Cima 40 de 45. Alicante. Aitana. 1.558 metros. 17-2-2018

Las 40. Con la consecución de la fotografía en la cima de Aitana, a este reto iniciado ahora hace cuatro años y medio exactos ya solo le faltan cinco etapas, que deberán ser cubiertas en seis meses para intentar cumplir el objetivo inicial de terminar la aventura en cinco años.

La ascensión al Aitana ha sido de largo la que más me ha costado de este reto y a la vez la que menos. La que menos, empatada de momento con otras como Badajoz, Pontevedra o Las Palmas, ya que a todas ellas he subido en coche y apenas he tenido que desplazarme unos pocos metros para encontrarme en el vértice geodésico.

La que más, porque no imaginé al comienzo de este viaje lo complicado y trabajoso que podía llegar a resultarme conseguir el permiso para subir a la cota más elevada de la provincia de Alicante.

En la cima

En la cima

Igual que sucede con el Puig Major de Mallorca, una de las cinco que me faltan después de dos intentos infructuosos, la cima del Aitana se encuentra dentro de uno de los Escuadrones de Vigilancia Aérea del Ejército del Aire del Ministerio de Defensa de España. Concretamente, dentro del 5. El Puig Major está en el 7.

Con esta cima de Alicante, además, me sucedía otra cosa: no está especialmente cerca de Soria, tampoco está muy cerca de otra cima para borrar las dos en el mismo viaje, y tampoco es una de esas grandes montañas españolas que invitan a un viaje ex profeso. En otras palabras, que la fui dejando, la fui dejando… sabedor de que algún día tendría que plantearme ir a ella.

Y cuando inicié ese planteamiento y me puse a mirar en internet, me encontré con varias crónicas de ascensiones que terminaban al otro lado de la valla del EVA número 5, muy cerca del vértice geodésico pero sin llegar a él.

El permiso

Podía haber conformado con eso, pero preferí no, preferí intentar conseguir el permiso. Para no ser prolijo, diré que llamamos a una persona para que nos ayudara en los trámites. Esa persona nos ayudó y ayer mismo, ayer viernes, recibimos esa llamada teléfonica en la que se nos informó de que efectivamente podíamos subir. Era suficiente con decir, al llegar a la valla, que éramos nosotros, y así ha sucedido.

Esta mañana, José Vicente y yo nos hemos citado en Soria a las 6.00. Hemos ido devorando kilómetros: Almenar, Calatayud, Daroca, Calamocha, Teruel, Segorbe, Sagunto, Valencia, Alcira, Játiva, Cocentaina, Benilloba, Alcolecha… Todo ello, más una parada para almorzar, nos ha dejado cinco horas y media después en la cima del puerto de Tudons.

Allí mismo empiezan los 6,7 kilómetros de la carretera hacia la cima de Aitana. Una gran valla blanca impide el acceso a los numerosos ciclistas que allí descansan. La zona es un paraíso del cicloturismo… y del ciclismo profesional. De hecho, una de las escasísimas veces en las que la cumbre de Aitana se abre a todo el mundo es cuando allí termina una etapa de la Vuelta a España, como sucedió por última vez el año pasado.

Una llamada telefónica

Como nosotros disponíamos de ese permiso necesario, hemos llamado al teléfono que aparecía en una pantalla junto a la valla. Tras una instrucción al cabo de guardia, pronto nos han abierto y hemos podido acceder al recinto militar. El paisaje que se va viendo es espectacular, una buena muestra del carácter tan montañoso de la provincia de Alicante.

Al llegar arriba, donde se encuentran todas las instalaciones y edificaciones militares, el cabo nos estaba esperando y nos ha precedido en su vehículo hasta arriba del todo, hasta el vértice, hasta donde queríamos llegar. Hemos tenido incluso la suerte de pisar nieve, unos pequeños restos de la importante capa que ha habido este invierno.

Nada más tomarnos la foto, hemos regresado por la misma estrecha carretera, hemos vuelto a atravesar la doble valla, nos hemos ido a conocer Guadalest (yo estuve en 1994) y nos hemos venido a Valencia al Campeonato de España de Atletismo en Pista Cubierta.

No era esperable que la cima más emocionante del reto fuera una que hemos alcanzado en coche, pero las dificultades no son solo la nieve, la distancia, los posibles accidentes en forma de lesiones, la lluvia, la niebla, las pérdidas…

Quedan pocos capítulos y todavía faltan algunas sorpresas, o al menos eso espero.

