Cima 55 de 45+3+20. Huelva. Cerro del Castaño. 960 metros. 15-2-2019

Aquí seguimos, ensanchando la historia del alpinismo español y universal, reescribiéndola con letras doradas. El escenario de nuestras hazañas de hoy ha sido el Cerro del Castaño, a menos de 1.000 metros sobre el nivel del mar y de poco más de 200 de desnivel, salvados en un caluroso viernes de febrero.

He leído que, durante algún tiempo, este Cerro del Castaño fue considerado el lugar más alto de la provincia de Huelva. Ya nadie duda de que ese honor le corresponde al Bonales Occidental, situado también al norte de la provincia, pero fuera de la sierra de Aracena. Este Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es el lugar más conocido de las montañas de Huelva, una provincia cuya riqueza natural está entre las punteras de España. El siguiente reto quizás esté relacionado con los Parques Nacionales…

Cima

Como sucede en varias montañas de esta aventura, requieren más relato las motivaciones y la aproximación que el ascenso en sí.

¿Hemos venido ex profeso a este lugar situado a 800 kilómetros de nuestra casa? Claramente, no. Estamos preparados para pasar un fin de semana en Sevilla, donde mañana sábado nos reunimos 150 sorianos para comer y donde el domingo muchos de ellos corren la maratón, entre ellos nada menos que Fermín Cacho y Abel Antón, a quienes se va a rendir homenaje.

Como el día de hoy iba a ser largo, hemos decidido acortarlo quedando a las seis de la mañana, hora a la cual me han recogido en mi casa Alfonso, Eduardo, Elisa e Izana. Soy el único que no empieza por vocal. Tras un poco de atasco en Madrid, la primera de las dos paradas ha sido nada más cruzar la provincia de Toledo. La segunda, unos cuantos kilómetros después, ha sido en las cercanías de Mérida, pues hemos bajado por la A-5 y, después, por la autovía de la Ruta de la Plata.

La tercera parada ha sido la última antes de emprender la ascensión. Ha sido en Castaño del Robledo, el pueblo más alto de Huelva, su segundo municipio menos poblado y uno de los más bonitos según hemos podido comprobar a través de nuestros ojos y a través de los recortes de periódico colgados en el bar donde hemos parado a comer.

Hemos llegado alrededor de las dos de la tarde, una buena hora para comer un bocadillo y tomar algo en la terraza del bar. Todo ello ha sucedido en manga corta, algo bastante impensable en las latitudes donde habitamos.

Cuidando el ganado

Hemos decidido comer antes de subir porque teníamos hambre y porque tampoco nos esperaba una comida opípara. Alrededor de las 15.30 hemos empezado a andar.

Castaño del Robledo tiene un par de plazas. Hemos aparcado en la de abajo porque es la primera que hemos visto. Desde allí se andan un par de centenares de metros hasta la parte alta del pueblo, donde está la segunda plaza, con algunos bares y restaurantes.

Para subir al Cerro del Castaño hay que seguir hacia arriba por la calle de la derecha. Sobra decir que, en general, no hay mucha pérdida, y menos si se lleva grabada la ruta en track como intento hacer desde hace ya bastante: es casi imposible ir a algún lugar en España y que no haya ido alguien antes, lo haya grabado y lo haya subido a Wikiloc.

Subiendo esta calle, se llega a una señal de camino cortado. Nosotros, al igual que los vehículos, hacemos caso a esa señal y giramos a la derecha. Pronto encontramos una ruta marcada de 5,5 kilómetros que da la vuelta a todo este Cerro del Castaño.

Pero nosotros no queremos rodearlo sino pisarlo. Por eso, seguimos tal cual esta ruta circular y, cuando llevamos un poco menos de dos kilómetros, en vez de seguir de frente giramos a la izquierda. Es una de las pocas cancillas que encontramos entre tanto terreno vallado. De hecho, la ruta de ascenso sería mucho más corta de no existir todas estas tierras que es necesario respetar.

Castaños centenarios

Hasta esa puerta, el camino apenas asciende. Es más, hay algunos breves momentos de bajada que nos hacen dudar de que todo vaya bien. Pero no hay problema. En realidad, casi la totalidad del desnivel se salva cuando se abandona esa ruta circular y se gira a la izquierda para cruzar la valla.

A partir de ahí empieza el ascenso de verdad, entre antiquísimos castaños a los que el invierno no ha dejado ni una sola hoja. Parece que no es época, pero en el suelo hay miles de castañas, algunas de las cuales ya no se encuentran en la provincia de Huelva.

Ese ascenso dura unos 15 minutos. Se llega a un pequeño collado en el cual es necesario girar de nuevo a la izquierda. Dejamos los castaños y pasamos a un pequeño bosque de robles, no tan viejos como los castaños pero que ya van cogiendo altura. Entre estas dos grandes especies vegetales que dan nombre al municipio se encuentran también algunos pinos, menos numerosos.

Se atraviesa este robledal y, en apenas cinco minutos, aparece el vértice geodésico, que destaca menos que muchos de sus hermanos al estar oculto entre tanta vegetación, que también esconde parte de las vistas que se disfrutarían en caso de no existir los árboles. Aun así, el paseo es muy recomendable por todo este paisaje típico de las zonas de media montaña del sur del país.

El regreso lo hemos hecho por el mismo camino, salvo un pequeño atroche que hemos intentado y que no nos ha salido bien por la espesísima vegetación. Dar la vuelta han sido otros pocos minutos, nada grave.

En breve hemos visto de nuevo nuestro coche, el mismo que nos ha traído hasta Sevilla, donde ahora nos encontramos para completar un fin de semana de montaña, atletismo, sol de invierno y Andalucía.

Punto de salida: Castaño del Robledo.

Distancia: Son 4,5 kilómetros, quizás un poco más.

Desnivel: Se sale de 730 metros y se llega a 960. Las pequeñas bajadas de las que he hablado en la crónica son demasiado minúsculas.

Cuánto se tarda: En poco más de una hora se puede subir, bajar, hacer fotos, coger castañas y disfrutar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Llegas a la parte alta de Castaño del Robledo. Un camino a la derecha es el comienzo de la ruta que rodea el Cerro del Castaño. Antes de la mitad de esa ruta, hay una puerta en el gran vallado. Se atraviesa y se sube sin descanso hasta llegar al collado. La cima queda a la izquierda, oculta entre robles, a unos cinco minutos.

Cima 54 de 45+3+20. Tarragona. La Creu de Santos. 942 metros. 26-01-2019

La cima más prominente de la provincia de Tarragona no hace honor a su altura. La Creu de Santos apenas tiene 942 metros sobre el nivel del mar, un mar Mediterráneo que se encuentra a unos pocos kilómetros, hasta el punto de que el Delta del Ebro se distingue a la perfección bajo nuestros pies una vez que se corona la cima.

Esos 942 metros de la Creu de Santos convierten a este pico en el más alto de la Sierra de Cardó. Como sucede en toda esta zona de la provincia de Tarragona, se trata de una sierra repleta de pequeñas cumbres y crestas, separadas en muchos casos por verticalísimos riscos.

En la cima

¿Cómo es posible que con 942 metros, en una provincia tan montañosa como esta, la Creu de Santos sea el lugar tarraconense de mayor prominencia? La respuesta está en parte en lo comentado al principio: a un lado de la Sierra de Cardó se encuentra el mar, mientras que al otro, muy abajo, se encuentra el río Ebro. Por ello, aunque las alturas no sean espectaculares, sí que lo es la morfología de toda esta zona, incluso desde el acercamiento en coche.

