosa por el sur y la de Muros-Noya por el norte es la llamada península del Barbanza, situada de pleno en la provincia de La Coruña. La comarca es conocida como El Barbanza (O Barbanza), si bien oficial y administrativamente se divide entre los municipios bañados por cada una de las dos rías.

Tiene cierta lógica, ya que la península está partida en dos por un eje longitudinal: la sierra del mismo nombre, del Barbanza. Sus alturas están muy lejos de ser espectaculares, pues no llega a los 700 metros, pero teniendo en cuenta la escasa montaña con la que cuenta la provincia de La Coruña, esta sierra puede considerarse uno de sus terrenos más montunos.

De hecho, si hoy he venido aquí es porque se estima que en este lugar se encuentra el punto más prominente de La Coruña, el Iroite, con 687 metros de altura y 550 de prominencia. Cuando haga el pico (punto) más prominente de Valladolid me extenderé en alguna explicación, ahora de momento me limito a contar lo que ha sucedido hoy.

La bola cimera

Y hoy ha empezado con un fuerte madrugón en Vigo, donde me alojo estos días por culpa del Numancia Juvenil, que se ha clasificado por primera vez en su historia para la Copa de Campeones de la categoría. Ayer le eliminó el Villarreal en cuartos.

Como he salido pronto, también pronto he llegado a Boiro, ya en La Coruña y ya a los pies de la Sierra del Barbanza. El camarero del bar donde he almorzado, bastante montañero por cómo hablaba sin yo decirle mis intenciones, me ha recomendado que fuera mejor a los sitios de montaña del Barbanza, para él más bonitos que los de playa.

Entonces es cuando le he dicho mi plan, subir al Iroite, pero que prefería esperar un poco porque no tenía prisa y porque la montaña se veía totalmente cubierta de nubes. El camarero se ha asomado a la calle, y ha convenido en que era mejor hacer algo de tiempo a ver si levantaba el día.

Por esa razón, he visitado antes lo que quería visitar después, la Gran Duna de Corrubedo, la mayor duna de todo el norte de España. No hacía frío pero sí bastante viento. La duna, de hasta 20 metros de altura, en teoría solo puede verse, pues está prohibido salirse de las pasarelas de todo este espacio natural. Decenas de pisadas demuestran que a pocos intimidan las multas de hasta 6.000 euros que se imponen desde que en 2006 se decretó la prohibición.

Por seguir haciendo un poco de tiempo, he entrado en Ribeira (Riveira) y Puebla del Caramiñal (A Pobra do Caramiñal, cuyas piscinas naturales del río Pedras algún día visitaré). El día seguía con nubes arriba, así que ya he decidido lanzarme.

Dejando hacer al automática de la cámara

El Iroite, este techo del Barbanza, se encuentra al menos en dos epígrafes de todo este gran reto de las 68 cimas: cima a la que se puede llegar en coche y cima para la cual hay que pedir permiso por encontrarse dentro de un terreno militar. Esto último me sorprendió cuando lo descubrí hace algunas semanas, preparando el viaje.

Pudiéndose subir en coche… en coche he subido. La cima tiene carretera por los dos lados, pero yo he subido las dos veces por el mismo, desde Boiro. No hay más misterio que poner el GPS o el Google Maps y seguir las indicaciones. Primero se pasa un bosque de eucaliptos y después otro de pinos.

Esta cara sur es menos agreste que la norte, desde donde la distancia con el mar es de menos de tres kilómetros.

Cuando se llega arriba del todo se empiezan a ver numerosas vallas. Como decía, es terreno militar y, más concretamente, otro Escuadrón de Vigilancia Aérea del Ejército del Aire, el 10, el tercero que me encuentro en este proyecto junto a los de Islas Baleares y Alicante.

Como en esos dos, una gran bola corona el interior del recinto. Esta vez ni me he molestado en pedir permiso. La cima es una gran explanada, así que no sé exactamente cuál será el punto más alto. Para darle la vuelta completa al recinto, algo que no llevaría mucho tiempo, también hay que sortear algunas vallas de propiedades privadas.

No he visto a nadie en el EVA, ni siquiera en la puerta de entrada, a pesar de que dentro había alrededor de una veintena o más de coches.

