Cima 59 de 68. Cantabria. La Morra de Lechugales. 2.474 metros. 3-8-2019

Sábado soleado de agosto en Picos de Europa. A priori, suena a aglomeraciones de personas, como nos sucedió ayer en la Ruta del Cares. Pero los Picos de Europa son tan grandes, en los dos sentidos, como para que no tenga que ser necesariamente así.

La Morra de Lechugales, el lugar más prominente de Cantabria, va a ser uno de los hitos destacados de este reto. No era el plan inicial que se reuniera un grupo tan grande de personas para subir al pico más alto del Macizo Oriental de los Picos.

Y al final, sin embargo, 16 sorianos nos hemos acercado a esta zona limítrofe entre Cantabria y Asturias: Andrés, Ángel, Asier, Carlos, Chupi, Encarna, Evaristo, Félix, Germán, José 1 y 2, Mari, Nacho, Óscar, Sergio 1 y 2.

En cinco grupos diferentes, nos hemos acercado entre jueves y viernes a Puertas, en el concejo asturiano de Cabrales, nuestra base de operaciones cada vez que nos movemos por la zona.

Esta mañana hemos quedado a desayunar a las 8.00, salvo Félix, Nacho y Óscar, que se han ido a las 5.30 porque han decidido subir a la Morra desde la vertiente cántabra, a través de la empinada Canal de Lechugales, partiendo de la localidad de Tanarrio. La idea era juntarnos allí arriba, como así ha sucedido.

El resto de los expedicionarios hemos respetado el horario casi al milímetro: desayuno a las 8.00, salida de casa a las 8.30 y llegada al Jito de Escarandi tres cuartos de hora después. Tras no muchos más preparativos, hemos empezado a andar a las 9.35.

Las nubes que han cubierto todo el día los valles y las tierras bajas del Oriente asturiano han estado siempre por debajo de nosotros. Durante toda la excursión, lo único que hemos visto arriba ha sido el sol, un cielo azul ideal y cientos de piedras, neveros, cabras y montañas.

La ruta más habitual para la Morra de Lechugales sale de aquí, del Jito. Las demás, o son más largas o más técnicas o más empinadas, así que para un grupo amplio era conveniente limitar las probaturas.

En el Jito de Escarandi quizás hubiera una quincena de coches, pero en todas las horas que al final hemos pasado en el monte apenas hemos visto media docena de grupos a partir del Casetón de Ándara.

La primera parte de la ruta es la más sencilla de explicar y de seguir. Hay que salir desde el Jito de Escarandi por la pista forestal, apta para todoterrenos, que parte hacia ese Refugio-Casetón de Ándara. No hay desvíos ni pérdidas posibles.

Se nos vienen las cabras

En esta época del año, en el Casetón es posible tomar bocadillos, refrescos, café, cervezas y, lo más importante, agua, elemento que desaparece en su estado líquido a partir de este punto. Nosotros íbamos bien servidos, así que no hemos tenido que rellenar.

El track que hemos decidido seguir es uno de los más habituales, el que sigue un recorrido circular a partir de ese Casetón de Ándara. Sin ningún criterio definido, hemos optado por empezar a subir por la izquierda de ese track, en lo que parece la ascensión más natural hacia la Morra.

Esta ruta es la que, saliendo desde la misma puerta del Casetón y después de descender unos metros, gira bruscamente a la izquierda para empezar a ganar altitud a buen ritmo. Se pasa cerca de varias simas de profundidad desconocida, algunas de las cuales se encuentran valladas por seguridad.

Subir de este modo perpendicular la ladera permite llegar en media hora al pico Castillo de Grajal, que hay que dejar a la izquierda y no a la derecha como hemos hecho nosotros durante unos minutos, antes de regresar al camino que debíamos seguir. Ya vamos a estar todo el rato por encima de los 2.000 metros.

La subida continúa casi en línea recta y sin descanso hasta el llamado Collado del Mojón. Las vistas desde allí de toda la vertiente sur del cresterío son totalmente diferentes a las vistas de la cara norte: dos impresionantes canales, la de Arredondas y la ya nombrada de Lechugales, ayudan a salvar los más de 2.000 metros de desnivel que separan las mayores alturas del Macizo de Ándara de los prados del fondo del valle del Liébana.  

En este Collado del Mojón, la lógica de los mapas invitaría a seguir la cresta, pero la realidad del terreno exige lo contrario. Es preferible cruzar a la otra vertiente y perder un centenar de metros de altitud, para ir recuperándolos poco a poco antes de volver a la cresta. En esa bajada es donde nos hemos topado con un gran rebaño de cabras que han hecho el amago de venirse con nosotros atraídas por nuestra comida.

Paisaje rocoso de Picos

Todo este avance ya no es un alegre caminar, pero con tiento y paciencia se van sorteando los entretenidos bloques de piedra mientras se ganan metros, primero en dirección oeste y luego en dirección sur, dejando a la derecha la Pica del Jierru, una de las tres cumbres que superan los 2.400 metros en el Macizo Oriental de Picos.

Ya muy cerca del tramo final, y siguiendo en línea recta, se ven unos puntos rojos pintados en las piedras que indican el camino hacia una gran cumbre. El pensamiento primero es que se trata, al fin, de la Morra de Lechugales.

Pero no. Ese pico tan elevado es la Silla del Caballo Cimero, apenas diez metros más bajo que la Morra. Esta última, nuestro objetivo de hoy, nos ha obligado a desandar por segunda vez en la mañana unos pocos metros. Todo este tramo final transcurre por el límite entre las comunidades autónomas de Asturias y Cantabria. Hasta ahora, la ruta completa iba por tierras cántabras salvo el punto de salida, el Jito de Escarandi, que también es mojonero.

Reubicados en nuestra ruta, y después de una pequeña y sencilla trepada para llegar a la base de la Morra, toca afrontar el famoso paso final de la misma, aquel que desaconseja a algunos de los que llegan a la base hacerse una foto en la cima. Nosotros, de 16, hemos subido 14. 15 de 17 contando a la perra, Huni, que también ha subido por el otro lado con Félix, Nacho y Óscar, que han llegado al punto de reunión un rato antes que nosotros.

Ese paso final es una trepada de cuatro o cinco metros en la que habitualmente hay una cuerda, como así ha sido hoy. Con alguien con un poco de experiencia (más importante que la cuerda) y con la cuerda en sí, no es difícil superar este acceso a la cima. Desde el final de la cuerda hasta la cumbre hay un minuto de andada, cuyo premio en un día como hoy es una majestuosa vista de todo el Macizo Central de Picos de Europa, separado de nosotros por las asturianas Vegas de Sotres y por los cántabros Puertos de Áliva.

El descenso, finalmente, lo hemos hecho por la misma ruta. La circular supondría dejar ahora la Pica del Jierru de nuevo a la derecha.

Bajando a la Huni

La alegría de la coronación y el espléndido día han animado a varios de los 16 expedicionarios a bajar corriendo desde que el terreno lo ha permitido hasta los coches. Otros han decidido ir más tranquilos y premiarse con una parada en el Casetón de Ándara.

La ampliación del reto ha posibilitado esta populosa y veraniega ascensión a una cumbre espectacular y no muy conocida. A la vuelta hemos visitado Tresviso, el municipio cántabro incrustado en Asturias, antes de celebrar la jornada en Puertas.

Mañana por la mañana iremos de alguna manera a por el quinto coche a Tanarrio, antes de empezar a preparar las nueve últimas cimas.

Punto de salida: Jito de Escarandi.

Distancia: Hoy, 18 kilómetros.

Desnivel: Al final nos han salido 1.500 metros positivos.

Cuánto se tarda: Subir hemos subido todos juntos. Para bajar hemos hecho grupos. El último ha tardado ocho horas. Los primeros, alrededor de una hora y media menos, pero se han perdido la parada en el Casetón de Ándara.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde el Jito de Escarandi, sigue el track del que más te fíes. Hasta el Refugio-Casetón no hay misterio. Desde allí, hay que seguir por alguna de las sendas que suben, o bien casi de frente o bien ligeramente a la derecha. Nosotros hemos seguido por la que va más de frente hasta el Collado del Mojón, desde donde hay que ir poco a poco en dirección Suroeste, ganando altura por la cresta salvo en el tramo que parece preferible pasar a la otra vertiente. Al final, cuidado de no confundir la Silla del Caballo Cimero con nuestra Morra.

Cima 58 de 68. Palencia. El Cuchillón. 2.174 metros. 20-7-2019

Las dos grandes y más características montañas de Palencia, el Curavacas y el Espigüete, se quedan curiosamente fuera de este reto por una circunstancia: la cercanía del epicentro de la llamada Montaña Palentina con la provincia de Cantabria.