Anoche dormimos en Benifallet, a orillas del Ebro, Esther, Juan Luis, Óscar (que sustituye a César respecto a ayer y que me ha acompañado en las siete cimas catalanas) y yo. Como nos sucedió cuando subimos al Mont Caro, hemos elegido para subir a la Creu de Santos justo el día anterior a una carrera de montaña. Mañana domingo se celebra la décima edición de Lo Pastisset, una prueba con salida y meta en Benifallet, y que entre sus 30 kilómetros de recorrido incluye el ascenso hasta esta Creu de Santos. Ayer, en el pueblo, todo el mundo se pensaba que veníamos a la carrera. Quizás el año que viene participemos en la undécima edición…

Como nos hemos alojado en una casa rural, esta mañana nos hemos acercado a la panadería del pueblo para comprar el desayuno. Después del mismo, nos hemos dado un breve paseo por toda la orilla del Ebro a su paso por Benifallet. Si hubiéramos venido entre abril y octubre, habríamos podido dar una vuelta en el barco turístico que hace un recorrido por el río.

Balneario de Cardó

Ha sido nuestro último contacto con el pueblo, después de haber visitado ayer también Arnes y Horta de San Joan. Desde Benifallet se emplea alrededor de media hora en llegar hasta el Balneario de Cardó, nuestro punto de partida de hoy. La única carretera asfaltada para llegar hasta este lugar parte de Rasquera. Solo este recorrido ya merece la pena.

El Balneario de Cardó, abierto en 1886 y cerrado al público en 1967, se encuentra encima de uno de esos verticales riscos tan habituales en esta zona.

Se aparca en el mismo balneario. Justo allí sale una pista, todavía transitable en coche, por la que hay que andar 200 metros. Surge entonces una senda a la izquierda y, a partir de ahí, no hay más misterio: hay que seguir esta estrecha senda hasta arriba durante algo menos de tres kilómetros, y llegaremos a nuestro destino.

A ambos lados de esta senda, siempre señalizados, salen algunos otros caminos que llevan a varias de las ermitas que forman parte de todo este eremitorio del Valle de Cardó. A la bajada, de hecho, hemos entrado a la de San Simeón. No es casual que esté dedicada a este santo: se llama también Ermita de la Columna porque se encuentra encima de una grandísima y puntiaguda roca, al estilo de las de Meteora en Grecia.

Mirando el paisaje

Pero eso ha sido a la bajada. La subida la hemos comenzado alrededor de las 11.00 de la mañana, de nuevo con un gran día y una temperatura muy agradable, igual que ayer. La senda es como tiene que ser, repleta de zetas para ir salvando los grandes acantilados del terreno. Ello permite que el desnivel no sea muy exagerado, salvo en un par de tramos no muy largos.

Durante todo el trayecto, una frondosa vegetación rodea nuestro avance. Aunque prefiero venir ahora, no es descartable que en verano también sea agradable visitar esta zona del Valle de Cardó. Entre la subida y la bajada, apenas nos hemos encontrado a una decena de personas en cuatro grupos.

Mientras subimos, vamos viendo las agujas y las crestas que parecen elevadísimas, pero que poco a poco se van quedando abajo. De pronto, y superado el único punto del camino en el que conviene echar las manos a las piedras para subir, llegamos a un amplio collado en el que nos damos cuenta de que ya estamos casi arriba. Desde este collado se ve la depresión del Ebro y se empieza a divisar el Mediterráneo.

Ermita de San Simeón

Ahora solo nos queda girar por última vez a la izquierda. Pronto vemos nuestro doble objetivo, la doble cima de la Creu de Santos. En una de ellas se encuentra el vértice geodésico, una pequeña cruz y un belén hecho a base de ferretería. En la antecima, otra cruz de gran tamaño. Ambos puntos se encuentran casi a la misma altura, y separados por apenas medio centenar de metros.

Las fotos de rigor en el punto más alto de nuestro recorrido son lo último que hacemos antes de emprender la bajada. Hay algunas posibilidades de hacer la ruta circular, y de hecho vienen marcadas en los cruces que nos encontramos. Nosotros hemos optado por hacer la bajada por el mismo lugar que la subida.

Nuestro coche estaba donde lo hemos dejado, en el viejo balneario levantado sobre el todavía más antiguo monasterio carmelita. Aquellos hombres de hace siglos buscaban básicamente lo mismo que nosotros hoy en el escondido y atractivo Valle de Cardó.

Punto de salida: El Balneario de Cardó.

Distancia: La ruta que hemos seguido tiene seis kilómetros clavados de ida y vuelta.

Desnivel: Se sale de algo más de 450 metros y se llega a 942. Apenas hay una sola bajada en todo el trayecto de ida, así que unos 1.000 metros acumulados en total.

Cuánto se tarda: Hemos tardado tres horas entre subir y bajar, pasando un amplio rato en la cima aprovechando que se estaba tan a gusto.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en el Balneario de Cardó. Sigues la pista forestal que sale a la izquierda y, a los 200 metros, donde hay una cadena, sigues esa senda. Aunque hay algunos desvíos, la senda principal termina arriba del todo. En los cruces, en cualquier caso, hay buenas indicaciones con los destinos de cada camino.

Cima 53 de 45+3+20. Castellón. Tossal de Saragossa. 1.082 metros. 25-1-2019

Segunda historia médica que cuento en este blog, y ojalá que la última. Aquí va muy resumida: El 16 de noviembre, hace un par de meses, un motorista me dio un golpe por la espalda en Medellín (Colombia). Como consecuencia de ese golpe, con el que no tenía intención de robarme ni de nada que yo sepa, me salió un hemotórax.

Ese hemotórax me impidió regresar a España en mi fecha, para evitar un posible neumotórax. Además, a mi regreso a Soria, tenía la espalda muy dolorida y estuve otras tres o cuatro semanas sin poder hacer ejercicio. Ello me impidió sumar una nueva cima en Navidades como teníamos previsto hacer, pero no me ha impedido recuperarme y conseguir que la cima más prominente de Castellón, el Tossal de Saragossa, sea la 53 de este reto al que ya solo le quedan quince, para tachar en los próximos dos años.

Mis compañeros de viaje no son habituales en todo este proyecto, pero tampoco nuevos. Con Esther y Juan Luis ya subimos el Gorbea, el pico más alto de Álava y Vizcaya. Con César también ascendimos el Cerro Calderón del Rincón de Ademuz, el enclave que tiene la provincia de Valencia dentro de la de Teruel.

Ayer jueves, Esther, Juan Luis y yo salimos de Soria a las 16.15. Calatayud, Daroca, Calamocha, Teruel, Segorbe, Castellón… y Vall d’Alba. Allí llegamos a las 20.30. Poco después se juntó con nosotros César, que vive en Castellón capital así que lo tenía cerca.

Como no me cansaré de repetir, la parte de conocimiento de España es tan importante en este reto como la montañera en sí. Ello cobra especial importancia en montañas que no se encuentran entre las más destacadas y conocidas, sobre todo ahora que he ampliado el reto a las cimas de mayor prominencia.

El Tossal de Saragossa está lejos en cuanto a fama del Penyagolosa, la cumbre más elevada de Castellón. De hecho, las separan casi 800 metros. Y, sin embargo, la primera supera en prominencia a la segunda. Por ello estamos aquí.

Como sucede con tantas montañas, hay muchas maneras de hollar el Tossal de Saragossa. Como nosotros estamos de ruta por esta zona de España y queremos visitar más lugares yendo holgados, hemos buscado la vía de ascenso más corta. Y, de hecho, la hemos acortado aún más.

Esta ruta parte de la carretera que une la localidad de Sierra Engarcerán con Els Rosildos (de nuevo mezclaré idiomas). Poco después de salir de Sierra Engarcerán, sale un camino a la derecha, ya no asfaltado pero sí perfectamente transitable para coches. Hay que circular otro kilómetro, hasta un cruce de caminos marcado con una señal de senderismo que marca varias opciones.

La nuestra es fácil: para arriba. Ello implica girar a la izquierda. Cuando hemos avanzado diez metros, nos hemos dado cuenta de que todavía se podía circular en coche y, de hecho, ha bajado una furgoneta. Por tanto, hemos hecho algo tan poco montañero como avanzar un poco más con uno de nuestros dos vehículos.