No sé si por restricciones militares o de mi compañía telefónica, allí no andaba bien de internet, lo que me ha extrañado. Por esa razón no he podido ver entonces que el vértice geodésico parece que está dentro del recinto, pero justo en su límite, y al otro lado de donde se llega en coche. Por esa razón, para la próxima, miraré esos pequeños detalles con antelación.

Las vistas… igual, tendrán que esperar para la próxima vez, y eso que por lo que he oído en la radio he podido hasta he podido tener suerte porque se esperan un tiempo más revoltoso para los próximos días, con lluvia y mucho viento.

De lo que son las 50 provincias, este monte Iroite es el punto más bajo que tengo que visitar, y visitado está. Como casi todas estas zonas a las que voy un poco de pasada, creo que aquí merece la pena pasar unos días, sobre todo en verano.

El mar y la montaña se pueden compatibilizar no ya en el mismo día, sino en un rato: un paseo por cualquier lugar de la Sierra del Barbanza y un posterior baño en cualquiera de las numerosas playas de la zona que hoy mismo han conocido que mantendrán su bandera azul para el inminente verano de 2019.

Punto de salida: El mismo que el de llegada, aunque se puede intentar dar un paseo de unos minutos alrededor .

Distancia: Testimonial.

Desnivel: El mismo que la distancia.

Cuánto se tarda: El rato que estés en la cima disfrutando de las vistas cuando se pueda

Explícame cómo se sube sin literatura: La carretera a la Sierra de Barbanza sube desde Boiro. Una vez que se coge, ya no hay desvíos hasta la gran explanada cimera.

Cima 55 de 68. Huelva. Cerro del Castaño. 960 metros. 15-2-2019

Aquí seguimos, ensanchando la historia del alpinismo español y universal, reescribiéndola con letras doradas. El escenario de nuestras hazañas de hoy ha sido el Cerro del Castaño, a menos de 1.000 metros sobre el nivel del mar y de poco más de 200 de desnivel, salvados en un caluroso viernes de febrero.

He leído que, durante algún tiempo, este Cerro del Castaño fue considerado el lugar más alto de la provincia de Huelva. Ya nadie duda de que ese honor le corresponde al Bonales Occidental, situado también al norte de la provincia, pero fuera de la sierra de Aracena. Este Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es el lugar más conocido de las montañas de Huelva, una provincia cuya riqueza natural está entre las punteras de España. El siguiente reto quizás esté relacionado con los Parques Nacionales…

Cima

Como sucede en varias montañas de esta aventura, requieren más relato las motivaciones y la aproximación que el ascenso en sí.

¿Hemos venido ex profeso a este lugar situado a 800 kilómetros de nuestra casa? Claramente, no. Estamos preparados para pasar un fin de semana en Sevilla, donde mañana sábado nos reunimos 150 sorianos para comer y donde el domingo muchos de ellos corren la maratón, entre ellos nada menos que Fermín Cacho y Abel Antón, a quienes se va a rendir homenaje.

Como el día de hoy iba a ser largo, hemos decidido acortarlo quedando a las seis de la mañana, hora a la cual me han recogido en mi casa Alfonso, Eduardo, Elisa e Izana. Soy el único que no empieza por vocal. Tras un poco de atasco en Madrid, la primera de las dos paradas ha sido nada más cruzar la provincia de Toledo. La segunda, unos cuantos kilómetros después, ha sido en las cercanías de Mérida, pues hemos bajado por la A-5 y, después, por la autovía de la Ruta de la Plata.

La tercera parada ha sido la última antes de emprender la ascensión. Ha sido en Castaño del Robledo, el pueblo más alto de Huelva, su segundo municipio menos poblado y uno de los más bonitos según hemos podido comprobar a través de nuestros ojos y a través de los recortes de periódico colgados en el bar donde hemos parado a comer.

Hemos llegado alrededor de las dos de la tarde, una buena hora para comer un bocadillo y tomar algo en la terraza del bar. Todo ello ha sucedido en manga corta, algo bastante impensable en las latitudes donde habitamos.

Cuidando el ganado

Hemos decidido comer antes de subir porque teníamos hambre y porque tampoco nos esperaba una comida opípara. Alrededor de las 15.30 hemos empezado a andar.