Así, el pico más alto de Palencia es el Peña Prieta Sur o Pico del Infierno, una antecima del Peña Prieta. Esta gran montaña cántabra, además, impide que los citados Curavacas y Espigüete lleguen a los 500 metros de prominencia… aunque no les resta ni un gramo de sus merecidas trascendencia y fama.

A poco más de 20 kilómetros en línea recta hacia el oriente, separando igualmente estas dos provincias de Palencia y Cantabria, se encuentra la Sierra de Peña Labra o Sierra de Híjar. Una cimbreada carretera asfaltada asciende desde la vertiente cántabra hasta poco más de los 2.000 metros, algo no muy frecuente.

En la cruz junto a la cima

¿Por qué? Probablemente, por dos razones. Por un lado, porque en esta carretera se encuentra Brañavieja o, lo que es casi lo mismo, la estación de esquí de Alto Campoo. Brañavieja está a poco más de 1.600 metros.

¿Qué justifica que la carretera continúe hasta los 2.008 metros de la Fuente del Chivo en verano, ya que en invierno esta carretera queda cubierta por la nieve de las pistas de la estación?

El emblemático Tres Mares

A poco más de 20 minutos a pie desde esta Fuente del Chivo está el Pico Tres Mares, un lugar emblemático y un nombre completamente descriptivo ya que en este punto situado a 2.171 metros se unen las cuencas hidrográficas que dan a los tres mares que bañan España: el Cantábrico, el Atlántico y el Mediterráneo.

Y, sin embargo, tampoco el Tres Mares era nuestro objetivo de hoy, ya que por apenas tres metros no es el punto cimero de la Sierra de Peña Labra.

La montaña más alta de esta zona es El Cuchillón, y allí hemos puesto nuestras botas Nacho y yo en una de las pocas ascensiones vespertinas de este reto. Ya van 58 y quedan 10.

Tú me sobrevuelas

No era la idea original subir por la tarde. En realidad, tampoco había una idea original muy definida. A las 8.00 de la mañana hemos salido de Soria capital los dos citados junto a Pachu y Raquel, en coche único. También ha venido la Huni, la perra que no debuta en este reto.

De camino hacia nuestro campo base, Reinosa, hemos parado también en San Leonardo, en Barbadillo del Mercado y en Aguilar de Campoo. Además, hemos preferido dejar todas las cosas en nuestro hotel lo primero. Por todo ello, y como no hacía mucho calor, hemos decidido comer en Reinosa y subir después al Cuchillón cuanto antes, porque las previsiones del tiempo empeoraban según avanzaba el día.

Nada más comer, un viaje en coche de unos 40 minutos nos ha llevado hasta la Fuente del Chivo. Allí, Pachu y Raquel se han quedado vigilando el vehículo y disfrutando de la botánica de la zona, mientras Nacho y yo nos hemos echado a andar junto a la Huni y junto a una compañera no programada: una espesísima niebla.

Nacho se ha conseguido descargar el mapa de la zona, lo que en algunos tramos de la caminata ha resultado de gran ayuda junto al GPS.

El trayecto entre la Fuente del Chivo y el Cuchillón se divide en dos partes muy sencillas de diferenciar. Primero se asciende por una pista hasta casi el Tres Mares. Esta pista es apta para vehículos, pero está prohibido circular en ella, prohibición que no todo el mundo respeta como hemos comprobado.

En la antecima

En poco más de tres cuartos de hora hemos llegado a una cruz que, en un primer pensamiento rápido, se asocia con la cumbre del Tres Mares. Pero no, realmente es una antecima situada al sureste. El Tres Mares auténtico se vislumbra a apenas unos pocos metros, quizás a cinco minutos a pie, un gran triángulo con un lado completamente vertical, otro formando unos 45 grados y otro oculto entre la gran ladera.

Las vistas desde el Tres Mares SE, el que sí hemos hollado, son impresionantes: a la derecha, el Tres Mares verdadero; de frente, un gran mar de nubes y muy al fondo las moles de los Picos de Europa; en algún lugar a la izquierda, el Cuchillón; detrás de nosotros, todavía la niebla.

Al ver la cúspide del Cuchillón a la izquierda, pero al no poder distinguir por la niebla el que debía ser nuestro camino, hemos seguido ese rumbo, hasta que muy pronto nos hemos dado cuenta de que no era por ahí: un inmenso acantilado cortaba nuestro paso. Esta es la segunda parte del trayecto.

Un error de cálculo en el regreso

El mapa nos lo ha mostrado con claridad: no se puede ir en línea recta, sino que es necesario descender unos metros por una arista antes de subir de nuevo por otra. El problema es que la unión de ambas aristas, por lo que hemos visto hoy, ofrece un único punto ‘débil’.

En otras condiciones, lo habríamos encontrado con mayor facilidad. Hoy, por la niebla, nos hemos despistado del hito que marca ese punto de paso. Cuando hemos pensado que ya habíamos bajado en exceso, un nuevo vistazo al móvil nos lo ha corroborado.

Vuelta para atrás, hacia arriba, y ahora sí, en apenas dos minutos, y justo cuando hemos visto a otros tres montañeros que también iban hacia el Cuchillón, hemos encontrado el hito que marca con claridad el paso. Por lo que nos ha parecido hoy, más arriba o más abajo solo hay cortados imposibles de atravesar.

Una vez encaminados correctamente, solo toca andar por esa gran arista, dejando siempre a la derecha la provincia de Palencia, la comarca y municipio de La Pernía, y a la izquierda las pistas de la estación de esquí.

Pachu y Raquel

En todo este tramo hemos tenido poca niebla, así que no nos ha costado dirigirnos hacia nuestro objetivo con buen paso. Llega un momento en el que la senda sube hacia la izquierda, y nosotros con ella. Hay que andar sobre piedras, fácil, para coronar primero una antecima sin nombre de 2.151 metros y después, por fin, los 2.174 del Cuchillón, donde es posible fotografiarse junto a otra cruz (aunque tampoco es justo el punto más alto) y volver a disfrutar de las vistas de la parte palentina de la sierra.

Como nos esperaban, no hemos demorado mucho la vuelta. El regreso ha sido idéntico hasta el lugar de paso entre las dos aristas. Una vez en él, en vez de volver al Tres Mares, hemos seguido de frente.

De esta manera se sale directamente a la pista que, en cuatro zancadas, nos ha dejado de nuevo en la Fuente del Chivo. Este camino es unos minutos más corto, pero una vez que se visita esta zona merece la pena acercarse al Tres Mares.

Una vez reagrupados los equipos de aproximación y cima, la expedición completa ha deshecho el camino recorrido en vehículo hasta Reinosa, con una sola parada: el nacimiento del Ebro en Fontibre. Antes de visitar los lugares de España más remotos, es necesario conocer los ‘obligatorios’.

Punto de salida: La Fuente del Chivo.

Distancia: Nos habrán salido unos siete kilómetros.

Desnivel: Hoy, alrededor de 500 metros positivos entre la ida (Tres Mares, Cuchillón) y la vuelta (algo más de media subida al Tres Mares).

Cuánto se tarda: Hemos empleado dos horas y diez minutos, una hora y cuarto ha sido de ida y unos 50 minutos de vuelta.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde la Fuente del Chivo, sigues por la pista que sube. Si no quieres llegar al Tres Mares, estate atento a una senda que sale a la izquierda. Esa senda sirve para unir las dos aristas por su único punto atravesable. Cuando llegas a la segunda arista, la sigues sin problemas hasta el Cuchillón, recordando que primero se pasa una antecima y que la cruz no está arriba del todo.

Cima 57 de 68. Valladolid. Pozuelo. 866 metros. 8-5-2019

La provincia de Valladolid es una inmensa paramera, una especie de gran tierra llana sin apenas elevaciones, inclinada levemente hacia la izquierda para permitir que el río Duero siga su recorrido y desagüe bastantes kilómetros después en el Atlántico, en tierras portuguesas. Por ello, los puntos más altos se encuentran en tierras orientales, puntos sin apenas prominencia por encontrarse muy cerca del límite de las provincias de Burgos y Segovia.

¿Cuál es entonces el lugar más prominente de Valladolid? Como es sabido, las montañas ‘crecen’ y ‘decrecen’ con el paso del tiempo, según cambian las percepciones, los sistemas de medición o los criterios de altitud.

Por tanto, si ya existen problemas para determinar lo que mide una montaña, mucho más difícil es averiguar su prominencia. Y más, curiosamente, en territorios como el vallisoletano, donde cuesta encontrar los puntos referentes.