Punto de salida: Hemos llegado en coche hasta arriba.

Distancia: Nosotros, la imaginable. Hay bonitas rutas para llegar hasta la valla de unas tres horas de ida y vuelta.

Desnivel: Cero metros.

Cuánto se tarda: A conseguir el permiso, algunas semanas. Después, se puede subir en coche.

Explícame cómo se sube sin literatura: Lo dicho, si no se elige una ruta a pie, como sería lo pensable en un reto exclusivamente montañero, lo único necesario es conseguir el permiso y después poner ‘Sierra de Aitana’ en el Google Maps y seguir las instrucciones.

La canción de Fernando:

Cima 39 de 45. Almería. El Chullo. 2.612 metros. 30-12-2017

Los mismos dioses de la Naturaleza que ayer nos tenían reservados lluvia, niebla y vientos fríos en nuestra ascensión a La Tiñosa, nos han obsequiado hoy en El Chullo con una mañana inigualable de buen tiempo, con el añadido de que ya lo intuíamos desde hace días: “Para La Tiñosa puede que llueva pero para el sábado parece que mejora”. Esas previsiones no cambiaron ni ayer ni antes de ayer, cuando nos seguían dando un sol total, buena temperatura y viento escaso para esta mañana.

Y sin embargo, cuando nos hemos levantado esta mañana en Purullena, lo único que hemos visto a escasos metros por encima de nuestras cabezas era una intensísima niebla. La chica que nos ha atendido en la gasolinera nos ha dicho que no nos preocupáramos, que la niebla desaparecía completo a nada que se ganara un poco de altura.

Así ha sido. En pocos minutos, mientras nos dirigíamos al Puerto de la Ragua, hemos podido disfrutar del mar de nubes que se había formado en el fondo del valle. Por encima de allí, azul total. En algo más de media hora estábamos a 2.000 metros de altura, en el puerto, entre las provincias de Granada y Almería. Para alcanzar esa altura hay que circular con cuidado debido a la gran estrechez de la carretera en algunos puntos.

En la cima

En la cima

Nada más aparcar en el Puerto de la Ragua hemos comprendido que cualquier equipación invernal no tendría hoy utilidad ninguna. Algunos la habíamos traído y algunos otros, no. La tienda de alquiler de esquís, raquetas, trineos… estaba cerrada porque estos días no hay nada de nieve en la zona. El restaurante lleva cerrado varios años.

Llegando a La Ragua desde la zona norte, desde el Marquesado del Zenete, para ascender al Chullo es necesario seguir la loma que sube por la izquierda, en el mismo lado de la carretera donde se encuentra la edificación de madera que fue ese restaurante. Las montañas de la derecha son más altas, como es fácil apreciar, pero están situadas enteramente dentro de la provincia de Granada, y nuestro objetivo de hoy era pisar el suelo almeriense más alto que existe, y que no es otro que El Chullo.

Ni una dificultad técnica

En días como hoy, la ascensión a la cima más elevada de Almería es poco más que un paseo relativamente largo y con cuestas, sin una sola dificultad técnica y con un camino muy evidente hacia la cumbre… especialmente si se hace acompañados por un track.

Además, desde el mismo puerto salen varias rutas marcadas, una de las cuales apunta hacia el Chullo. La subida es todo el rato más bien suave, ganando metros relajadamente aunque sin olvidar que estamos a 2.000 metros y que hay que llegar a más de 2.600. Después del Teide y de Torre Blanca, hoy es la tercera vez que subimos al pico más alto que nos quedaba de este reto. La cuarta será cuando hollemos la Mesa de los Tres Reyes de Navarra.

Bajando con la gran Hoya de Guadix al fondo

Bajando con la gran Hoya de Guadix al fondo

Toda la ruta sigue un camino bastante ancho al principio y más estrecho al final. Creo que no hay ni una sola bifurcación en todo el tiempo. Y, en el caso de que la hubiera, tampoco habría dudas pues en días como hoy siempre está claro cuál es la manera más sencilla de ir ganando altura.