En la cima

A los pocos metros ha aparecido una cadena, pero se puede quitar. Unos minutos después, otra cadena. Esta ya está candada, pero da igual. El camino termina justo ahí. Hemos aparcado junto a unos almendros ya casi en flor y hemos empezado a andar.

Nada más pasar la cadena, en vez de girar a la derecha (por donde todavía podrían circular vehículos), hay que seguir de frente, por una senda caliza. Es el fondo de un barranco no muy agreste, así que el avance va siendo agradable. A los pocos minutos dejamos a la izquierda un antiguo horno de cal, un lugar ideal para un breve descanso.

Después de otra corta caminata, llegamos al collado. De frente, la senda continúa hacia La Serratella. Veo que esta es la ruta más habitual de las personas que andan estos montes, especialmente de aquellos que quieren hacer algo más largo y circular.

Nosotros, en ese collado, hemos girado a la derecha. En un día tan despejado como hoy, era fácil saber desde el principio dónde se encontraba nuestro objetivo. El Tossal de Saragossa no es una mole, pero sí destaca sobre el resto de las lomas de los terrenos que estamos conociendo hoy.

El Penyagolosa, desde arriba

En este cruce nos hemos encontrado con una señal nueva de senderismo caída y con otra muy antigua que nos confirma cuál es el camino que debemos seguir. Cada pocos pasos damos una vistazo de 360 grados y observamos lo que no era fácil de comprobar desde abajo: que efectivamente este Tossal supera en altitud al resto de las abundantes cimas de la zona.

Gracias a ello, y gracias al día tan luminoso, disfrutamos de unas vistas espectaculares: el Penyagolosa a un lado y el mar Mediterráneo a otro. El aeropuerto de Castellón también está a nuestros pies, pero en el rato que hemos permanecido en la cima no hemos conseguido ver ningún aterrizaje ni despegue.

Nos encontramos el cartel final caído

Después de las fotografías cimeras, hemos regresado por el mismo camino tal cual. Al aparcar tan arriba hemos perdido la oportunidad de hacer una ruta diferente de bajada, pero no hay problema. César y Juan Luis bajan andando hasta el lugar que originalmente iba a ser nuestro punto de partida. Son poco más de diez minutos, quizás un kilómetro.

Sierra Engarcerán

Allí en los coches nos despedimos. Los sorianos, en el cruce con la carretera, giramos a la derecha para seguir mañana sábado con las montañas prominentes. César gira a la izquierda para dirigirse primero hacia Castellón antes de encarar con otros retos su fin de semana. Es invierno pero en días como hoy a veces nos olvidamos.

Punto de salida: Una cadena junto a unas casas de campo a unos dos kilómetros de Sierra Engarcerán.

Distancia: Teníamos bajada una ruta de seis kilómetros, pero con el avance del coche habremos hecho unos cuatro.

Desnivel: Lo mismo que antes. En la ruta original era de unos 300 metros positivos, pero nosotros lo habremos reducido a algo menos de 200.

Cuánto se tarda: Hemos tardado 40 minutos en subir y menos de media hora en bajar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales en coche de Sierra Engarcerán hacia Els Rosildos. A los 300 metros giras a la derecha a un camino no asfaltado. Desde ahí, al kilómetro sale otro camino a la izquierda. Cruzas una cadena (la cierras) y aparcas antes de la segunda cadena. Ahí empiezas a andar de frente por la senda hasta que llegas al collado. Cuando llegas a este, giras a la derecha y en nada estás arriba. Muy fácil.

Cima 52 de 45+3+20. Barcelona. Turó de l’Home. 1.706 metros. 20-10-2018

En dos ocasiones anteriores de este reto hice (Badajoz-Huelva) o creí hacer (Cáceres-Salamanca) la cima más alta de dos provincias el mismo día. En esos dos casos, al encontrarse tan juntas las dos cimas es posible hollarlas dentro de la misma ruta, de la misma caminata, y por eso hice un único relato en ambas marchas.

Hoy sábado 20 de octubre hemos hecho algo parecido pero diferente. Hemos subido a dos de las 68 cimas de este reto, a la más prominente de Gerona y a la más prominente de Barcelona. Sin embargo, para ir del pie de una al ‘pie’ de la otra hemos hecho un viaje en coche de unas dos horas, de ahí que haya dos crónicas separadas.

Las comillas que enmarcan el segundo ‘pie’ tienen su explicación. La montaña más prominente de la provincia barcelonesa es el Turó de l’Home. Se puede subir casi hasta la misma cumbre en coche, después de unas cuantas decenas de curvas, y eso es lo que hemos hecho este mediodía.

Como tantas veces he remarcado en estos cinco años de proyecto, el objetivo viajero va cien por cien a la par del montañero. Y hay cimas en las que lo agradezco de manera especial. Habré estado en Barcelona 50 o 60 veces, pero desconozco la gran mayoría de las cosas de su provincia.

Foto de cima

De esas cosas desconocidas por mí hasta hoy, creo que la que más debería haber visitado antes es el gran macizo del Montseny.

Terminé la reseña del Puigmal asegurando que me había sorprendido menos que el Turó de l’Home. Es lógico en el sentido de que ya conocía la zona gerundense de hace algunos años y de que es obvio que un montañón de 3.000 metros con más de 1.300 de prominencia es impresionante ya desde sus datos numéricos. Cuando vas al Pirineo ya sabes que te va a encantar.

Según íbamos bajando Óscar y yo en coche (Ripoll-Vic-Viladrau) de Fontalba a Santa Fe del Montseny, ya me iba dando cuenta de la suerte que habíamos tenido de que nuestra visita a este lugar se haya producido en esta época del año.

Dos orillas muy diferentes

En cualquier aparcamiento a ambos lados de la carretera había tantos coches como cabían. Sus ocupantes buscan en esta agradabilísima mañana de otoño castañas, boletus o simplemente disfrutar mediante un paseo de los impresionantes colores que brindan los bosques de este lado del Montseny. La otra orilla del macizo es muy diferente, como hemos podido apreciar luego en la subida.

Nos dirigíamos hacia Santa Fe porque habíamos quedado allí con Elisa, Elisa-2, Íñigo y Laia, quienes venían de Barcelona para acompañarnos en esta ascensión. Al final, en uno de los aparcamientos más concurridos de la zona, nos hemos encontrado casi de casualidad, lo que ha sido una suerte porque no teníamos cobertura de móvil. Más encanto… pero más problemas.

Empieza la ascensión

Como éramos seis, seguíamos necesitando los dos coches. Sin ningún intercambio de personal, hemos partido hacia el Turó, para lo cual ha sido necesario coger los dos primeros desvíos a la derecha: el que va al pueblo de Montseny y el que va directo a la cima. La frondosidad de las cunetas de estas carreteras, con caducifolias en todo su esplendor otoñal, no se encuentra en muchos lugares de España.

Llega un momento en el que una barrera cierra el paso al tráfico rodado. Solo pueden pasar los vehículos autorizados, pero por el estado del firme parece obvio que esa barrera no se levanta con mucha frecuencia.

Desde ahí hasta la cima es un paseo de quizás un kilómetro. La casa que marca el culmen de la sierra del Montseny no se ve desde el aparcamiento, hay que andar algunos minutos. La carretera, de hecho, no termina en esa misma cima, sino en una estación meteorológica ubicada a unas pocas decenas de metros de distancia.

La última senda

Para alcanzar el vértice geodésico y la casa hay que seguir durante un par de minutos una senda mucho más estrecha y empinada, ahora ya sí, no apta para carritos de bebé.

Este tramo finalísimo, por tanto, lo hemos hecho, además de Óscar y yo, Íñigo y Elisa-2, quien de este modo se convierte en la integrante más joven del club de las personas que me están acompañando en este reto. La más veterana de momento ha sido mi madre.

Desde el Turó de l’Home se ven las otras dos grandes montañas del Montseny: Les Agudes y el Matagalls. Las tres se llevan apenas una decena de metros… solo una puede ser la ganadora.