Si se le sigue dando a este concepto la importancia que cada vez más se le atribuye, los avances tecnológicos se emplearán en conocer la prominencia de cualquier punto que la tenga distinta de cero, y es muy probable que el listado que ahora mismo estoy siguiendo experimente algunos cambios, como ya los experimentó el listado de montañas más altas de cada provincia que se manejaba hace 20 años.

En la ‘cima’

Dicho lo cual, siguiendo a Mendikat, el lugar creado por la naturaleza y sin intervención del hombre más prominente de la provincia de Valladolid es el que los mapas llaman Pozuelo. Se encuentra en la sierra-meseta situada justo encima de las localidades de Pedrajas de San Esteban e Íscar, tierras famosas por sus pinos piñoneros. En esa misma meseta se encuentra el castillo de Íscar, cuya Torre del Homenaje mide 30 metros y se eleva 878 metros por encima del nivel del mar, 12 más que el llamado Pozuelo.

Para llegar a estos puntos no muy indicados y en los que lo normal es que no veamos a nadie, lo que mejor me funciona es la aplicación Mapas de España, la versión gratuita del Orux Maps. Esa aplicación utiliza los mapas del Instituto Geográfico Nacional y, según ellos, en esta meseta hay numerosos puntos por encima de 850 metros y varios por encima de 860. Dos de ellos, siempre según el IGN, miden 866.

Como están separados por unos pocos metros y como es muy fácil llegar a ellos en coche (fácil con la aplicación), este mediodía he estado visitando los dos.

Para llegar hasta aquí, he realizado un intenso viaje desde Vigo, donde he dormido, con algunas paradas para conocer Medina del Campo y Olmedo, situadas cerca de Íscar.

Nada más llegar aquí, he aparcado y he visto que lo que tenía que hacer era dirigirme hacia el castillo. En cinco minutos o menos se llega al alto de la meseta, después de salvar un centenar de metros de desnivel en cuatro curvas.

Según subía, me he encontrado con una persona corriendo por montaña con su perro. No son largos desniveles, pero al haber muchos caminos de subida y de bajada sí pueden salir entrenamientos entretenidos. Y si quieres llano, tienes toda la gran meseta.

Al llegar arriba, en vez de girar a la izquierda hacia el castillo, se abandona el asfalto y es necesario seguir de frente y adentrarse en los caminos agrícolas. Hay muchos y son aptos para cualquier coche. No merece la pena buscar con la mirada lo que parezca una elevación, pues estas no existen.

Además, en cualquier lugar hay apilamientos de piedras, que son las que se han ido quitando al terreno antes de plantar los cereales en él, y es fácil confundir esos apilamientos con ‘falsos’ vértices geodésicos, como pasaba en el Cuchillejos y en otros hitos de este reto.

En el primer punto

Es más sensato, una vez en la meseta, coger el móvil con Mapas de España y buscar esos dos puntos de 866 metros. Para llegar a uno de ellos, hay que meterse unos 60 metros en un campo de labor. Nada hace intuir que ese punto es más alto que cualquiera de los de alrededor.

El segundo, el que se encuentra más cerca de Pedrajas de San Esteban, introduce una pequeña novedad. Se encuentra justo al lado de otro de los caminos y en él también hay muchas piedras apiladas, pero me han parecido de mayor tamaño y puestas con mayor criterio que las de otras montoneras de la meseta. Allí es donde me he retratado corriendo contra el automático de la cámara.

Me dicen en un bar de Íscar que no saben cuál es el punto más alto de su sierra y que estas piedras que les enseño en fotos no significan nada. Ellos tampoco le llaman Pozuelo a ningún lugar de sus montes.

Me da igual. He disfrutado muchísimo con la búsqueda de estos dos puntos, con los intentos para hacerme la foto en el segundo de ellos, con el fortísimo viento que movía las hierbas y los pinos, y con el pensamiento de que dentro de algunos años este no será el lugar más prominente de la provincia de Valladolid.

Punto de salida: Se puede subir en coche desde Pedrajas de San Esteban o desde Íscar.

Distancia: Para el primer punto, 60 metros. Para el segundo, nada.

Desnivel: Ninguno.

Cuánto se tarda: De Íscar a Íscar, por incluir el tramo del coche, media hora o algo menos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde Íscar, subes en coche hacia su castillo. Arriba del todo hay una fuerte curva a la izquierda. Dejas en ese momento el asfalto y sigues de frente. Para encontrar los dos puntos hay que ayudarse del GPS. El primero está en el primer cruce a la izquierda, y luego andando unos metros a la derecha El segundo, más notorio gracias al bloque de piedras, está junto a un camino después de girar de nuevo a derecha y a izquierda.

Cima 56 de 68. La Coruña. Iroite. 687 metros. 7-5-2019

El pedazo de tierra comprendido entre las rías de Arosa por el sur y la de Muros-Noya por el norte es la llamada península del Barbanza, situada de pleno en la provincia de La Coruña. La comarca es conocida como El Barbanza (O Barbanza), si bien oficial y administrativamente se divide entre los municipios bañados por cada una de las dos rías.

Tiene cierta lógica, ya que la península está partida en dos por un eje longitudinal: la sierra del mismo nombre, del Barbanza. Sus alturas están muy lejos de ser espectaculares, pues no llega a los 700 metros, pero teniendo en cuenta la escasa montaña con la que cuenta la provincia de La Coruña, esta sierra puede considerarse uno de sus terrenos más montunos.

De hecho, si hoy he venido aquí es porque se estima que en este lugar se encuentra el punto más prominente de La Coruña, el Iroite, con 687 metros de altura y 550 de prominencia. Cuando haga el pico (punto) más prominente de Valladolid me extenderé en alguna explicación, ahora de momento me limito a contar lo que ha sucedido hoy.

La bola cimera

Y hoy ha empezado con un fuerte madrugón en Vigo, donde me alojo estos días por culpa del Numancia Juvenil, que se ha clasificado por primera vez en su historia para la Copa de Campeones de la categoría. Ayer le eliminó el Villarreal en cuartos.

Como he salido pronto, también pronto he llegado a Boiro, ya en La Coruña y ya a los pies de la Sierra del Barbanza. El camarero del bar donde he almorzado, bastante montañero por cómo hablaba sin yo decirle mis intenciones, me ha recomendado que fuera mejor a los sitios de montaña del Barbanza, para él más bonitos que los de playa.

Entonces es cuando le he dicho mi plan, subir al Iroite, pero que prefería esperar un poco porque no tenía prisa y porque la montaña se veía totalmente cubierta de nubes. El camarero se ha asomado a la calle, y ha convenido en que era mejor hacer algo de tiempo a ver si levantaba el día.

Por esa razón, he visitado antes lo que quería visitar después, la Gran Duna de Corrubedo, la mayor duna de todo el norte de España. No hacía frío pero sí bastante viento. La duna, de hasta 20 metros de altura, en teoría solo puede verse, pues está prohibido salirse de las pasarelas de todo este espacio natural. Decenas de pisadas demuestran que a pocos intimidan las multas de hasta 6.000 euros que se imponen desde que en 2006 se decretó la prohibición.

Por seguir haciendo un poco de tiempo, he entrado en Ribeira (Riveira) y Puebla del Caramiñal (A Pobra do Caramiñal, cuyas piscinas naturales del río Pedras algún día visitaré). El día seguía con nubes arriba, así que ya he decidido lanzarme.

Dejando hacer al automática de la cámara

El Iroite, este techo del Barbanza, se encuentra al menos en dos epígrafes de todo este gran reto de las 68 cimas: cima a la que se puede llegar en coche y cima para la cual hay que pedir permiso por encontrarse dentro de un terreno militar. Esto último me sorprendió cuando lo descubrí hace algunas semanas, preparando el viaje.

Pudiéndose subir en coche… en coche he subido. La cima tiene carretera por los dos lados, pero yo he subido las dos veces por el mismo, desde Boiro. No hay más misterio que poner el GPS o el Google Maps y seguir las indicaciones. Primero se pasa un bosque de eucaliptos y después otro de pinos.

Esta cara sur es menos agreste que la norte, desde donde la distancia con el mar es de menos de tres kilómetros.

Cuando se llega arriba del todo se empiezan a ver numerosas vallas. Como decía, es terreno militar y, más concretamente, otro Escuadrón de Vigilancia Aérea del Ejército del Aire, el 10, el tercero que me encuentro en este proyecto junto a los de Islas Baleares y Alicante.