Vistas de los tresmiles granadinos

Y así, de repente, cuando llevábamos alrededor de hora y cuarto andando, nos hemos encontrado con el vértice geodésico que nos indicaba que ya estábamos en la cima número 39. En esos 75 minutos hemos podido disfrutar continuamente de las vistas de algunos de los grandes tresmiles de la Sierra Nevada granadina. Primero, de los más orientales, como el Picón de Jerez o el Puntal de Juntillas. Y después, directamente, del Mulhacén, el lugar más alto de la península y que ya visitamos hace cuatro años justos.

Las vistas de hoy de la zona norte tampoco tenían desperdicio, con la gran extensión de la Hoya de Guadix y todos los pueblos del Marquesado del Zenete, uno de los cuales (La Calahorra y su castillo) hemos visitado a la bajada, de regreso a Purullena.

Poco podíamos imaginar que el ascenso a uno de los picos más altos del reto, y en pleno mes de diciembre, iba a ser uno de los días menos montañeros, debido al anticiclón total y a lo redondeado de toda la loma que hemos salvado. Después de lo de ayer, lo de hoy era exactamente lo que queríamos. En 2018 intentaremos tachar las seis cimas que nos restan.

Punto de salida: Puerto de la Ragua.

Distancia: No ha llegado a ocho kilómetros.

Desnivel: De 2.000 a 2.612 metros. Apenas hay unos metros en los que se altera el sentido ascendente de la marcha: 600 metros de desnivel positivo.

Cuánto se tarda: Para subir hemos tardado hora y cuarto exacta. Arriba, con lo bien que se estaba, hemos dedicado casi media hora a hacer fotos, comer y beber agua. La bajada, otra hora casi exacta.

Explícame cómo se sube sin literatura: Se aparca en el Puerto de la Ragua, al lado de la edificación de madera. Sin cruzar la carretera, se va subiendo poco a poco por el camino, siempre evidente, primero en dirección este y luego en dirección sur. Hay varias posibilidades de hacer rutas más largas en la zona, algunas de ellas circulares, pero nosotros nos hemos conformado con la más tradicional.

Cima 38 de 45. Córdoba. La Tiñosa. 1.570 metros. 29-12-2017

De las 38 montañas que llevamos ya, creo que La Tiñosa es la segunda a la que pienso que debo regresar. La otra es el Pico del Lobo, culmen de las tierras de Guadalajara. ¿Qué nos ha sucedido en La Tiñosa de Córdoba? Pues lo mismo que en el Pico del Lobo: la lluvia y la niebla nos han impedido terminar de apreciar la belleza del terreno visitado. Al menos, sí hemos comprobado cómo es este terreno de las Sierras Subbéticas, enormemente quebrado, montañoso y hoy, por las lluvias de los últimos días, verde y resbaladizo.

Como suele ser habitual en este reto al que solo le quedan siete etapas, la ruta elegida para subir a La Tiñosa es una de las más concurridas, aunque hoy no hemos visto a ni una sola persona desde que hemos empezado a andar. Alfonso, Carlos, Félix, José Luis, José Vicente, Óscar y los dos Sergios llegamos ayer a Priego de Córdoba, localidad muy bonita, una de las más importantes de la provincia.

En la cima

En la cima

Allí nos hemos despertado cada uno cuando ha querido con la condición de estar a las 8.30 en la recepción del hotel para desayunar en el bar de enfrente, en la estación de autobuses. Desde el desayuno nos hemos dirigido en la furgoneta hasta la pedanía de Las Lagunillas, ya debajo de La Tiñosa.

Acercamiento en furgoneta

De Las Lagunillas al Cortijo Alto de Torres hay un camino de poco más de dos kilómetros entre olivos y otros cortijos, una bonita y tranquila caminata que puede evitarse sin problemas porque ese camino es apto para vehículos. En teoría está prohibido, pero parece que no hay problemas mientras no haya masificación. Uno de los cortijos por los que se pasa es también casa rural, por si alguien tiene interés en alojarse justo al lado de la montaña.

En el Cortijo Alto de Torres hemos hablado con su único habitante, un pastor rumano que lleva 13 años aquí y que ya tiene un acento completamente andaluz. Hemos pensado, de hecho, que era de la tierra de toda la vida. Es dueño de un rebaño de cabras, que tienen en esta vertiente sur de la Sierra Horconera un terreno inmejorable para ellas.