Nuestro restaurante

No es lo único que se ve desde allí arriba. El Montseny, el lugar más destacado de toda esa Cordillera Costero-Catalana que estudiábamos en el colegio, brota desde unas llanuras situadas a centenares de metros por debajo. Hoy el día estaba precioso pero con algunas nubes. En un día totalmente despejado, tiene que dar hasta vértigo mirar hacia abajo.

A ver si consigo, cuando termine este reto, pasar una mañana de otoño o de invierno en este mismo lugar, ascender andando desde alguno de los aparcamientos, pisar también Les Agudes, coger cuatro boletus (eso va a ser lo más difícil) y comer de nuevo, como hoy, en el restaurante de Santa Fe.

Punto de salida: La barrera que impide el paso en la carretera que sube hasta la cima.

Distancia: Creo que habremos hecho un par de kilómetros de coche a coche.

Desnivel: Se llega a 1.706 y se sale no mucho más abajo, quizás 60 o 70 metros. Poco más que inapreciable.

Cuánto se tarda: Hoy se nos ha ido casi una hora por la edad de algunos integrantes del grupo y porque se estaba en la gloria. En media hora se puede hacer sin sufrir.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de aparcar en la barrera, se sube siguiendo por el asfalto. No hay que llegar hasta el final de la carretera. Llega un momento en el que se ve la casa cimera a la derecha. Se coge la senda que también se adivina y en un par de minutos se huella la cumbre.

Cima 51 de 45+3+20. Gerona. Puigmal. 2.910 metros. 20-10-2018

Hasta hace no tantos años, el Puigmal era considerada la cima más alta de la provincia de Gerona.

En algún momento, alguien realizó mediciones nuevas o miró con mayor detenimiento los límites provinciales. Se dio cuenta entonces de que el Puigpedrós medía 2.914 metros (en algunos lugares también puede encontrarse que el Puigmal mide 2.913, así que todavía no está todo escrito).

Esta montaña situada más al Occidente adelantaba en ese listado de altitudes al Puigmal, pero todavía no le ha adelantado en otros listados a los que los montañeros prestan más atención, aquellos que marcan la calidad emblemática de una cima.

Y en ese sentido, el Puigmal sigue siendo la número uno de la provincia gerundense y parece imposible de desbancar.

Una de las razones, precisamente, es su prominencia, la misma razón por la que decidí ampliar el reto y por la que esta mañana hemos hollado su cima Óscar (con quien ya subí las cuatro cimas más altas de Cataluña) y yo.

Foto de cima

A pesar de no llegar a los 3.000 metros, el Puigmal es la segunda cima más prominente de todo el Pirineo por detrás del Aneto. No está mal, teniendo en cuenta que la gran cordillera divisoria tiene más de 200 tresmiles.

Y para terminar el preámbulo, otro de los valores especiales del Pugimal es que a sus pies se encuentra el santuario de Nuria, uno de los lugares más hermosos y obligatorios del Pirineo. Allí llega el famosísimo tren cremallera que sale de Ribas de Freser, donde tiene dos estaciones, y que pasa por Queralbs antes de empezar a subir más verticalmente hasta el santuario.

Cenar y a la cama

Nosotros hemos pasado la noche en Ribas de Freser, en el albergue. Allí llegamos ayer viernes a media tarde, lo suficiente para dejar las cosas antes de darnos una vuelta por el pueblo. La vuelta no podía ser muy larga ya que a las 20.30 teníamos la cena en nuestro alojamiento.

Cenamos y, como el albergue está un poco alejado del pueblo, lo más apetecible era acostarse, algo que hicimos pronto pensando sobre todo en el día de hoy.

El despertador estaba programado a las 7.00, pero ni lo hemos dejado sonar. Ya habíamos dormido lo suficiente cuando hemos empezado a guardar los sacos, a ponernos la ropa de monte y a recoger las mochilas.

Poco después de las 7.15 estábamos tomando un café en Ribas. Era plena noche y la temperatura ya era agradable, con lo que teníamos la esperanza de vivir una apacible jornada de montaña a partir de no mucho tiempo después.

Quebrantahuesos con pata de ungulado

Hay varios puntos de partida para subir al Puigmal. Nosotros hemos elegido el aparcamiento de Fontalba, el lugar accesible en coche que permite una ascensión más rápida. Desde Fontalba también hay varias posibilidades de hacer rutas circulares y de pasar también por el santuario de Nuria.

Recomiendo hacer alguna de esas caminatas, pero nosotros hemos hecho una ruta más corta de ida y vuelta porque los dos conocemos Nuria y porque teníamos más planes para el resto del día.

Para llegar a Fontalba hay que entrar primero en Queralbs, el pueblo donde termina la carretera. Hay que estar atentos mientras se va en coche para coger un camino asfaltado que sale a la derecha. Viene bien indicado: Fontalba, 11,3 kilómetros.

A los dos kilómetros, aproximadamente, termina el asfalto y empieza una pista. Teníamos miedo de cómo nos la íbamos a encontrar, porque el reciente paso del huracán Leslie había desbordado el Freser y arrancado decenas de árboles de gran tamaño que habían sido arrastrados por el río. Miedo infundado: la pista estaba transitable sin problemas.

Dormir a más de 2.000 metros

Arriba ya había una decena de furgonetas que habían pasado allí la noche o que habían madrugado más que nosotros. Cuando hemos llegado a Fontalba, como no había nada de nieve y tampoco hacía frío, no hemos tardado nada en prepararnos para emprender la marcha.

La ruta que hemos hecho, en días tan buenos como hoy, no tiene la más mínima dificultad ni técnica ni de orientación. El Puigmal se ve desde el principio, dominando autoritario todo el campo de visión del excursionista.

Además, desde el mismo aparcamiento de Fontalba sale ya una senda clara que es la que hay que seguir para alcanzar nuestro objetivo.

Al principio, y aunque el ascenso es continuo, el desnivel es más bien suave. A la derecha, pronto se ve a lo lejos el refugio del Pic de l’Áliga y algunos valles quebradísimos. Más cerca, varias cascadas caen al valle más cercano, agua que terminará en el Freser.

Las vistas a la izquierda también son espectaculares, pero diferentes, con lomas más suavizadas y totalmente tapizadas de verde. El Puigmal está lejos de estar abarrotado esta mañana, pero sí hay tres o cuatro pequeños grupos por delante de nosotros.

Esa senda, sin dejar de ascender, va girando a la derecha, algo lógico teniendo en cuenta que es en esa dirección donde se ve la gran montaña. En todo su avance, el camino apenas pierde altura un par de veces. Son solo unos metros para salvar modestos collados y para que no sea posible decir que el camino es un ascenso continuo.

Sol y agua

Antes de girar a la derecha, una gran carroñera ha pasado a unos metros de nosotros. Salvo error de nuestra vista, era un gran quebrantahuesos que además llevaba en sus garras un hueso dispuesto a ser soltado desde el aire para hacer accesible su tuétano. También hemos visto bastantes buitres.

Después de algo menos de una hora, cuando a nuestra izquierda se veían los remontes más elevados de Vallter 2000, termina ese suave ascenso. También estaba claro que ese momento tenía que llegar, porque la cima todavía se ve muy por encima de nosotros.

La última media hora es de un desnivel mucho más pronunciado. Las lluvias de los últimos días han apelmazado la tierra y, al menos, la pedrera no se deshace a nuestro paso. Despacio, se avanza sin problemas en esta gran cuesta arriba.

Terminado este tramo fuerte, todavía no está el Puigmal. Comienza entonces un paseo de muy pocos minutos y muy agradecido, porque ya se ve de frente la gran cruz que preside la cumbre. En ese momento hemos visto la única y escasísima nieve de toda la marcha.

Sin batería en la cámara

Arriba, hacía frío y viento, no exagerados pero sí lo suficiente como para impedir el funcionamiento de la batería de mi cámara. Hemos tenido que salvar con el móvil las fotos de cima. La niebla nos ha robado las espectaculares vistas que esperábamos desde esta gran mole pirenaica.