Como en esos dos, una gran bola corona el interior del recinto. Esta vez ni me he molestado en pedir permiso. La cima es una gran explanada, así que no sé exactamente cuál será el punto más alto. Para darle la vuelta completa al recinto, algo que no llevaría mucho tiempo, también hay que sortear algunas vallas de propiedades privadas.

No he visto a nadie en el EVA, ni siquiera en la puerta de entrada, a pesar de que dentro había alrededor de una veintena o más de coches.

No sé si por restricciones militares o de mi compañía telefónica, allí no andaba bien de internet, lo que me ha extrañado. Por esa razón no he podido ver entonces que el vértice geodésico parece que está dentro del recinto, pero justo en su límite, y al otro lado de donde se llega en coche. Por esa razón, para la próxima, miraré esos pequeños detalles con antelación.

Las vistas… igual, tendrán que esperar para la próxima vez, y eso que por lo que he oído en la radio he podido hasta he podido tener suerte porque se esperan un tiempo más revoltoso para los próximos días, con lluvia y mucho viento.

De lo que son las 50 provincias, este monte Iroite es el punto más bajo que tengo que visitar, y visitado está. Como casi todas estas zonas a las que voy un poco de pasada, creo que aquí merece la pena pasar unos días, sobre todo en verano.

El mar y la montaña se pueden compatibilizar no ya en el mismo día, sino en un rato: un paseo por cualquier lugar de la Sierra del Barbanza y un posterior baño en cualquiera de las numerosas playas de la zona que hoy mismo han conocido que mantendrán su bandera azul para el inminente verano de 2019.

Punto de salida: El mismo que el de llegada, aunque se puede intentar dar un paseo de unos minutos alrededor .

Distancia: Testimonial.

Desnivel: El mismo que la distancia.

Cuánto se tarda: El rato que estés en la cima disfrutando de las vistas cuando se pueda

Explícame cómo se sube sin literatura: La carretera a la Sierra de Barbanza sube desde Boiro. Una vez que se coge, ya no hay desvíos hasta la gran explanada cimera.

Cima 55 de 68. Huelva. Cerro del Castaño. 960 metros. 15-2-2019

Aquí seguimos, ensanchando la historia del alpinismo español y universal, reescribiéndola con letras doradas. El escenario de nuestras hazañas de hoy ha sido el Cerro del Castaño, a menos de 1.000 metros sobre el nivel del mar y de poco más de 200 de desnivel, salvados en un caluroso viernes de febrero.

He leído que, durante algún tiempo, este Cerro del Castaño fue considerado el lugar más alto de la provincia de Huelva. Ya nadie duda de que ese honor le corresponde al Bonales Occidental, situado también al norte de la provincia, pero fuera de la sierra de Aracena. Este Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es el lugar más conocido de las montañas de Huelva, una provincia cuya riqueza natural está entre las punteras de España. El siguiente reto quizás esté relacionado con los Parques Nacionales…

Cima

Como sucede en varias montañas de esta aventura, requieren más relato las motivaciones y la aproximación que el ascenso en sí.

¿Hemos venido ex profeso a este lugar situado a 800 kilómetros de nuestra casa? Claramente, no. Estamos preparados para pasar un fin de semana en Sevilla, donde mañana sábado nos reunimos 150 sorianos para comer y donde el domingo muchos de ellos corren la maratón, entre ellos nada menos que Fermín Cacho y Abel Antón, a quienes se va a rendir homenaje.

Como el día de hoy iba a ser largo, hemos decidido acortarlo quedando a las seis de la mañana, hora a la cual me han recogido en mi casa Alfonso, Eduardo, Elisa e Izana. Soy el único que no empieza por vocal. Tras un poco de atasco en Madrid, la primera de las dos paradas ha sido nada más cruzar la provincia de Toledo. La segunda, unos cuantos kilómetros después, ha sido en las cercanías de Mérida, pues hemos bajado por la A-5 y, después, por la autovía de la Ruta de la Plata.

La tercera parada ha sido la última antes de emprender la ascensión. Ha sido en Castaño del Robledo, el pueblo más alto de Huelva, su segundo municipio menos poblado y uno de los más bonitos según hemos podido comprobar a través de nuestros ojos y a través de los recortes de periódico colgados en el bar donde hemos parado a comer.

Hemos llegado alrededor de las dos de la tarde, una buena hora para comer un bocadillo y tomar algo en la terraza del bar. Todo ello ha sucedido en manga corta, algo bastante impensable en las latitudes donde habitamos.

Cuidando el ganado

Hemos decidido comer antes de subir porque teníamos hambre y porque tampoco nos esperaba una comida opípara. Alrededor de las 15.30 hemos empezado a andar.

Castaño del Robledo tiene un par de plazas. Hemos aparcado en la de abajo porque es la primera que hemos visto. Desde allí se andan un par de centenares de metros hasta la parte alta del pueblo, donde está la segunda plaza, con algunos bares y restaurantes.

Para subir al Cerro del Castaño hay que seguir hacia arriba por la calle de la derecha. Sobra decir que, en general, no hay mucha pérdida, y menos si se lleva grabada la ruta en track como intento hacer desde hace ya bastante: es casi imposible ir a algún lugar en España y que no haya ido alguien antes, lo haya grabado y lo haya subido a Wikiloc.

Subiendo esta calle, se llega a una señal de camino cortado. Nosotros, al igual que los vehículos, hacemos caso a esa señal y giramos a la derecha. Pronto encontramos una ruta marcada de 5,5 kilómetros que da la vuelta a todo este Cerro del Castaño.

Pero nosotros no queremos rodearlo sino pisarlo. Por eso, seguimos tal cual esta ruta circular y, cuando llevamos un poco menos de dos kilómetros, en vez de seguir de frente giramos a la izquierda. Es una de las pocas cancillas que encontramos entre tanto terreno vallado. De hecho, la ruta de ascenso sería mucho más corta de no existir todas estas tierras que es necesario respetar.

Castaños centenarios

Hasta esa puerta, el camino apenas asciende. Es más, hay algunos breves momentos de bajada que nos hacen dudar de que todo vaya bien. Pero no hay problema. En realidad, casi la totalidad del desnivel se salva cuando se abandona esa ruta circular y se gira a la izquierda para cruzar la valla.

A partir de ahí empieza el ascenso de verdad, entre antiquísimos castaños a los que el invierno no ha dejado ni una sola hoja. Parece que no es época, pero en el suelo hay miles de castañas, algunas de las cuales ya no se encuentran en la provincia de Huelva.

Ese ascenso dura unos 15 minutos. Se llega a un pequeño collado en el cual es necesario girar de nuevo a la izquierda. Dejamos los castaños y pasamos a un pequeño bosque de robles, no tan viejos como los castaños pero que ya van cogiendo altura. Entre estas dos grandes especies vegetales que dan nombre al municipio se encuentran también algunos pinos, menos numerosos.

Se atraviesa este robledal y, en apenas cinco minutos, aparece el vértice geodésico, que destaca menos que muchos de sus hermanos al estar oculto entre tanta vegetación, que también esconde parte de las vistas que se disfrutarían en caso de no existir los árboles. Aun así, el paseo es muy recomendable por todo este paisaje típico de las zonas de media montaña del sur del país.

El regreso lo hemos hecho por el mismo camino, salvo un pequeño atroche que hemos intentado y que no nos ha salido bien por la espesísima vegetación. Dar la vuelta han sido otros pocos minutos, nada grave.

En breve hemos visto de nuevo nuestro coche, el mismo que nos ha traído hasta Sevilla, donde ahora nos encontramos para completar un fin de semana de montaña, atletismo, sol de invierno y Andalucía.

Punto de salida: Castaño del Robledo.

Distancia: Son 4,5 kilómetros, quizás un poco más.

Desnivel: Se sale de 730 metros y se llega a 960. Las pequeñas bajadas de las que he hablado en la crónica son demasiado minúsculas.

Cuánto se tarda: En poco más de una hora se puede subir, bajar, hacer fotos, coger castañas y disfrutar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Llegas a la parte alta de Castaño del Robledo. Un camino a la derecha es el comienzo de la ruta que rodea el Cerro del Castaño. Antes de la mitad de esa ruta, hay una puerta en el gran vallado. Se atraviesa y se sube sin descanso hasta llegar al collado. La cima queda a la izquierda, oculta entre robles, a unos cinco minutos.

Cima 54 de 68. Tarragona. La Creu de Santos. 942 metros. 26-01-2019

La cima más prominente de la provincia de Tarragona no hace honor a su altura. La Creu de Santos apenas tiene 942 metros sobre el nivel del mar, un mar Mediterráneo que se encuentra a unos pocos kilómetros, hasta el punto de que el Delta del Ebro se distingue a la perfección bajo nuestros pies una vez que se corona la cima.