Aparcada la furgoneta hemos empezado a caminar, siguiendo precisamente las indicaciones del pastor. La intuición permite adivinar con facilitad cuál es el camino que hay que tomar. Además, como llevamos haciendo desde hace varias cimas, nos acompañaba un track de la ruta sin el cual hoy habríamos tenido algunos problemas.

Ese tramo inicial es todavía un camino ancho a cuyos lados vemos los últimos olivos que nos acompañarán en la ascensión. A los pocos minutos, cerca de una edificación en ruinas, el antiguo caserío de Cañatienda, vemos que la inclinación empieza a ser mayor y que hay varias sendas, alguna de ellas marcadas con hitos. La niebla nos impide ver el final de nuestra ruta, pero sí nos damos cuenta de sobra de la gran altura que tenemos que salvar en no mucha distancia, con lo que el desnivel va a ser importante.

Hay diferentes accesos a la cima. Nosotros hemos elegido uno que, llegados a ese caserío, gira ligeramente a la derecha para subir totalmente de frente a través de un barranco que se ve muy claro. A la derecha del mismo hay una loma aparentemente caminable y a la izquierda, grandes rocas casi inaccesibles.

Subida por el barranco

La subida por el barranco no tiene pérdida por lo dicho, porque no hay escapatorias laterales. Sin embargo, el terreno no es nada cómodo y no solo por ese fuerte desnivel, sino también porque las sendas no están nada claras o no existen, hay tramos de piedra suelta y hay otros de piedra más compactada o de barro que hoy estaban muy resbaladizos. Sabíamos que la bajada iba a ser más enrevesada.

Toda esta parte del barranco nos ha llevado aproximadamente una hora, incluyendo las necesarias paradas para las reunificaciones y las recuperaciones del ritmo respiratorio. El barranco finaliza al lado de la Cueva del Morrión, en cuya búsqueda no hemos empleado mucho tiempo porque la mañana no estaba nada agradable.

La niebla en la cresta

La niebla en la cresta

Al menos, esta parte final, la de la cresta, ya sí es fácil de caminar hasta la cima. Además, según nos contaron ayer en Priego, alguien pintó unas grandes flechas verdes para una prueba que hubo hace pocas semanas, así que lo único que hemos tenido que hacer ha sido seguirlas.

Dicen las crónicas escritas después de rutas realizadas en días despejados que las vistas son impresionantes, sobre todo de la granadina Sierra Nevada y de las malagueñas sierras Tejeda y de las Nieves. Hoy teníamos que conformarnos con no perdernos de vista entre nosotros. Arriba, además, venía un viento frío, así que apenas hemos pasado unos minutos para celebrar la primera parte de la conquista (luego hay que bajar) y para hacernos la fotografía.

La bajada se puede hacer por otro sitio, del que vienen las flechas citadas. Como el día no estaba nada claro, hemos preferido bajar por donde hemos subido. Lo hemos hecho con mucho cuidado, pero no ha faltado algún resbalón sin importancia. Terminado el barranco, el tramo hasta el caserío de Cañatienda también estaba muy resbaladizo por el barro, así que era preferible caminar por los laterales, mojándonos los pantalones con la vegetación pero minimizando el riesgo de caída.

Unos minutos después estábamos de nuevo en el punto de salida, donde nuestro amigo el pastor se ha interesado por nuestra excursión pasada por agua. Le hemos informado de que sí, de que ya teníamos una más, la 38, muy bonita y muy montañosa, pero también un poco lejana para regresar a ella e intentar disfrutarla plenamente. No sabemos, pues, cuándo volveremos.

Punto de salida: Cortijo Alto de Torres, a unos dos kilómetros de Las Lagunillas.

Distancia: Algo menos de ocho kilómetros.

Desnivel: Desde los 980 metros hasta los 1.570. Constante ascenso salvo un tramo casi inapreciable en la cresta. 600 metros positivos.

Cuánto se tarda: Hemos tardado lo que decían los tracks que manejábamos, tres horas y media, algún minuto menos. La subida hay que hacerla tranquilos y en la bajada, en días como hoy, hay que tener cuidado. Hemos estado unos 15 minutos buscando la Cueva del Morrión y almorzando.