Según bajábamos, hemos visto cómo desaparecían esas nubes cimeras… la montaña es así.

Hemos regresado al coche por el mismo camino. Mucha gente sube ahora hacia la cima. Ojalá ellos hayan tenido suerte de no haberse encontrado esas nubes allá arriba.

Casi sin darnos cuenta, estábamos de nuevo en el coche, mucho más acompañado que cuando lo hemos dejado un rato antes.

La ampliación del reto nos ha permitido conocer una de las grandes montañas españolas y uno de los grandes emblemas del excursionismo catalán. No ha sido el único de hoy, ya que si hemos realizado la ruta más corta posible es porque luego nos hemos dirigido hacia la montaña más prominente de Barcelona. De algún modo, me ha sorprendido más.

Punto de salida: El aparcamiento de Fontalba, al que se accede desde el mismo pueblo de Queralbs después de 11 kilómetros.

Distancia: Esta ruta son diez kilómetros casi clavados.

Desnivel: Se sale a 2.070 metros y se llega a algo más de 2.900. Son, por tanto, más de 800 metros a los que hay que sumar apenas una treintena más por los dos collados que se salvan.

Cuánto se tarda: Hemos ido relajados y ligeros. A subir hemos tardado casi una hora y media y a bajar, muy poco más de una hora. Con los minutos que hemos pasado en cima, poco menos de tres horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de aparcar en Fontalba, coges la única senda que sala para arriba, a la izquierda según llegas en coche. No hay mucho más misterio, porque desde allí el punto más alto objetivo es siempre el Puigmal. Ahora que lo pienso, no muchas veces sucede esto. Pues eso, hay que ir siempre hacia arriba, al principio ascendiendo de manera suave y en el tramo final ganando metros con mayor rapidez… si se puede.

Cima 50 de 45+3+20. Ciudad Real. La Bañuela. 1.332 metros. 16-9-2018

¿Cuál es la cima más alta de Sierra Morena?

No mucha gente será capaz de dar la respuesta correcta. Casi todo el mundo sabe varias cosas de esta sierra: que en su día hubo bandoleros, que hoy hay linces, que cierra la Meseta por el sur para separar Castilla de Andalucía y que huele a aceite de oliva.

Pero de ahí a decir el nombre de su montaña más elevada…

Gracias a esta ampliación, yo lo he aprendido y la he subido, con bastantes más complicaciones de las esperadas por haber salido por la tarde y por un pequeño error de orientación que contaré dentro de unos párrafos.

Como dice el título, el pico más alto de Sierra Morena, y a la vez el más prominente de Ciudad Real, es La Bañuela, situada en la Sierra Madrona, un paraíso de fauna, de flora, de paisaje y de pueblos bonitos.

Entre las dos Bañuelas

Esta mañana he volado de Melilla a Málaga. Tenía el coche en el aeropuerto, y en poco más de dos horas he llegado a comer a Cardeña, el último pueblo de Córdoba, muy ambientado hoy domingo y con unas carnes a la brasa dignas de una visita exclusiva para ello.

De Cardeña he pasado ya a la provincia de Ciudad Real, a Fuencaliente, también un bonito pueblo con las casas colgadas de la montaña. Allí he llenado la cantimplora, algo que luego he agradecido infinito.

El punto de partida para la ascensión a La Bañuela es Peña Escrita, unos abrigos rocosos con pinturas rupestres situados a cuatro kilómetros de la localidad. Para llegar allí, si se sale de Fuencaliente, hay que coger la carretera de Puertollano y a los dos kilómetros sale una carretera a la derecha.

Esa carretera se sigue otros dos kilómetros aproximadamente. Está casi toda asfaltada y no hay mucha pérdida porque hay que llegar hasta el final de la misma. Ya avisa de que es el aparcamiento de Peña Escrita, y una barrera impide continuar.

Las pinturas rupestres se ven desde el aparcamiento, un poco por encima, a unos cinco o diez minutos a pie. Entre unas cosas y otras, eran casi las cinco y media de la tarde, así que he preferido postergar la visita cultural para la vuelta. De los pocos aciertos del día…

La ruta que yo me había descargado sigue por esa misma pista forestal de ascenso restringido. Hay que seguirla 1.800 metros de una forma algo dolorosa, porque hay más tramo de descenso que de ascenso. Ya lo recuperaremos.

Al llegar a esos 1.800 metros, un gran cartel indica el camino hacia La Bañuela a la izquierda. De frente se va hacia el valle y las montañas ya solo quedan a la izquierda, así que el propio instinto indica que hay que ir hacia allá.

El vértice de La Bañuela ‘baja’

Y aquí el error. Nada más coger el desvío he mirado de frente y he visto un gran cortafuegos, así que he subido por él. He comprobado el track, y estaba circulando justo en paralelo a él, a unos 80 metros o menos, así que he pensado que ya lo engancharía.

He seguido subiendo y, sin querer, me he encontrado en lo alto de una montaña. El móvil me marcaba que estaba al lado de la ruta, pero delante de mí, así como a mi izquierda según subía, había unos grandes cortados rocosos imposibles de destrepar.

No los he visto porque no tenía cargado el mapa, solo la ruta, y porque la vegetación era espesísima. Me he empezado a preocupar por la hora.

En la ruta buena

He deshecho lo andado, acercándome de vez en cuando a las rocas que ahora tenía a la derecha. Cuando he visto que se acababan las grandes alturas, he enlazado con la ruta buena, perfectamente marcada con hitos.

La senda está en muy buen estado y aunque he perdido tiempo, la he cogido antes de la hora que me había puesto como tope para seguir subiendo o no.

Así que me he puesto a caminar por los hitos a buena velocidad pero sin ganar mucha altura.

En la subida he decidido seguir por estos hitos, que marcaban una ruta que en varias ocasiones se cruzaba con la que yo tenía, como la carretera de un valle y su río.

Como era de esperar, los hitos giran en un momento a la derecha para subir a una primera altura. Se alcanza pronto, pero todavía queda más de un kilómetro hasta La Bañuela. Ahora, la senda cambia de vertiente, pasando de la norte a la sur. Está todo bien marcado.

Foto de una Bañuela a otra

Llega un momento en el que, por fin, se dibuja una gran montaña que tiene que ser sí o sí La Bañuela. Antes de llegar a ella hay que hacer un breve descenso, girar de nuevo a la derecha y, en unos minutos, se ve una construcción de piedras y, un poco más abajo, como ya he contado que a veces sucede, el vértice geodésico.

¿Conseguido? Una vez allí arriba, oigo voces a escasa distancia. Mientras espero que se acerquen, miro hacia mi sombra, proyectada hacia el Oriente. No me lo puedo creer. Hay una cima muy rocosa y no muy lejana que parece más alta que la que habito.

Llegan los cuatro montañeros y les pregunto. Uno me dice que, efectivamente, donde estoy es La Bañuela pero que la montaña situada a unos 200 metros es más alta. Me informa de que su ascenso no tiene complicación a pesar de lo que dice la vista.

Era tarde, pero estaba muy cerca, así que la he subido para asegurarme de que estaba en el punto más alto de Sierra Morena y en el más prominente de Ciudad Real. En los mapas no hay dudas: el nombre se lo dan al primer cerro que he pisado, cuya altura es diez metros menor.

Las vistas son impresionantes, con profundos y espesísimos valles, pero no hay mucho tiempo para el disfrute, solo para refrescarme.

Bajando, esta vez, he seguido más el track que los hitos. Ha habido cinco minutos de nuevo que me ha tocado pelearme con las jaras y los árboles, pero pronto he recuperado el camino bueno.

Los hitos y el cortafuegos

Cuando he llegado a la pista, al desvío de La Bañuela, he mirado para atrás y he visto un hito a la izquierda del cortafuegos. En la ida no me he fijado.