Esos 942 metros de la Creu de Santos convierten a este pico en el más alto de la Sierra de Cardó. Como sucede en toda esta zona de la provincia de Tarragona, se trata de una sierra repleta de pequeñas cumbres y crestas, separadas en muchos casos por verticalísimos riscos.

En la cima

¿Cómo es posible que con 942 metros, en una provincia tan montañosa como esta, la Creu de Santos sea el lugar tarraconense de mayor prominencia? La respuesta está en parte en lo comentado al principio: a un lado de la Sierra de Cardó se encuentra el mar, mientras que al otro, muy abajo, se encuentra el río Ebro. Por ello, aunque las alturas no sean espectaculares, sí que lo es la morfología de toda esta zona, incluso desde el acercamiento en coche.

Anoche dormimos en Benifallet, a orillas del Ebro, Esther, Juan Luis, Óscar (que sustituye a César respecto a ayer y que me ha acompañado en las siete cimas catalanas) y yo. Como nos sucedió cuando subimos al Mont Caro, hemos elegido para subir a la Creu de Santos justo el día anterior a una carrera de montaña. Mañana domingo se celebra la décima edición de Lo Pastisset, una prueba con salida y meta en Benifallet, y que entre sus 30 kilómetros de recorrido incluye el ascenso hasta esta Creu de Santos. Ayer, en el pueblo, todo el mundo se pensaba que veníamos a la carrera. Quizás el año que viene participemos en la undécima edición…

Como nos hemos alojado en una casa rural, esta mañana nos hemos acercado a la panadería del pueblo para comprar el desayuno. Después del mismo, nos hemos dado un breve paseo por toda la orilla del Ebro a su paso por Benifallet. Si hubiéramos venido entre abril y octubre, habríamos podido dar una vuelta en el barco turístico que hace un recorrido por el río.

Balneario de Cardó

Ha sido nuestro último contacto con el pueblo, después de haber visitado ayer también Arnes y Horta de San Joan. Desde Benifallet se emplea alrededor de media hora en llegar hasta el Balneario de Cardó, nuestro punto de partida de hoy. La única carretera asfaltada para llegar hasta este lugar parte de Rasquera. Solo este recorrido ya merece la pena.

El Balneario de Cardó, abierto en 1886 y cerrado al público en 1967, se encuentra encima de uno de esos verticales riscos tan habituales en esta zona.

Se aparca en el mismo balneario. Justo allí sale una pista, todavía transitable en coche, por la que hay que andar 200 metros. Surge entonces una senda a la izquierda y, a partir de ahí, no hay más misterio: hay que seguir esta estrecha senda hasta arriba durante algo menos de tres kilómetros, y llegaremos a nuestro destino.

A ambos lados de esta senda, siempre señalizados, salen algunos otros caminos que llevan a varias de las ermitas que forman parte de todo este eremitorio del Valle de Cardó. A la bajada, de hecho, hemos entrado a la de San Simeón. No es casual que esté dedicada a este santo: se llama también Ermita de la Columna porque se encuentra encima de una grandísima y puntiaguda roca, al estilo de las de Meteora en Grecia.

Mirando el paisaje

Pero eso ha sido a la bajada. La subida la hemos comenzado alrededor de las 11.00 de la mañana, de nuevo con un gran día y una temperatura muy agradable, igual que ayer. La senda es como tiene que ser, repleta de zetas para ir salvando los grandes acantilados del terreno. Ello permite que el desnivel no sea muy exagerado, salvo en un par de tramos no muy largos.

Durante todo el trayecto, una frondosa vegetación rodea nuestro avance. Aunque prefiero venir ahora, no es descartable que en verano también sea agradable visitar esta zona del Valle de Cardó. Entre la subida y la bajada, apenas nos hemos encontrado a una decena de personas en cuatro grupos.

Mientras subimos, vamos viendo las agujas y las crestas que parecen elevadísimas, pero que poco a poco se van quedando abajo. De pronto, y superado el único punto del camino en el que conviene echar las manos a las piedras para subir, llegamos a un amplio collado en el que nos damos cuenta de que ya estamos casi arriba. Desde este collado se ve la depresión del Ebro y se empieza a divisar el Mediterráneo.

Ermita de San Simeón

Ahora solo nos queda girar por última vez a la izquierda. Pronto vemos nuestro doble objetivo, la doble cima de la Creu de Santos. En una de ellas se encuentra el vértice geodésico, una pequeña cruz y un belén hecho a base de ferretería. En la antecima, otra cruz de gran tamaño. Ambos puntos se encuentran casi a la misma altura, y separados por apenas medio centenar de metros.

Las fotos de rigor en el punto más alto de nuestro recorrido son lo último que hacemos antes de emprender la bajada. Hay algunas posibilidades de hacer la ruta circular, y de hecho vienen marcadas en los cruces que nos encontramos. Nosotros hemos optado por hacer la bajada por el mismo lugar que la subida.

Nuestro coche estaba donde lo hemos dejado, en el viejo balneario levantado sobre el todavía más antiguo monasterio carmelita. Aquellos hombres de hace siglos buscaban básicamente lo mismo que nosotros hoy en el escondido y atractivo Valle de Cardó.

Punto de salida: El Balneario de Cardó.

Distancia: La ruta que hemos seguido tiene seis kilómetros clavados de ida y vuelta.

Desnivel: Se sale de algo más de 450 metros y se llega a 942. Apenas hay una sola bajada en todo el trayecto de ida, así que unos 1.000 metros acumulados en total.

Cuánto se tarda: Hemos tardado tres horas entre subir y bajar, pasando un amplio rato en la cima aprovechando que se estaba tan a gusto.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en el Balneario de Cardó. Sigues la pista forestal que sale a la izquierda y, a los 200 metros, donde hay una cadena, sigues esa senda. Aunque hay algunos desvíos, la senda principal termina arriba del todo. En los cruces, en cualquier caso, hay buenas indicaciones con los destinos de cada camino.

Cima 53 de 68. Castellón. Tossal de Saragossa. 1.082 metros. 25-1-2019

Segunda historia médica que cuento en este blog, y ojalá que la última. Aquí va muy resumida: El 16 de noviembre, hace un par de meses, un motorista me dio un golpe por la espalda en Medellín (Colombia). Como consecuencia de ese golpe, con el que no tenía intención de robarme ni de nada que yo sepa, me salió un hemotórax.

Ese hemotórax me impidió regresar a España en mi fecha, para evitar un posible neumotórax. Además, a mi regreso a Soria, tenía la espalda muy dolorida y estuve otras tres o cuatro semanas sin poder hacer ejercicio. Ello me impidió sumar una nueva cima en Navidades como teníamos previsto hacer, pero no me ha impedido recuperarme y conseguir que la cima más prominente de Castellón, el Tossal de Saragossa, sea la 53 de este reto al que ya solo le quedan quince, para tachar en los próximos dos años.

Mis compañeros de viaje no son habituales en todo este proyecto, pero tampoco nuevos. Con Esther y Juan Luis ya subimos el Gorbea, el pico más alto de Álava y Vizcaya. Con César también ascendimos el Cerro Calderón del Rincón de Ademuz, el enclave que tiene la provincia de Valencia dentro de la de Teruel.

Ayer jueves, Esther, Juan Luis y yo salimos de Soria a las 16.15. Calatayud, Daroca, Calamocha, Teruel, Segorbe, Castellón… y Vall d’Alba. Allí llegamos a las 20.30. Poco después se juntó con nosotros César, que vive en Castellón capital así que lo tenía cerca.

Como no me cansaré de repetir, la parte de conocimiento de España es tan importante en este reto como la montañera en sí. Ello cobra especial importancia en montañas que no se encuentran entre las más destacadas y conocidas, sobre todo ahora que he ampliado el reto a las cimas de mayor prominencia.

El Tossal de Saragossa está lejos en cuanto a fama del Penyagolosa, la cumbre más elevada de Castellón. De hecho, las separan casi 800 metros. Y, sin embargo, la primera supera en prominencia a la segunda. Por ello estamos aquí.

Como sucede con tantas montañas, hay muchas maneras de hollar el Tossal de Saragossa. Como nosotros estamos de ruta por esta zona de España y queremos visitar más lugares yendo holgados, hemos buscado la vía de ascenso más corta. Y, de hecho, la hemos acortado aún más.

Esta ruta parte de la carretera que une la localidad de Sierra Engarcerán con Els Rosildos (de nuevo mezclaré idiomas). Poco después de salir de Sierra Engarcerán, sale un camino a la derecha, ya no asfaltado pero sí perfectamente transitable para coches. Hay que circular otro kilómetro, hasta un cruce de caminos marcado con una señal de senderismo que marca varias opciones.