Castaño del Robledo tiene un par de plazas. Hemos aparcado en la de abajo porque es la primera que hemos visto. Desde allí se andan un par de centenares de metros hasta la parte alta del pueblo, donde está la segunda plaza, con algunos bares y restaurantes.

Para subir al Cerro del Castaño hay que seguir hacia arriba por la calle de la derecha. Sobra decir que, en general, no hay mucha pérdida, y menos si se lleva grabada la ruta en track como intento hacer desde hace ya bastante: es casi imposible ir a algún lugar en España y que no haya ido alguien antes, lo haya grabado y lo haya subido a Wikiloc.

Subiendo esta calle, se llega a una señal de camino cortado. Nosotros, al igual que los vehículos, hacemos caso a esa señal y giramos a la derecha. Pronto encontramos una ruta marcada de 5,5 kilómetros que da la vuelta a todo este Cerro del Castaño.

Pero nosotros no queremos rodearlo sino pisarlo. Por eso, seguimos tal cual esta ruta circular y, cuando llevamos un poco menos de dos kilómetros, en vez de seguir de frente giramos a la izquierda. Es una de las pocas cancillas que encontramos entre tanto terreno vallado. De hecho, la ruta de ascenso sería mucho más corta de no existir todas estas tierras que es necesario respetar.

Castaños centenarios

Hasta esa puerta, el camino apenas asciende. Es más, hay algunos breves momentos de bajada que nos hacen dudar de que todo vaya bien. Pero no hay problema. En realidad, casi la totalidad del desnivel se salva cuando se abandona esa ruta circular y se gira a la izquierda para cruzar la valla.

A partir de ahí empieza el ascenso de verdad, entre antiquísimos castaños a los que el invierno no ha dejado ni una sola hoja. Parece que no es época, pero en el suelo hay miles de castañas, algunas de las cuales ya no se encuentran en la provincia de Huelva.

Ese ascenso dura unos 15 minutos. Se llega a un pequeño collado en el cual es necesario girar de nuevo a la izquierda. Dejamos los castaños y pasamos a un pequeño bosque de robles, no tan viejos como los castaños pero que ya van cogiendo altura. Entre estas dos grandes especies vegetales que dan nombre al municipio se encuentran también algunos pinos, menos numerosos.

Se atraviesa este robledal y, en apenas cinco minutos, aparece el vértice geodésico, que destaca menos que muchos de sus hermanos al estar oculto entre tanta vegetación, que también esconde parte de las vistas que se disfrutarían en caso de no existir los árboles. Aun así, el paseo es muy recomendable por todo este paisaje típico de las zonas de media montaña del sur del país.

El regreso lo hemos hecho por el mismo camino, salvo un pequeño atroche que hemos intentado y que no nos ha salido bien por la espesísima vegetación. Dar la vuelta han sido otros pocos minutos, nada grave.

En breve hemos visto de nuevo nuestro coche, el mismo que nos ha traído hasta Sevilla, donde ahora nos encontramos para completar un fin de semana de montaña, atletismo, sol de invierno y Andalucía.

Punto de salida: Castaño del Robledo.

Distancia: Son 4,5 kilómetros, quizás un poco más.

Desnivel: Se sale de 730 metros y se llega a 960. Las pequeñas bajadas de las que he hablado en la crónica son demasiado minúsculas.

Cuánto se tarda: En poco más de una hora se puede subir, bajar, hacer fotos, coger castañas y disfrutar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Llegas a la parte alta de Castaño del Robledo. Un camino a la derecha es el comienzo de la ruta que rodea el Cerro del Castaño. Antes de la mitad de esa ruta, hay una puerta en el gran vallado. Se atraviesa y se sube sin descanso hasta llegar al collado. La cima queda a la izquierda, oculta entre robles, a unos cinco minutos.

Cima 54 de 68. Tarragona. La Creu de Santos. 942 metros. 26-01-2019

La cima más prominente de la provincia de Tarragona no hace honor a su altura. La Creu de Santos apenas tiene 942 metros sobre el nivel del mar, un mar Mediterráneo que se encuentra a unos pocos kilómetros, hasta el punto de que el Delta del Ebro se distingue a la perfección bajo nuestros pies una vez que se corona la cima.