Ya oscurecía, así que como regalo he oído lo que me ha parecido la berrea de un ciervo. He buscado luego y he encontrado que Sierra Madrona y el Valle de Alcudia son muy propicios para escuchar estos bramidos otoñales. También he encontrado que la mayor población de linces salvajes de España se encuentra en una finca en esta zona, con más de 30 ejemplares según una noticia de octubre del año pasado.

He llegado al coche a las nueve menos cuarto. He cruzado los puertos de Villarrepisa, Niefla y Pulido y el ya mencionado Valle de Alcudia, donde tantos trashumantes sorianos llevaron sus ovejas durante siglos. Ese camino me ha llevado hasta Puertollano, donde descanso después de tachar con alegría el medio centenar de cumbres.

Punto de salida: El aparcamiento del abrigo de Peña Escrita, cerca de Fuencaliente.

Distancia: Si lo hubiera hecho bien, son 11 kilómetros.

Desnivel: Se sale a 780 metros y se llega a 1.332. Además, hay tres bajadas en el camino que sí sumarán unos cien metros de desnivel. En total, unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Yo he estado tres horas y cuarto. Sin pérdidas, menos hay que tardar, aunque también es verdad que medio he trotado algún rato de bajada.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en Peña Escrita. Sigues andando por la pista, cortada para el tráfico por una barrera. A los 1.800 metros un gran cartel a la izquierda indica el camino a La Bañuela. No hay que coger el cortafuegos (lo digo por experiencia) sino unos hitos que hay apenas unos metros a la izquierda. Esos hitos terminan llevando a las dos Bañuelas, la señalizada con el vértice geodésico y la siguiente, diez metros más alta.

Cima 49 de 45+3+20. Melilla. Fuerte de Rostrogordo. 135 metros. 15-9-2018

He subido a la cuadragésima nona cima justo después de regresar de Chafarinas, pero en esta ocasión lo escribo en dos relatos porque no tiene nada que ver aunque hayan sido el mismo día. En esta de Melilla no me voy a extender mucho.

Este sábado he ido a conocer las islas Chafarinas. Hemos regresado a las 20.00 horas, ya cerca del anochecer. A pesar del cansancio de todo el día, y para evitar la posible pereza de mañana, nada más llegar al puerto de Melilla me he puesto a andar hasta el Fuerte de Rostrogordo, otro lugar militar como tantos que hay en las ciudades autónomas españolas.

No he hecho fotos de la ‘ascensión’, porque esta ha sido casi cien por cien urbana, seminocturna y he ido a buen ritmo.

El comienzo pasa por algunos de los lugares más bonitos de Melilla, dejando a la derecha la ciudadela y viendo algunos de los famosos edificios modernistas.

Según se va ganando altura, se pasan otras barriadas hasta llegar a unos descampados. Ya se me ha hecho de noche. A la izquierda veo carteles del Parque Periurbano de Melilla y lamento no haber subido de día.

En poco más de media hora llego al fuerte. Afortunadamente, justo a su lado hay cuatro jóvenes jugando al pádel y uno de ellos me toma la fotografía de ‘cima’.

Lo diré casi siempre que hable de Melilla: no me explico cómo caben tantas cosas en 12 kilómetros cuadrados: aeropuerto, campo de fútbol, numerosas playas, una ciudadela todavía habitada y varias fortificaciones más, un total de más de mil edificios modernistas, algunos parques de buen tamaño, descampados, varios museos, un bonito paseo marítimo…

Apenas la recordaba de mi anterior visita hace casi 30 años, y esta vez tampoco me ha dado tiempo a disfrutarla como se merece por el retraso del avión de ayer, el viaje a Chafarinas de hoy y el regreso matutino de mañana domingo.

Bajando de Rostrogordo, lugar llamado por los melillenses Los Pinares, me he llevado una gran sorpresa. Algo cruzaba la carretera, y de repente he visto que era una pequeña tortuga. Luego he leído que su presencia es bastante habitual en Melilla.

¿Quién me iba a decir a mí que iba a ver fauna salvaje en el único ascenso totalmente urbano del reto y, además, el segundo completado saliendo desde el nivel del mar después del Teide?

Punto de salida: Desde cualquier sitio de Melilla, incluso se puede aparcar en la puerta. Yo he salido del puerto.

Distancia: Algo más de tres kilómetros he hecho sin contar el paseo hasta mi siguiente punto de destino.

Desnivel: 135 metros.

Cuánto se tarda: Poco más de media hora me ha salido.

Explícame cómo se sube sin literatura: Si no te conoces la ciudad, lo mejor es ponerte el Google Maps y seguirlo. Rostrogordo está en la parte norte de la ciudad.

La canción de Fernando:

Cima 48 de 45+3+20. Plazas Menores de Soberanía (Chafarinas). Nido de Águila. 137 metros. 15-9-2018 *

Nunca habría podido imaginar, cuando lo inicié hace poco más de cinco años, que este reto me llevaría a visitar las islas Chafarinas, uno de los territorios menos conocidos del Estado español.

Tampoco habría podido imaginarme entonces que la cima más especial de las 68, tanto de las holladas como de las que están por hollar, iba a ser prácticamente la más baja.

*Y todo ello, que por eso está el asterisco, a pesar de que no he conseguido subirla. Sin embargo, incluyo aquí el relato porque al menos la he visto de muy cerca y porque merece la pena conocer la excursión. Ello no significa que ya haya desistido, como imaginaréis.

Como expliqué en la primera de las dos ampliaciones del reto inicial, los más de 500.000 kilómetros cuadrados de España se dividen en 50 provincias, que ocupan casi el cien por cien de ese terreno; en las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, entre las cuales suman unos 30 kilómetros cuadrados; y en las Plazas Menores de Soberanía, unos lugares especiales de administración situados al norte de África que no suman entre todos ellos un kilómetro cuadrado.

Semitapando la isla del Congreso

Esa pequeñez no solo no les hace perder interés, sino que los convierte en mucho más interesantes. Y más, teniendo en cuenta que el acceso a los mismos es muy complejo por encontrarse bajo el mando del Ejército español.

Pero siempre hay excepciones… y excepciones de la excepción.

Las Plazas Menores de Soberanía son el Peñón de Vélez de la Gomera, la isla Perejil (en dudas sobre su consideración), las islas Alhucemas y las islas Chafarinas.

Las Chafarinas son tres islas: Del Rey, Isabel II y Del Congreso, las tres con espectaculares acantilados que sirven de refugio a una importante avifauna. La isla del Congreso es de largo la más elevada de las tres. Su culminación se encuentra a 137 metros sobre el nivel del mar. La he visto escrita de varias maneras, de momento la dejaré como Nido de Águila. No me preocupa tanto saber el nombre de ese lugar como poner mis pies encima de él.

Pocas referencias

Mirando un poco en internet, no vi nada. No es que no viera nada de ascensiones a ese lugar, sino que no vi nada de personas que hubieran visitado las islas Chafarinas. Al menos, no desde el concepto viajero.

Encontré que había militares residiendo en la Isabel II, una estación biológica del Ministerio de Medio Ambiente (con los que también he tenido ocasión de tratar), unas excavaciones arqueológicas para estudiar el Neolítico que ya hace tiempo se abandonaron… y una excursión anual de la Asociación de Hijos de Chafarinas. El objetivo de esta excursión es que los miembros de la Asociación puedan ver de nuevo su lugar de nacimiento, donde residieron en su juventud o donde están enterrados sus familiares.

Recibimiento en la Isabel II

Entendí que existía la posibilidad de conocer las islas gracias a esta Asociación, y eso es lo que ha sucedido hoy, así que muchísimas gracias a su presidente Jacinto.

Problema: el barco amarra en la Isabel II, donde se encuentran las ruinas de una población que debió de ser relativamente esplendorosa y donde se encuentran las actuales viviendas de los militares, y unas lanchas motoras hacen viajes a la isla del Rey, donde se encuentra el cementerio. Por esa razón, como explico en el tercer párrafo, no he podido subir al Nido de Águila.