La nuestra es fácil: para arriba. Ello implica girar a la izquierda. Cuando hemos avanzado diez metros, nos hemos dado cuenta de que todavía se podía circular en coche y, de hecho, ha bajado una furgoneta. Por tanto, hemos hecho algo tan poco montañero como avanzar un poco más con uno de nuestros dos vehículos.

En la cima

A los pocos metros ha aparecido una cadena, pero se puede quitar. Unos minutos después, otra cadena. Esta ya está candada, pero da igual. El camino termina justo ahí. Hemos aparcado junto a unos almendros ya casi en flor y hemos empezado a andar.

Nada más pasar la cadena, en vez de girar a la derecha (por donde todavía podrían circular vehículos), hay que seguir de frente, por una senda caliza. Es el fondo de un barranco no muy agreste, así que el avance va siendo agradable. A los pocos minutos dejamos a la izquierda un antiguo horno de cal, un lugar ideal para un breve descanso.

Después de otra corta caminata, llegamos al collado. De frente, la senda continúa hacia La Serratella. Veo que esta es la ruta más habitual de las personas que andan estos montes, especialmente de aquellos que quieren hacer algo más largo y circular.

Nosotros, en ese collado, hemos girado a la derecha. En un día tan despejado como hoy, era fácil saber desde el principio dónde se encontraba nuestro objetivo. El Tossal de Saragossa no es una mole, pero sí destaca sobre el resto de las lomas de los terrenos que estamos conociendo hoy.

El Penyagolosa, desde arriba

En este cruce nos hemos encontrado con una señal nueva de senderismo caída y con otra muy antigua que nos confirma cuál es el camino que debemos seguir. Cada pocos pasos damos una vistazo de 360 grados y observamos lo que no era fácil de comprobar desde abajo: que efectivamente este Tossal supera en altitud al resto de las abundantes cimas de la zona.

Gracias a ello, y gracias al día tan luminoso, disfrutamos de unas vistas espectaculares: el Penyagolosa a un lado y el mar Mediterráneo a otro. El aeropuerto de Castellón también está a nuestros pies, pero en el rato que hemos permanecido en la cima no hemos conseguido ver ningún aterrizaje ni despegue.

Nos encontramos el cartel final caído

Después de las fotografías cimeras, hemos regresado por el mismo camino tal cual. Al aparcar tan arriba hemos perdido la oportunidad de hacer una ruta diferente de bajada, pero no hay problema. César y Juan Luis bajan andando hasta el lugar que originalmente iba a ser nuestro punto de partida. Son poco más de diez minutos, quizás un kilómetro.

Sierra Engarcerán

Allí en los coches nos despedimos. Los sorianos, en el cruce con la carretera, giramos a la derecha para seguir mañana sábado con las montañas prominentes. César gira a la izquierda para dirigirse primero hacia Castellón antes de encarar con otros retos su fin de semana. Es invierno pero en días como hoy a veces nos olvidamos.

Punto de salida: Una cadena junto a unas casas de campo a unos dos kilómetros de Sierra Engarcerán.

Distancia: Teníamos bajada una ruta de seis kilómetros, pero con el avance del coche habremos hecho unos cuatro.

Desnivel: Lo mismo que antes. En la ruta original era de unos 300 metros positivos, pero nosotros lo habremos reducido a algo menos de 200.

Cuánto se tarda: Hemos tardado 40 minutos en subir y menos de media hora en bajar.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales en coche de Sierra Engarcerán hacia Els Rosildos. A los 300 metros giras a la derecha a un camino no asfaltado. Desde ahí, al kilómetro sale otro camino a la izquierda. Cruzas una cadena (la cierras) y aparcas antes de la segunda cadena. Ahí empiezas a andar de frente por la senda hasta que llegas al collado. Cuando llegas a este, giras a la derecha y en nada estás arriba. Muy fácil.

Cima 52 de 68. Barcelona. Turó de l’Home. 1.706 metros. 20-10-2018

En dos ocasiones anteriores de este reto hice (Badajoz-Huelva) o creí hacer (Cáceres-Salamanca) la cima más alta de dos provincias el mismo día. En esos dos casos, al encontrarse tan juntas las dos cimas es posible hollarlas dentro de la misma ruta, de la misma caminata, y por eso hice un único relato en ambas marchas.

Hoy sábado 20 de octubre hemos hecho algo parecido pero diferente. Hemos subido a dos de las 68 cimas de este reto, a la más prominente de Gerona y a la más prominente de Barcelona. Sin embargo, para ir del pie de una al ‘pie’ de la otra hemos hecho un viaje en coche de unas dos horas, de ahí que haya dos crónicas separadas.

Las comillas que enmarcan el segundo ‘pie’ tienen su explicación. La montaña más prominente de la provincia barcelonesa es el Turó de l’Home. Se puede subir casi hasta la misma cumbre en coche, después de unas cuantas decenas de curvas, y eso es lo que hemos hecho este mediodía.

Como tantas veces he remarcado en estos cinco años de proyecto, el objetivo viajero va cien por cien a la par del montañero. Y hay cimas en las que lo agradezco de manera especial. Habré estado en Barcelona 50 o 60 veces, pero desconozco la gran mayoría de las cosas de su provincia.

Foto de cima

De esas cosas desconocidas por mí hasta hoy, creo que la que más debería haber visitado antes es el gran macizo del Montseny.

Terminé la reseña del Puigmal asegurando que me había sorprendido menos que el Turó de l’Home. Es lógico en el sentido de que ya conocía la zona gerundense de hace algunos años y de que es obvio que un montañón de 3.000 metros con más de 1.300 de prominencia es impresionante ya desde sus datos numéricos. Cuando vas al Pirineo ya sabes que te va a encantar.

Según íbamos bajando Óscar y yo en coche (Ripoll-Vic-Viladrau) de Fontalba a Santa Fe del Montseny, ya me iba dando cuenta de la suerte que habíamos tenido de que nuestra visita a este lugar se haya producido en esta época del año.

Dos orillas muy diferentes

En cualquier aparcamiento a ambos lados de la carretera había tantos coches como cabían. Sus ocupantes buscan en esta agradabilísima mañana de otoño castañas, boletus o simplemente disfrutar mediante un paseo de los impresionantes colores que brindan los bosques de este lado del Montseny. La otra orilla del macizo es muy diferente, como hemos podido apreciar luego en la subida.

Nos dirigíamos hacia Santa Fe porque habíamos quedado allí con Elisa, Elisa-2, Íñigo y Laia, quienes venían de Barcelona para acompañarnos en esta ascensión. Al final, en uno de los aparcamientos más concurridos de la zona, nos hemos encontrado casi de casualidad, lo que ha sido una suerte porque no teníamos cobertura de móvil. Más encanto… pero más problemas.

Empieza la ascensión

Como éramos seis, seguíamos necesitando los dos coches. Sin ningún intercambio de personal, hemos partido hacia el Turó, para lo cual ha sido necesario coger los dos primeros desvíos a la derecha: el que va al pueblo de Montseny y el que va directo a la cima. La frondosidad de las cunetas de estas carreteras, con caducifolias en todo su esplendor otoñal, no se encuentra en muchos lugares de España.

Llega un momento en el que una barrera cierra el paso al tráfico rodado. Solo pueden pasar los vehículos autorizados, pero por el estado del firme parece obvio que esa barrera no se levanta con mucha frecuencia.

Desde ahí hasta la cima es un paseo de quizás un kilómetro. La casa que marca el culmen de la sierra del Montseny no se ve desde el aparcamiento, hay que andar algunos minutos. La carretera, de hecho, no termina en esa misma cima, sino en una estación meteorológica ubicada a unas pocas decenas de metros de distancia.

La última senda

Para alcanzar el vértice geodésico y la casa hay que seguir durante un par de minutos una senda mucho más estrecha y empinada, ahora ya sí, no apta para carritos de bebé.

Este tramo finalísimo, por tanto, lo hemos hecho, además de Óscar y yo, Íñigo y Elisa-2, quien de este modo se convierte en la integrante más joven del club de las personas que me están acompañando en este reto. La más veterana de momento ha sido mi madre.

Desde el Turó de l’Home se ven las otras dos grandes montañas del Montseny: Les Agudes y el Matagalls. Las tres se llevan apenas una decena de metros… solo una puede ser la ganadora.