Explícame cómo se sube sin literatura: Del Cortijo Alto de Torres se sube por un camino entre olivos hasta llegar a unas ruinas, las de Cañatienda. Desde ahí hay que seguir de frente. Hay más de una opción. Nosotros hemos optado por el barranco que se ve en línea recta. Al final del barranco se llega a la cresta y la Tiñosa está a la izquierda, a poco más de diez minutos y ya sin necesidad de salvar mucho desnivel.

La canción de Fernando:

Cima 37 de 45. Toledo. Corocho de Rocigalgo. 1.449 metros. 5-11-2017

Como ha sucedido varias veces ya en este reto, esta mañana hemos tenido que regresar a una montaña de la que ya estuvimos cerca en su día sin terminar de poder hollarla. Me refiero al Corocho de Rocigalgo, de Toledo, al que íbamos a subir en junio de este año, el día siguiente del pico de Ciudad Real (cima 33). Problemas mecánicos del coche nos obligaron a volver a Soria.

Hoy no hemos tenido problema de ningún tipo, y ya solo quedan ocho cimas para la finalización de este reto. El grupo, que hace apenas cinco días era de dos personas, se multiplicó de repente hasta las ocho. Cuatro (Bego, Chupi, Jesús, Patxi) han formado el equipo de El Burgo de Osma. Otras cuatro (Ángel, Félix, José Vicente, Sergio) hemos formado el equipo de Soria.

La aproximación

Después de recogerme en Madrid, el equipo soriano llegó ayer a la localidad toledana de Los Navalmorales poco antes de las 20.00 horas, justo antes de que cerrara el supermercado para comprar algo. Después de dar un paseo por el pueblo, recibimos al equipo burgense a las 21.30 en el hostal donde nos hemos alojado. Cena, habitación y a las 7.00 ya estábamos desayunando, lo que también hemos hecho rápido.

En la cima

En la cima

Antes de poder empezar a andar, la ruta en coche desde Los Navalmorales atraviesa la vecina localidad de Los Navalucillos en dirección a Robledo del Buey. En el kilómetro 16, un cartel a la izquierda indica hacia Las Becerras y hacia la Caseta de Información del Parque (Cabañeros). Es una pista en buen estado.

La caminata en sí empieza en esta caseta del Parque Nacional, en la que además hemos tenido que decir de dónde veníamos, cuántas personas éramos y nuestras intenciones para esta mañana dentro del Parque. Allí facilitan folletos y cualquier información.

A las 8.22 ya estábamos en marcha. Los tres primeros kilómetros no tienen ningún misterio, pues son por una pista forestal utilizada únicamente por vehículos autorizados. El terreno está húmedo por su particular idiosincrasia y por las lluvias de ayer. Hemos visto algunas castañas de las comestibles, un fruto más esperable en latitudes más septentrionales. Ya estamos dejando a la derecha el arroyo que nos acompañará casi todo el camino y que es el protagonista de dos de los tres principales elementos naturales que nos encontraremos hoy.

Se acaba la pista

Terminada esa pista forestal, hay que girar a la izquierda, por unas escaleras que, por suerte, suben. En realidad, no son necesarias muchas explicaciones porque la ruta está muy bien marcada y casi no tiene pérdida.

Lo que sí merece la pena explicar es el gran atractivo de esta ruta y, en general, de esta cadena tan poco conocida como son los Montes de Toledo. También creo que tuvimos suerte con que el coche se nos estropeara, porque aquellos días de junio eran calurosísimos y ya nos han dicho que la afluencia de caminantes siempre es habitual excepto en los meses de verano por esas temperaturas.

Al poco de empezar esta subida por la estrecha senda, una señal invita a la derecha para visitar El Chorro, la primera de las dos cascadas de la ruta y la más bonita de las dos. Por eso, una ruta frecuente, factible incluso con niños, es acercarse a El Chorro y regresar al coche. Son 18 metros de caída de agua, no muy ancha pero que lleva lustros y lustros sin secarse. Está enclavada en un hermoso lugar repleto de verdísima vegetación y frondosos árboles.

Después de tomar algunas fotos, en un par de minutos regresamos de nuevo al camino. La senda sigue sin tener pérdida y, al cabo de quizás media hora, nos encontramos con el segundo atractivo concreto de la caminata. Esa senda, siempre estrecha, se va alejando del arroyo porque la ladera es cada vez más vertical. A la vez, a la izquierda, aparece un cortado rocoso que obliga al camino a pasar por ahí, por una cornisa no muy estrecha pero resbaladiza en caso de lluvia. Una cadena ayuda a salvar con mayor seguridad ese paso.