Esos 942 metros de la Creu de Santos convierten a este pico en el más alto de la Sierra de Cardó. Como sucede en toda esta zona de la provincia de Tarragona, se trata de una sierra repleta de pequeñas cumbres y crestas, separadas en muchos casos por verticalísimos riscos.

En la cima

¿Cómo es posible que con 942 metros, en una provincia tan montañosa como esta, la Creu de Santos sea el lugar tarraconense de mayor prominencia? La respuesta está en parte en lo comentado al principio: a un lado de la Sierra de Cardó se encuentra el mar, mientras que al otro, muy abajo, se encuentra el río Ebro. Por ello, aunque las alturas no sean espectaculares, sí que lo es la morfología de toda esta zona, incluso desde el acercamiento en coche.

Anoche dormimos en Benifallet, a orillas del Ebro, Esther, Juan Luis, Óscar (que sustituye a César respecto a ayer y que me ha acompañado en las siete cimas catalanas) y yo. Como nos sucedió cuando subimos al Mont Caro, hemos elegido para subir a la Creu de Santos justo el día anterior a una carrera de montaña. Mañana domingo se celebra la décima edición de Lo Pastisset, una prueba con salida y meta en Benifallet, y que entre sus 30 kilómetros de recorrido incluye el ascenso hasta esta Creu de Santos. Ayer, en el pueblo, todo el mundo se pensaba que veníamos a la carrera. Quizás el año que viene participemos en la undécima edición…

Como nos hemos alojado en una casa rural, esta mañana nos hemos acercado a la panadería del pueblo para comprar el desayuno. Después del mismo, nos hemos dado un breve paseo por toda la orilla del Ebro a su paso por Benifallet. Si hubiéramos venido entre abril y octubre, habríamos podido dar una vuelta en el barco turístico que hace un recorrido por el río.

Balneario de Cardó

Ha sido nuestro último contacto con el pueblo, después de haber visitado ayer también Arnes y Horta de San Joan. Desde Benifallet se emplea alrededor de media hora en llegar hasta el Balneario de Cardó, nuestro punto de partida de hoy. La única carretera asfaltada para llegar hasta este lugar parte de Rasquera. Solo este recorrido ya merece la pena.

El Balneario de Cardó, abierto en 1886 y cerrado al público en 1967, se encuentra encima de uno de esos verticales riscos tan habituales en esta zona.

Se aparca en el mismo balneario. Justo allí sale una pista, todavía transitable en coche, por la que hay que andar 200 metros. Surge entonces una senda a la izquierda y, a partir de ahí, no hay más misterio: hay que seguir esta estrecha senda hasta arriba durante algo menos de tres kilómetros, y llegaremos a nuestro destino.

A ambos lados de esta senda, siempre señalizados, salen algunos otros caminos que llevan a varias de las ermitas que forman parte de todo este eremitorio del Valle de Cardó. A la bajada, de hecho, hemos entrado a la de San Simeón. No es casual que esté dedicada a este santo: se llama también Ermita de la Columna porque se encuentra encima de una grandísima y puntiaguda roca, al estilo de las de Meteora en Grecia.

Mirando el paisaje

Pero eso ha sido a la bajada. La subida la hemos comenzado alrededor de las 11.00 de la mañana, de nuevo con un gran día y una temperatura muy agradable, igual que ayer. La senda es como tiene que ser, repleta de zetas para ir salvando los grandes acantilados del terreno. Ello permite que el desnivel no sea muy exagerado, salvo en un par de tramos no muy largos.

Durante todo el trayecto, una frondosa vegetación rodea nuestro avance. Aunque prefiero venir ahora, no es descartable que en verano también sea agradable visitar esta zona del Valle de Cardó. Entre la subida y la bajada, apenas nos hemos encontrado a una decena de personas en cuatro grupos.

Mientras subimos, vamos viendo las agujas y las crestas que parecen elevadísimas, pero que poco a poco se van quedando abajo. De pronto, y superado el único punto del camino en el que conviene echar las manos a las piedras para subir, llegamos a un amplio collado en el que nos damos cuenta de que ya estamos casi arriba. Desde este collado se ve la depresión del Ebro y se empieza a divisar el Mediterráneo.