Nuestro restaurante

No es lo único que se ve desde allí arriba. El Montseny, el lugar más destacado de toda esa Cordillera Costero-Catalana que estudiábamos en el colegio, brota desde unas llanuras situadas a centenares de metros por debajo. Hoy el día estaba precioso pero con algunas nubes. En un día totalmente despejado, tiene que dar hasta vértigo mirar hacia abajo.

A ver si consigo, cuando termine este reto, pasar una mañana de otoño o de invierno en este mismo lugar, ascender andando desde alguno de los aparcamientos, pisar también Les Agudes, coger cuatro boletus (eso va a ser lo más difícil) y comer de nuevo, como hoy, en el restaurante de Santa Fe.

Punto de salida: La barrera que impide el paso en la carretera que sube hasta la cima.

Distancia: Creo que habremos hecho un par de kilómetros de coche a coche.

Desnivel: Se llega a 1.706 y se sale no mucho más abajo, quizás 60 o 70 metros. Poco más que inapreciable.

Cuánto se tarda: Hoy se nos ha ido casi una hora por la edad de algunos integrantes del grupo y porque se estaba en la gloria. En media hora se puede hacer sin sufrir.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de aparcar en la barrera, se sube siguiendo por el asfalto. No hay que llegar hasta el final de la carretera. Llega un momento en el que se ve la casa cimera a la derecha. Se coge la senda que también se adivina y en un par de minutos se huella la cumbre.

Cima 51 de 68. Gerona. Puigmal. 2.910 metros. 20-10-2018

Hasta hace no tantos años, el Puigmal era considerada la cima más alta de la provincia de Gerona.

En algún momento, alguien realizó mediciones nuevas o miró con mayor detenimiento los límites provinciales. Se dio cuenta entonces de que el Puigpedrós medía 2.914 metros (en algunos lugares también puede encontrarse que el Puigmal mide 2.913, así que todavía no está todo escrito).

Esta montaña situada más al Occidente adelantaba en ese listado de altitudes al Puigmal, pero todavía no le ha adelantado en otros listados a los que los montañeros prestan más atención, aquellos que marcan la calidad emblemática de una cima.

Y en ese sentido, el Puigmal sigue siendo la número uno de la provincia gerundense y parece imposible de desbancar.

Una de las razones, precisamente, es su prominencia, la misma razón por la que decidí ampliar el reto y por la que esta mañana hemos hollado su cima Óscar (con quien ya subí las cuatro cimas más altas de Cataluña) y yo.

Foto de cima

A pesar de no llegar a los 3.000 metros, el Puigmal es la segunda cima más prominente de todo el Pirineo por detrás del Aneto. No está mal, teniendo en cuenta que la gran cordillera divisoria tiene más de 200 tresmiles.

Y para terminar el preámbulo, otro de los valores especiales del Pugimal es que a sus pies se encuentra el santuario de Nuria, uno de los lugares más hermosos y obligatorios del Pirineo. Allí llega el famosísimo tren cremallera que sale de Ribas de Freser, donde tiene dos estaciones, y que pasa por Queralbs antes de empezar a subir más verticalmente hasta el santuario.

Cenar y a la cama

Nosotros hemos pasado la noche en Ribas de Freser, en el albergue. Allí llegamos ayer viernes a media tarde, lo suficiente para dejar las cosas antes de darnos una vuelta por el pueblo. La vuelta no podía ser muy larga ya que a las 20.30 teníamos la cena en nuestro alojamiento.

Cenamos y, como el albergue está un poco alejado del pueblo, lo más apetecible era acostarse, algo que hicimos pronto pensando sobre todo en el día de hoy.

El despertador estaba programado a las 7.00, pero ni lo hemos dejado sonar. Ya habíamos dormido lo suficiente cuando hemos empezado a guardar los sacos, a ponernos la ropa de monte y a recoger las mochilas.

Poco después de las 7.15 estábamos tomando un café en Ribas. Era plena noche y la temperatura ya era agradable, con lo que teníamos la esperanza de vivir una apacible jornada de montaña a partir de no mucho tiempo después.

Quebrantahuesos con pata de ungulado

Hay varios puntos de partida para subir al Puigmal. Nosotros hemos elegido el aparcamiento de Fontalba, el lugar accesible en coche que permite una ascensión más rápida. Desde Fontalba también hay varias posibilidades de hacer rutas circulares y de pasar también por el santuario de Nuria.

Recomiendo hacer alguna de esas caminatas, pero nosotros hemos hecho una ruta más corta de ida y vuelta porque los dos conocemos Nuria y porque teníamos más planes para el resto del día.

Para llegar a Fontalba hay que entrar primero en Queralbs, el pueblo donde termina la carretera. Hay que estar atentos mientras se va en coche para coger un camino asfaltado que sale a la derecha. Viene bien indicado: Fontalba, 11,3 kilómetros.

A los dos kilómetros, aproximadamente, termina el asfalto y empieza una pista. Teníamos miedo de cómo nos la íbamos a encontrar, porque el reciente paso del huracán Leslie había desbordado el Freser y arrancado decenas de árboles de gran tamaño que habían sido arrastrados por el río. Miedo infundado: la pista estaba transitable sin problemas.

Dormir a más de 2.000 metros

Arriba ya había una decena de furgonetas que habían pasado allí la noche o que habían madrugado más que nosotros. Cuando hemos llegado a Fontalba, como no había nada de nieve y tampoco hacía frío, no hemos tardado nada en prepararnos para emprender la marcha.

La ruta que hemos hecho, en días tan buenos como hoy, no tiene la más mínima dificultad ni técnica ni de orientación. El Puigmal se ve desde el principio, dominando autoritario todo el campo de visión del excursionista.

Además, desde el mismo aparcamiento de Fontalba sale ya una senda clara que es la que hay que seguir para alcanzar nuestro objetivo.

Al principio, y aunque el ascenso es continuo, el desnivel es más bien suave. A la derecha, pronto se ve a lo lejos el refugio del Pic de l’Áliga y algunos valles quebradísimos. Más cerca, varias cascadas caen al valle más cercano, agua que terminará en el Freser.

Las vistas a la izquierda también son espectaculares, pero diferentes, con lomas más suavizadas y totalmente tapizadas de verde. El Puigmal está lejos de estar abarrotado esta mañana, pero sí hay tres o cuatro pequeños grupos por delante de nosotros.

Esa senda, sin dejar de ascender, va girando a la derecha, algo lógico teniendo en cuenta que es en esa dirección donde se ve la gran montaña. En todo su avance, el camino apenas pierde altura un par de veces. Son solo unos metros para salvar modestos collados y para que no sea posible decir que el camino es un ascenso continuo.

Sol y agua

Antes de girar a la derecha, una gran carroñera ha pasado a unos metros de nosotros. Salvo error de nuestra vista, era un gran quebrantahuesos que además llevaba en sus garras un hueso dispuesto a ser soltado desde el aire para hacer accesible su tuétano. También hemos visto bastantes buitres.

Después de algo menos de una hora, cuando a nuestra izquierda se veían los remontes más elevados de Vallter 2000, termina ese suave ascenso. También estaba claro que ese momento tenía que llegar, porque la cima todavía se ve muy por encima de nosotros.

La última media hora es de un desnivel mucho más pronunciado. Las lluvias de los últimos días han apelmazado la tierra y, al menos, la pedrera no se deshace a nuestro paso. Despacio, se avanza sin problemas en esta gran cuesta arriba.

Terminado este tramo fuerte, todavía no está el Puigmal. Comienza entonces un paseo de muy pocos minutos y muy agradecido, porque ya se ve de frente la gran cruz que preside la cumbre. En ese momento hemos visto la única y escasísima nieve de toda la marcha.

Sin batería en la cámara

Arriba, hacía frío y viento, no exagerados pero sí lo suficiente como para impedir el funcionamiento de la batería de mi cámara. Hemos tenido que salvar con el móvil las fotos de cima. La niebla nos ha robado las espectaculares vistas que esperábamos desde esta gran mole pirenaica.

Según bajábamos, hemos visto cómo desaparecían esas nubes cimeras… la montaña es así.

Hemos regresado al coche por el mismo camino. Mucha gente sube ahora hacia la cima. Ojalá ellos hayan tenido suerte de no haberse encontrado esas nubes allá arriba.

Casi sin darnos cuenta, estábamos de nuevo en el coche, mucho más acompañado que cuando lo hemos dejado un rato antes.

La ampliación del reto nos ha permitido conocer una de las grandes montañas españolas y uno de los grandes emblemas del excursionismo catalán. No ha sido el único de hoy, ya que si hemos realizado la ruta más corta posible es porque luego nos hemos dirigido hacia la montaña más prominente de Barcelona. De algún modo, me ha sorprendido más.