En la cornisa

En la cornisa

Justo después de esta cornisa, una nueva señal dirige otra vez hacia la derecha, hasta el arroyo, para ver la segunda de las dos cascadas, la Chorrera Chica. El desvío es un poco más largo que el anterior, pero no se pierden más de diez minutos, así que merece la pena acercarse.

Estamos ya cerca del final. El último tramo del valle es muy bonito, con un robledal y unas rocas repletas de humedad y de musgo. Este robledal termina en un collado. De frente se ven increíbles extensiones de terreno de esta Parque Nacional de Cabañeros, pero nosotros tenemos que seguir subiendo.

Para ello, hay que girar a la izquierda. Es un cuarto de hora por una pista más ancha y más inclinada. La pista, siempre bien indicada, conduce directamente a nuestra meta de hoy, al Corocho de Rocigalgo. Una vez más, tenemos suerte con las vistas que nos permite disfrutar la ausencia de nubes. Hay, de hecho, un amplio mirador donde vienen indicadas todas las montañas que aparecen a nuestra vista.

Es posible hacer la ruta circular, pero ya nos había advertido de que es más larga y menos bonita, por una pista forestal. Por ello, elegimos el mismo camino para regresar. Almorzamos fuerte en el collado y descendemos sin noticias ni paradas. Muy sorprendente y muy recomendable esta cima de Toledo.

Punto de salida: Caseta de Información del Parque Nacional de Cabañeros de Las Becerras, entre Los Navalucillos y Robledo del Buey.

Distancia: 18 kilómetros.

Desnivel: Se sale de 742 y se llega a 1.449. Hay algunas bajadas escasas, los acercamientos a las dos cascadas… Unos 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: Del coche al coche hemos empleado cinco horas y 45 minutos, con la visita a las dos cascadas, un buen rato en la cima y media hora sentados para el almuerzo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas e informas de tus intenciones en la caseta. Desde ahí, sigues la pista forestal que sale a la derecha según miras la caseta. A los tres kilómetros, empiezas a subir la senda. No hay pérdida, siempre hacia arriba, dejando a la derecha el arroyo. No hay desvíos porque el valle es muy cerrado. Al llegar al collado, tuerces a la izquierda y en 15 o 20 minutos nadie estará por encima de ti en Toledo.

La canción de Fernando:

Cima 36 de 45. Ávila. Almanzor. 2.592 metros. 17-9-2017

Como ha sucedido ya en algunas de las grandes montañas de este reto, para ascender a la número 36 hemos usado de dos jornadas. No es que sea imposible, ni siquiera muy difícil, hollar la cumbre del Almanzor en una larga caminata de varias horas, con la Plataforma de Gredos como principio y como final, pero se disfruta más de la ascensión si se pasa una noche en el refugio siempre llamado Elola, y ahora conocido como el de la Laguna Grande de Gredos. Hay placas con las dos denominaciones, pero es el mismo y uno solo, el situado junto a esa laguna y debajo de unos imponentes picachos silíceos a los que cuesta dejar de mirar por sus quebradas y atractivas formas.

Día 1. Sábado 16

Como yo pasé la noche del viernes en Madrid, quedé con Félix para coger en Chamartín el tren que nos llevaría a Ávila capital a las 10.45. La llegada estaba prevista a las 12.22. Poco antes de nuestra quedada, a las 10.00, deberían salir de Soria los otros cinco compañeros de viaje: Carlos, David, José Vicente y ambos Nachos, en el coche de siete plazas que teníamos alquilado.

Poco después de las 13.00 horas estábamos los siete juntos en el restaurante El Sol de Ávila, donde vivimos la primera de las tres casualidades de este viaje, ya que nos encontramos con el equipo juvenil del San José de fútbol, que jugaba después contra el Ávila. Empataron a dos. Allí comimos, y desde allí emprendimos rumbo hacia Hoyos del Espino, el pueblo del que sale la carretera de 12 kilómetros hasta la Plataforma de Gredos.

Los siete, en la cima

Los siete, en la cima

Sin ninguna parada más, cogimos esa carretera y, tras pagar los dos euros y medio preceptivos por vehículo, llegamos a los 1.780 metros de ese gran aparcamiento alrededor de las 16.30. Justo antes de las 17.00, empezamos a caminar.