Aun así, el día ha sido inolvidable por la posibilidad de conocer un lugar con tanta historia, tan accesible físicamente y, sin embargo, tan inhóspito.

Estábamos citados a las ocho en el muelle situado frente a la Comandancia de la Marina en Melilla, un muelle de acceso restringido que se abría hoy para nosotros. Noto que la mayoría de las personas que van llegando tienen varios conocidos en el viaje, que para casi todas ellas las Chafarinas significan mucho.

84 pasajeros

Nos hemos montado en el buque auxiliar de la Armada Mar Caribe 30 tripulantes y 84 pasajeros, alguno de más de 90 años. En contra de las previsiones que habíamos consultado, amanece un día estupendo que nos permite ver desde el instante mismo de la salida la isla del Congreso. Las Chafarinas están a unos 50 kilómetros de Melilla, 20 de Argelia y a solo 4 de Marruecos, del Cabo de Agua.

En el Mar Caribe se emplean algo más de dos horas y media desde que se zarpa hasta que se atan amarras.

Según nos vamos acercando, me gustan más estas islas. La del Congreso es espectacular. La parte occidental, la que vamos viendo todo el rato, es una pared que se levanta casi desde el mar hasta la cúspide. Si quiero subirla, está claro que no va a ser por ahí.

Medusas y agua cristalina

La rodeamos, dejándola a la izquierda, y ya se divisa algún lugar donde seguro que caben lanchas más pequeñas.

Hasta entonces, las tres islas no son capaces de distinguirse, se tapan unas a otras. Cuando nos acercamos, ya se ve bien la fisonomía de cada una: el triángulo sombreroide y montañoso de la isla del Congreso, la llanura dividida en dos de la isla del Rey con pequeñas elevaciones, y el círculo de la isla de Isabel II. En esta última, ya desde lejos, sobresalen tres torres, la de la iglesia de la Purísima Concepción, la del faro y la de vigilancia en el centro de la isla.

Atracamos por el sur de la Isabel II y ya nos están esperando los legionarios allí destinados, que van rotando cada mes. Nada más bajar, nos hacemos una gran foto de familia y nos dicen las instrucciones: comida a las 14.00 horas en la cantina y regreso de nuevo a Melilla a las 17.15.

La Isabel II y sus tres torres

Tenemos alrededor de cinco horas que empiezan con una breve misa de campaña. Después, algunos van a visitar el cementerio y la gran mayoría nos quedamos en la isla principal. Hago un último intento vano de que me pasen a la isla del Congreso, pero al menos voy recabando información. Gracias también a los que me han ayudado en este intento.

El poblado tiene un gran arco de entrada en el que, junto al nombre de la isla, aparece una fecha, la del 6 de enero de 1848. Desde aquel día, las Chafarinas son españolas, ante el interés que empezó a mostrar Francia por ellas.

El gran esplendor

El gran esplendor de las islas fue en ese siglo XIX, cuando llegaron a vivir dos mil personas y había varios comercios, teatro, un pequeño hospital y la iglesia todavía conservada.

El pueblo tuvo que ser precioso, y su estado actual todavía permite imaginarlo sin problemas, con la gran plaza de Armas y sus calles en cuesta jalonadas por decenas de casas blancas al más puro estilo andaluz.

Ahora se ve todo rápido. También me he dado una vuelta por toda la isla. En la parte oriental ‘faltan’ bastantes piedras. Son las que se cogieron para unir a través de un dique las islas de Isabel II y del Rey. Lo destruyó un temporal hace más de un siglo, pero todavía se conservan los extremos en ambas islas.

El camino de entrada al pueblo

En la comida he conocido algunas historias increíbles de cómo se vivía en este lugar a mediados del pasado siglo. También es increíble el cariño con el que recuerdan su estancia todas las personas que residieron entonces en las islas.

El baño

Después de comer, otro de los momentos más esperados de nuestra estancia: el baño. Cuando hemos llegado había cientos de medusas, pero para primera hora de la tarde ya hemos dejado de verlas. El agua del Mediterráneo está a la temperatura perfecta, y su visibilidad es de metros y metros.

No es raro que los que vivieran allí sientan algo muy especial cada vez que regresan. Algunos lo hacen con frecuencia y otros llevaban más de 35 años sin volver a la que fue su casa. También viajan varios por primera vez, algunos de ellos muy jóvenes.

Como me ha dicho un joven militar destacado allí nada más bajar, las Chafarinas tienen mucho encanto.

Punto de salida: Aunque no he subido, se sobreentiende que un lugar de la costa de la isla del Congreso.

Distancia: A ojo, calculo algo menos de un kilómetro entre la ida y la vuelta.

Desnivel: 137 metros.

Cuánto se tarda: Si algún día lo hago, lo concretaré, pero menos de media hora supongo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Así me lo han explicado a mí: nada más empezar a subir hay unos 70 escalones excavados en la roca. Cuando terminan esos escalones, se supone que empieza una cresta que hay que remontar hasta la cima.

Cimas 46 y 47 de 45+3+20. Ceuta. Torre Anyera y Monte Hacho. 349 y 204 metros. 13-9-2018

Supe que el reto de las 45 cimas debería ampliarse casi desde que lo comencé. Esa ampliación necesaria tenía que ver con las dos ciudades autónomas españolas, Ceuta y Melilla, a las que luego sumé las Plazas Menores de Soberanía, para terminar de completar el territorio español.

La segunda ampliación no tiene que ver tanto con la necesidad sino con el deseo de darle un nuevo valor, hacer algo diferente a lo que ya han hecho muchas personas. Por eso decidí subir a las cimas más prominentes de cada provincia… y de cada ciudad autónoma.

Máxima altitud y máxima prominencia coinciden en más de la mitad de las divisiones administrativas de España, pero en 20 es necesario realizar dos ascensiones. Esos 20 territorios ‘dobles’ son 19 provincias y la ciudad autónoma de Ceuta.

Viaje con guía

Hoy, precisamente, me he quitado los dos de Ceuta, en un recorrido de poco más de dos horas realizado con un guía local con el que contacté ayer desde el hostal donde me alojo. Creo que ha sido un acierto, porque además de subir a las dos montañas he conocido lugares de Ceuta a los que no habría llegado en transporte público con el tiempo del que dispongo.

En Torre Anyera

No ha sido necesario madrugar. Después de desayunar con tranquilidad, habíamos quedado a las 10.00 en el hostal.

La primera parada del recorrido era la Torre Anyera, en el extremo occidental de la ciudad autónoma, ya muy cerca de la frontera marroquí. Ceuta no son los Pirineos ni Gredos ni Picos ni las Béticas, pero mantiene muy dignamente la consideración de territorio montañoso que puede aplicarse a una inmensa parte de España. Pero en Ceuta sorprende un poco más.

En sus menos de 20 kilómetros cuadrados, Ceuta tiene una parte importante montuna, con un par de embalses, numerosos senderos, varios barrancos, flora y fauna abundantes y, además, el mar.

Hay rutas más interesantes que las que yo he hecho, caminatas de dos o tres horas, pero yo he preferido pisar los sitios de la manera más rápida posible.

Para subir a la Torre Anyera hemos ido por la carretera que une varios fuertes, construcciones llamadas ‘neomedievales’ porque fueron construidas en el siglo XIX con estética antigua. Estas fortalezas, con valor militar, tienen su continuidad en Marruecos y son todas muy parecidas.

La Torre Anyera es una de ellas. El guía, cuyo contacto puedo facilitar a quien visite Ceuta, me ha llevado primero al Mirador de Isabel II. Se tiene una vista espectacular de la ciudad, pero es mejor ir por la tarde porque ahora el sol nos daba muy de cara.

La mejor manera de subir

En el mirador, unos trabajadores del monte nos han informado de la mejor manera de subir a la Torre Anyera: bajar algo menos de un kilómetro hacia el sur y aparcar en un merendero. Eso hemos hecho. Mientras el guía me esperaba, yo me he acercado hasta la Torre, en un paseo de diez minutos en el que es necesario rodear el García Aldave, uno de los numerosos acuartelamientos militares de Ceuta.