Punto de salida: El aparcamiento de Fontalba, al que se accede desde el mismo pueblo de Queralbs después de 11 kilómetros.

Distancia: Esta ruta son diez kilómetros casi clavados.

Desnivel: Se sale a 2.070 metros y se llega a algo más de 2.900. Son, por tanto, más de 800 metros a los que hay que sumar apenas una treintena más por los dos collados que se salvan.

Cuánto se tarda: Hemos ido relajados y ligeros. A subir hemos tardado casi una hora y media y a bajar, muy poco más de una hora. Con los minutos que hemos pasado en cima, poco menos de tres horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de aparcar en Fontalba, coges la única senda que sala para arriba, a la izquierda según llegas en coche. No hay mucho más misterio, porque desde allí el punto más alto objetivo es siempre el Puigmal. Ahora que lo pienso, no muchas veces sucede esto. Pues eso, hay que ir siempre hacia arriba, al principio ascendiendo de manera suave y en el tramo final ganando metros con mayor rapidez… si se puede.

Cima 50 de 68. Ciudad Real. La Bañuela. 1.332 metros. 16-9-2018

¿Cuál es la cima más alta de Sierra Morena?

No mucha gente será capaz de dar la respuesta correcta. Casi todo el mundo sabe varias cosas de esta sierra: que en su día hubo bandoleros, que hoy hay linces, que cierra la Meseta por el sur para separar Castilla de Andalucía y que huele a aceite de oliva.

Pero de ahí a decir el nombre de su montaña más elevada…

Gracias a esta ampliación, yo lo he aprendido y la he subido, con bastantes más complicaciones de las esperadas por haber salido por la tarde y por un pequeño error de orientación que contaré dentro de unos párrafos.

Como dice el título, el pico más alto de Sierra Morena, y a la vez el más prominente de Ciudad Real, es La Bañuela, situada en la Sierra Madrona, un paraíso de fauna, de flora, de paisaje y de pueblos bonitos.

Entre las dos Bañuelas

Esta mañana he volado de Melilla a Málaga. Tenía el coche en el aeropuerto, y en poco más de dos horas he llegado a comer a Cardeña, el último pueblo de Córdoba, muy ambientado hoy domingo y con unas carnes a la brasa dignas de una visita exclusiva para ello.

De Cardeña he pasado ya a la provincia de Ciudad Real, a Fuencaliente, también un bonito pueblo con las casas colgadas de la montaña. Allí he llenado la cantimplora, algo que luego he agradecido infinito.

El punto de partida para la ascensión a La Bañuela es Peña Escrita, unos abrigos rocosos con pinturas rupestres situados a cuatro kilómetros de la localidad. Para llegar allí, si se sale de Fuencaliente, hay que coger la carretera de Puertollano y a los dos kilómetros sale una carretera a la derecha.

Esa carretera se sigue otros dos kilómetros aproximadamente. Está casi toda asfaltada y no hay mucha pérdida porque hay que llegar hasta el final de la misma. Ya avisa de que es el aparcamiento de Peña Escrita, y una barrera impide continuar.

Las pinturas rupestres se ven desde el aparcamiento, un poco por encima, a unos cinco o diez minutos a pie. Entre unas cosas y otras, eran casi las cinco y media de la tarde, así que he preferido postergar la visita cultural para la vuelta. De los pocos aciertos del día…

La ruta que yo me había descargado sigue por esa misma pista forestal de ascenso restringido. Hay que seguirla 1.800 metros de una forma algo dolorosa, porque hay más tramo de descenso que de ascenso. Ya lo recuperaremos.

Al llegar a esos 1.800 metros, un gran cartel indica el camino hacia La Bañuela a la izquierda. De frente se va hacia el valle y las montañas ya solo quedan a la izquierda, así que el propio instinto indica que hay que ir hacia allá.

El vértice de La Bañuela ‘baja’

Y aquí el error. Nada más coger el desvío he mirado de frente y he visto un gran cortafuegos, así que he subido por él. He comprobado el track, y estaba circulando justo en paralelo a él, a unos 80 metros o menos, así que he pensado que ya lo engancharía.

He seguido subiendo y, sin querer, me he encontrado en lo alto de una montaña. El móvil me marcaba que estaba al lado de la ruta, pero delante de mí, así como a mi izquierda según subía, había unos grandes cortados rocosos imposibles de destrepar.

No los he visto porque no tenía cargado el mapa, solo la ruta, y porque la vegetación era espesísima. Me he empezado a preocupar por la hora.

En la ruta buena

He deshecho lo andado, acercándome de vez en cuando a las rocas que ahora tenía a la derecha. Cuando he visto que se acababan las grandes alturas, he enlazado con la ruta buena, perfectamente marcada con hitos.

La senda está en muy buen estado y aunque he perdido tiempo, la he cogido antes de la hora que me había puesto como tope para seguir subiendo o no.

Así que me he puesto a caminar por los hitos a buena velocidad pero sin ganar mucha altura.

En la subida he decidido seguir por estos hitos, que marcaban una ruta que en varias ocasiones se cruzaba con la que yo tenía, como la carretera de un valle y su río.

Como era de esperar, los hitos giran en un momento a la derecha para subir a una primera altura. Se alcanza pronto, pero todavía queda más de un kilómetro hasta La Bañuela. Ahora, la senda cambia de vertiente, pasando de la norte a la sur. Está todo bien marcado.

Foto de una Bañuela a otra

Llega un momento en el que, por fin, se dibuja una gran montaña que tiene que ser sí o sí La Bañuela. Antes de llegar a ella hay que hacer un breve descenso, girar de nuevo a la derecha y, en unos minutos, se ve una construcción de piedras y, un poco más abajo, como ya he contado que a veces sucede, el vértice geodésico.

¿Conseguido? Una vez allí arriba, oigo voces a escasa distancia. Mientras espero que se acerquen, miro hacia mi sombra, proyectada hacia el Oriente. No me lo puedo creer. Hay una cima muy rocosa y no muy lejana que parece más alta que la que habito.

Llegan los cuatro montañeros y les pregunto. Uno me dice que, efectivamente, donde estoy es La Bañuela pero que la montaña situada a unos 200 metros es más alta. Me informa de que su ascenso no tiene complicación a pesar de lo que dice la vista.

Era tarde, pero estaba muy cerca, así que la he subido para asegurarme de que estaba en el punto más alto de Sierra Morena y en el más prominente de Ciudad Real. En los mapas no hay dudas: el nombre se lo dan al primer cerro que he pisado, cuya altura es diez metros menor.

Las vistas son impresionantes, con profundos y espesísimos valles, pero no hay mucho tiempo para el disfrute, solo para refrescarme.

Bajando, esta vez, he seguido más el track que los hitos. Ha habido cinco minutos de nuevo que me ha tocado pelearme con las jaras y los árboles, pero pronto he recuperado el camino bueno.

Los hitos y el cortafuegos

Cuando he llegado a la pista, al desvío de La Bañuela, he mirado para atrás y he visto un hito a la izquierda del cortafuegos. En la ida no me he fijado.

Ya oscurecía, así que como regalo he oído lo que me ha parecido la berrea de un ciervo. He buscado luego y he encontrado que Sierra Madrona y el Valle de Alcudia son muy propicios para escuchar estos bramidos otoñales. También he encontrado que la mayor población de linces salvajes de España se encuentra en una finca en esta zona, con más de 30 ejemplares según una noticia de octubre del año pasado.

He llegado al coche a las nueve menos cuarto. He cruzado los puertos de Villarrepisa, Niefla y Pulido y el ya mencionado Valle de Alcudia, donde tantos trashumantes sorianos llevaron sus ovejas durante siglos. Ese camino me ha llevado hasta Puertollano, donde descanso después de tachar con alegría el medio centenar de cumbres.

Punto de salida: El aparcamiento del abrigo de Peña Escrita, cerca de Fuencaliente.

Distancia: Si lo hubiera hecho bien, son 11 kilómetros.

Desnivel: Se sale a 780 metros y se llega a 1.332. Además, hay tres bajadas en el camino que sí sumarán unos cien metros de desnivel. En total, unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Yo he estado tres horas y cuarto. Sin pérdidas, menos hay que tardar, aunque también es verdad que medio he trotado algún rato de bajada.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en Peña Escrita. Sigues andando por la pista, cortada para el tráfico por una barrera. A los 1.800 metros un gran cartel a la izquierda indica el camino a La Bañuela. No hay que coger el cortafuegos (lo digo por experiencia) sino unos hitos que hay apenas unos metros a la izquierda. Esos hitos terminan llevando a las dos Bañuelas, la señalizada con el vértice geodésico y la siguiente, diez metros más alta.