Ermita de San Simeón

Ahora solo nos queda girar por última vez a la izquierda. Pronto vemos nuestro doble objetivo, la doble cima de la Creu de Santos. En una de ellas se encuentra el vértice geodésico, una pequeña cruz y un belén hecho a base de ferretería. En la antecima, otra cruz de gran tamaño. Ambos puntos se encuentran casi a la misma altura, y separados por apenas medio centenar de metros.

Las fotos de rigor en el punto más alto de nuestro recorrido son lo último que hacemos antes de emprender la bajada. Hay algunas posibilidades de hacer la ruta circular, y de hecho vienen marcadas en los cruces que nos encontramos. Nosotros hemos optado por hacer la bajada por el mismo lugar que la subida.

Nuestro coche estaba donde lo hemos dejado, en el viejo balneario levantado sobre el todavía más antiguo monasterio carmelita. Aquellos hombres de hace siglos buscaban básicamente lo mismo que nosotros hoy en el escondido y atractivo Valle de Cardó.

Punto de salida: El Balneario de Cardó.

Distancia: La ruta que hemos seguido tiene seis kilómetros clavados de ida y vuelta.

Desnivel: Se sale de algo más de 450 metros y se llega a 942. Apenas hay una sola bajada en todo el trayecto de ida, así que unos 1.000 metros acumulados en total.

Cuánto se tarda: Hemos tardado tres horas entre subir y bajar, pasando un amplio rato en la cima aprovechando que se estaba tan a gusto.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en el Balneario de Cardó. Sigues la pista forestal que sale a la izquierda y, a los 200 metros, donde hay una cadena, sigues esa senda. Aunque hay algunos desvíos, la senda principal termina arriba del todo. En los cruces, en cualquier caso, hay buenas indicaciones con los destinos de cada camino.

Cima 53 de 68. Castellón. Tossal de Saragossa. 1.082 metros. 25-1-2019

Segunda historia médica que cuento en este blog, y ojalá que la última. Aquí va muy resumida: El 16 de noviembre, hace un par de meses, un motorista me dio un golpe por la espalda en Medellín (Colombia). Como consecuencia de ese golpe, con el que no tenía intención de robarme ni de nada que yo sepa, me salió un hemotórax.

Ese hemotórax me impidió regresar a España en mi fecha, para evitar un posible neumotórax. Además, a mi regreso a Soria, tenía la espalda muy dolorida y estuve otras tres o cuatro semanas sin poder hacer ejercicio. Ello me impidió sumar una nueva cima en Navidades como teníamos previsto hacer, pero no me ha impedido recuperarme y conseguir que la cima más prominente de Castellón, el Tossal de Saragossa, sea la 53 de este reto al que ya solo le quedan quince, para tachar en los próximos dos años.

Mis compañeros de viaje no son habituales en todo este proyecto, pero tampoco nuevos. Con Esther y Juan Luis ya subimos el Gorbea, el pico más alto de Álava y Vizcaya. Con César también ascendimos el Cerro Calderón del Rincón de Ademuz, el enclave que tiene la provincia de Valencia dentro de la de Teruel.

Ayer jueves, Esther, Juan Luis y yo salimos de Soria a las 16.15. Calatayud, Daroca, Calamocha, Teruel, Segorbe, Castellón… y Vall d’Alba. Allí llegamos a las 20.30. Poco después se juntó con nosotros César, que vive en Castellón capital así que lo tenía cerca.

Como no me cansaré de repetir, la parte de conocimiento de España es tan importante en este reto como la montañera en sí. Ello cobra especial importancia en montañas que no se encuentran entre las más destacadas y conocidas, sobre todo ahora que he ampliado el reto a las cimas de mayor prominencia.

El Tossal de Saragossa está lejos en cuanto a fama del Penyagolosa, la cumbre más elevada de Castellón. De hecho, las separan casi 800 metros. Y, sin embargo, la primera supera en prominencia a la segunda. Por ello estamos aquí.

Como sucede con tantas montañas, hay muchas maneras de hollar el Tossal de Saragossa. Como nosotros estamos de ruta por esta zona de España y queremos visitar más lugares yendo holgados, hemos buscado la vía de ascenso más corta. Y, de hecho, la hemos acortado aún más.