Como me estaban esperando, no me he estado mucho rato en la Torre Anyera. Las vistas, además, están muy condicionadas por los grandes eucaliptos y coníferas que rodean la elevación. Son mejores desde muchos puntos de la carretera.

Me he hecho las tradicionales fotos con el autodisparador, y al coche.

La mujer dormida

Una vez montados, le he pedido a Foat que me llevara a conocer Benzú y la valla, la famosa valla fronteriza por donde de vez en cuando intentan saltar los subsaharianos para entrar en España. La valla está al lado del pueblo, pero se la ve subir también ladera arriba. Hace tres semanas volvió a ser protagonista de uno de estos intentos masivos de cambiar de mundo en apenas unos metros.

Visitada la valla, regreso al centro para conocer justo la otra parte de la ciudad, la oriental, para subir al Monte Hacho. Aunque no lo he visto en ningún sitio, está claro que la Torre Anyera no es el punto más prominente de Ceuta. Bajando poco más de medio centenar de metros se tiene acceso a terrenos más elevados, ya en territorio marroquí.

El Monte Hacho, una de las dos antiguas Columnas de Hércules junto al Peñón de Gibraltar (o eso parece), sí tiene sin embargo una prominencia muy similar a su altura porque es necesario bajar y atravesar todo el centro de Ceuta antes de encontrar mayores elevaciones.

Como también es un lugar militar y no es posible acceder a su interior, me he acercado a la puerta y ahí me he tomado las fotografías. Aunque es bastante menos montañoso que la parte occidental, también hay algunos senderos marcados.

En el Monte Hacho

Se ve el mar por todos lados, especialmente desde el mirador de la ermita de San Antonio, donde hemos realizado la última parada turística de la mañana después de haber recorrido buena parte de Ceuta.

Potencial turístico

Intuyo que la ciudad autónoma tiene un potencial turístico que todavía debe explotar. Casualmente, mañana mismo empieza una fortísima apuesta de casi un millón de euros para que los turistas de la península puedan pasar en ferry de Algeciras a Ceuta por apenas 16 euros ida y vuelta los fines de semana.

Yo vine en helicóptero y me iré en helicóptero. Ayer a mi llegada ya pude ver desde el aire los lugares que he pisado esta mañana en la primera visita de mi vida a Ceuta. Esta tarde me despediré de ellos de nuevo desde el aire.

Punto de salida: Para Torre Anyera hay varias rutas. Yo he subido desde un merendero que hay a un kilómetro del Mirador de Isabel II. Para el Monte Hacho, hay un tramo de hormigón que sale de la carretera y que llega a la misma puerta.

Distancia: Sustancialmente nada o muy poca. Para la Torre Anyera sí que he andado unos 1.500 metros de ida y vuelta. Para el monte Hacho, a lo mejor 500, pero se pueden hacer menos si se sube en coche el tramo de hormigón.

Desnivel: Irrelevante en el primer caso e insignificante en el segundo.

Cuánto se tarda: La ruta completa de coche y dos montañas nos ha llevado unas dos horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Torre Anyera: aparcas en el merendero situado en una cerradísima curva a izquierdas bajando del Mirador de Isabel II. Desde allí sube una pista y en diez minutos, tras rodear el cuartel de García Aldave, llegas a la torre. Monte Hacho: supongo que si lo pones en el navegador de tu coche llegas hasta la puerta, donde amablemente te informan de que no se puede continuar.

 

La canción de Fernando:

 

Ampliación 2 de 2: Las cimas más prominentes de cada provincia

Ascendidas ya las 45 cimas más altas de cada provincia española, expliqué que iba a hacer una primera ampliación intentando subir a las más altas de las dos Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla) y de las Plazas Menores de Soberanía (situada en la isla del Congreso, en las Chafarinas).

Lo de las Ciudades Autónomas es también medio habitual, pero lo de las Plazas Menores de Soberanía sí es un buen elemento diferenciador, aunque sé que va a ser muy complicado.

Además de esa primera y breve ampliación, quiero hacer una segunda, que es el intento de conquista de la cima más prominente de cada provincia española.

La prominencia (los metros que hay que bajar desde una cima antes de subir a otra más alta) es un concepto cada vez más de moda entre los amantes de la montaña, especialmente entre los amantes teóricos. Ya se han publicado libros sobre las principales montañas españolas por su prominencia y me consta que en breve saldrá algún otro.

El Torrecilla de Málaga. aristasur

Para darle mayor valor a mi reto, quiero incluir estas montañas prominentes y, ya desde hoy, digo que va a ser la última ampliación. ¿Es necesario este aviso? Sí, porque existe un tercer concepto para valorar una montaña, que es la relevancia. Aunque es muy interesante, incluye una pequeña apreciación subjetiva. La relevancia de una montaña es una mezcla de su altitud y de su prominencia, pero la importancia que se la da a cada una de estas dos variables incluye ese elemento de subjetividad al que me refiero. 

La prominencia, sin embargo, es un valor absoluto, aunque en ocasiones difícil de medir. Con el tiempo, es posible que la lista cambie por el avance de la tecnología, pero de momento las montañas que quiero subir son las que aparecen en la biblia del montañismo español, Mendikat, como las más prominentes de cada provincia.

Ello me da que tengo que regresar a 19 cumbres más… quizás 20. En 30 provincias, coincide la mayor altitud con la mayor prominencia. En una más, en Lugo, su cima más prominente es el monte Faro, que casualmente es la más alta de Pontevedra, así que ya está tachada.

Por tanto, las 19 que faltan son:

Provincia-cima más prominente-metros de altitud-metros de prominencia

Albacete-Almenara-1.796-650

Almería-Morrón de la Lagunilla-2.247-1323

Barcelona-Turó de l’Home-1.706-1.121. Cima 52. 20-10-2018

Burgos-Castro Valnera-1.718-866

Cáceres-Villuercas-1.595-956

Cantabria-Morra de Lechugales-2.443-995

Castellón-Tossal de Saragossa-1.082-553. Cima 53. 25-1-2019

Ciudad Real-Bañuela-1.332-649. Cima 50. 16-9-2018

Coruña-Pilar-Iroite-687-550

Cuenca-Collado Bajo-1.839-414

Gerona-Puigmal-2.910-1.331. Cima 51. 20-10-2018

Huelva-Castaño-960-424

Málaga-Torrecilla-1.918-1.472

Murcia-Carrascoy Occidental-1.064-857

Navarra-Beriain-1.493-899

Palencia-Cuchillón-880

Tarragona-La Creu de Santos-942-697

Valencia-Montdúver-843-587

Valladolid-El Pozuelo-866-111

Esta segunda ampliación me permitirá ir a sistemas montañosos que se escaparon en la primera parte del reto y que me apetecen muchísimo: Sierra Morena, Sierra de Gádor, de las Nieves, Alto Campoo, la Cordillera Costero-Catalana, Aracena, Andía… y alguna más. Otras me dan un poco más de pereza, pero en cualquier sitio encontraremos algún atractivo, arriba de las montañas o en sus faldas.

Además, me temo que en Ceuta su cima más prominente no es el Torre Anyera (que es la más alta pero que al lado tiene el Monte Anyera, seis metros más elevado pero ya en territorio neutral) sino el Monte Hacho (Cima 47. 13-9-2018). Así que creo que también me acercaré a este lugar, para el cual creo que también tendré que ponerme en contacto con las autoridades militares como ya me ha sucedido en anteriores ocasiones en este reto.

Plazo

Como ya hice con la primera parte del programa, me quiero poner un plazo para terminar estas dos ampliaciones. Me gustaría ascender a estas 22-23 cimas nuevas antes del 31 de diciembre de 2020. El ritmo es similar al de la otra vez, ni muy relajado ni muy estresante.

Como siempre, se irá informando.