Esta ruta parte de la carretera que une la localidad de Sierra Engarcerán con Els Rosildos (de nuevo mezclaré idiomas). Poco después de salir de Sierra Engarcerán, sale un camino a la derecha, ya no asfaltado pero sí perfectamente transitable para coches. Hay que circular otro kilómetro, hasta un cruce de caminos marcado con una señal de senderismo que marca varias opciones.

La nuestra es fácil: para arriba. Ello implica girar a la izquierda. Cuando hemos avanzado diez metros, nos hemos dado cuenta de que todavía se podía circular en coche y, de hecho, ha bajado una furgoneta. Por tanto, hemos hecho algo tan poco montañero como avanzar un poco más con uno de nuestros dos vehículos.

En la cima

A los pocos metros ha aparecido una cadena, pero se puede quitar. Unos minutos después, otra cadena. Esta ya está candada, pero da igual. El camino termina justo ahí. Hemos aparcado junto a unos almendros ya casi en flor y hemos empezado a andar.

Nada más pasar la cadena, en vez de girar a la derecha (por donde todavía podrían circular vehículos), hay que seguir de frente, por una senda caliza. Es el fondo de un barranco no muy agreste, así que el avance va siendo agradable. A los pocos minutos dejamos a la izquierda un antiguo horno de cal, un lugar ideal para un breve descanso.

Después de otra corta caminata, llegamos al collado. De frente, la senda continúa hacia La Serratella. Veo que esta es la ruta más habitual de las personas que andan estos montes, especialmente de aquellos que quieren hacer algo más largo y circular.

Nosotros, en ese collado, hemos girado a la derecha. En un día tan despejado como hoy, era fácil saber desde el principio dónde se encontraba nuestro objetivo. El Tossal de Saragossa no es una mole, pero sí destaca sobre el resto de las lomas de los terrenos que estamos conociendo hoy.

El Penyagolosa, desde arriba

En este cruce nos hemos encontrado con una señal nueva de senderismo caída y con otra muy antigua que nos confirma cuál es el camino que debemos seguir. Cada pocos pasos damos una vistazo de 360 grados y observamos lo que no era fácil de comprobar desde abajo: que efectivamente este Tossal supera en altitud al resto de las abundantes cimas de la zona.

Gracias a ello, y gracias al día tan luminoso, disfrutamos de unas vistas espectaculares: el Penyagolosa a un lado y el mar Mediterráneo a otro. El aeropuerto de Castellón también está a nuestros pies, pero en el rato que hemos permanecido en la cima no hemos conseguido ver ningún aterrizaje ni despegue.

Nos encontramos el cartel final caído

Después de las fotografías cimeras, hemos regresado por el mismo camino tal cual. Al aparcar tan arriba hemos perdido la oportunidad de hacer una ruta diferente de bajada, pero no hay problema. César y Juan Luis bajan andando hasta el lugar que originalmente iba a ser nuestro punto de partida. Son poco más de diez minutos, quizás un kilómetro.

Sierra Engarcerán

Allí en los coches nos despedimos. Los sorianos, en el cruce con la carretera, giramos a la derecha para seguir mañana sábado con las montañas prominentes. César gira a la izquierda para dirigirse primero hacia Castellón antes de encarar con otros retos su fin de semana. Es invierno pero en días como hoy a veces nos olvidamos.

Punto de salida: Una cadena junto a unas casas de campo a unos dos kilómetros de Sierra Engarcerán.

Distancia: Teníamos bajada una ruta de seis kilómetros, pero con el avance del coche habremos hecho unos cuatro.

Desnivel: Lo mismo que antes. En la ruta original era de unos 300 metros positivos, pero nosotros lo habremos reducido a algo menos de 200.

Cuánto se tarda: Hemos tardado 40 minutos en subir y menos de media hora en bajar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales en coche de Sierra Engarcerán hacia Els Rosildos. A los 300 metros giras a la derecha a un camino no asfaltado. Desde ahí, al kilómetro sale otro camino a la izquierda. Cruzas una cadena (la cierras) y aparcas antes de la segunda cadena. Ahí empiezas a andar de frente por la senda hasta que llegas al collado. Cuando llegas a este, giras a la derecha y en nada estás arriba. Muy fácil.