La ruta entre la Plataforma y el refugio puede demorarse entre las dos y las tres horas, este último caso para familias con niños. Desde el principio, se sube sin parar, demasiado si se tiene en cuenta que hay que salvar en teoría poco más de 150 metros de desnivel. El comienzo es una especie de calzada. Viene todo muy bien marcado.

Sin parar de subir, se llega a la fuente de Cavadores y, poco después, a un precioso mirador de todas las montañas del circo de Gredos, justo antes de la fuente de Barrerones. Estamos a más de 2.100 metros, así que no queda otra que bajar por una larga senda hasta los 1.950 metros a los que se encuentran la Laguna Grande y su refugio. En él, segunda casualidad, me encuentro con Rosa, una amiga de Madrid a la que llevaba años y años sin ver. Estaba con su marido, sus tres hijos y un amplísimo grupo de niños que se están familiarizando con la montaña y que no han dado una guerra en todo el fin de semana.

Cenamos en el segundo turno y a las 22.30, cuando el toque de queda, estamos los siete en nuestros lechos, los que nos ha facilitado el refugio, que estaba totalmente lleno.

Día 2. Domingo 17

Para sentarnos a desayunar antes que todo ese gran grupo de niños y sus padres, y porque así era nuestro plan primigenio, a las 7.30 ya estábamos a la mesa. Esa es la hora de inicio de la primera comida del día en este lugar.

El horario ha sido según lo previsto: recogida de sacos, depósito del material que no íbamos a acarrear en las taquillas, adquisición de algunos picnic y pago de todo lo que habíamos consumido entre anoche y hoy. Pasadas las 8.30, ya estábamos caminando hacia nuestro objetivo. El sol iluminaba los picos más altos, pero todavía no éramos capaces de verlo directamente.

A una decena de metros del refugio, hay cuatro flechas de madera indicando los destinos más habituales. Uno de ellos, me imagino que el destino estrella, es el gran Pico Almanzor, la cumbre más elevada de Gredos y de todo el Sistema Central. Pone que se tarda dos horas y, ya lo puedo adelantar, eso es exactamente lo que hemos tardado en llegar hasta allí arriba.

Laguna Grande de Gredos

Laguna Grande de Gredos

No es fácil tener más suerte con el día para subir al Almanzor, con una temperatura casi perfecta, viento escaso y amenaza nula de lluvia. Siendo la época que es, no hay ni el menor atisbo de nieve.

Esa flecha hacia el Almanzor indica hacia un collado, al que apuntan cientos de hitos como si cada excursionista pensase que su ruta de acceso es la más idónea. No hay ninguna pérdida, porque el  Almanzor en línea recta está muy cerca y se va viendo todo el rato. Eso sí, no hay descanso alguno. Al principio, la senda es más o menos tal, pero pronto se convierte en un gran laberinto de piedras de todos los tamaños que hay que ir sorteando sin dificultad.

Ese camino, aproximadamente a los tres cuartos de subida, hay que abandonarlo para coger otra canal que sale a la derecha, algo más empinada y que se va estrechando poco a poco. Nos está dando el sol, pero bajan otros montañeros que nos dicen que arriba, al otro lado de la cresta, hay sombra, pega el viento y hace frío. Ya llegaremos para comprobarlo.

Esta segunda canal desemboca de nuevo en otras dos, pero la elección es obvia. Hay que coger la de la izquierda para llegar, ahora sí en muy pocos minutos, hasta la Portilla del Crampón. Allí, donde todavía daba el sol, hemos dejado todas las mochilas para acceder a la parte final, la más amena de toda la subida.

Desde esa Portilla del Crampón se ve justo encima el Almanzor, pero se nota que atacarlo de frente no es la mejor idea. Hay que irse al otro lado y seguir unos puntos blancos visibles en las rocas. Es necesario realizar varias trepadas no muy complicadas, pero en las que tampoco viene mal ayudarnos los unos a los otros. Ayuda el hecho de que no es un terreno muy aéreo, lo que reduce la sensación de peligrosidad y de dificultad.

En la Portilla del Crampón

En la Portilla del Crampón

En muy pocos minutos estamos arriba, en el hermosísimo Pico de la Plaza del Moro Almanzor. Adecuándonos como podemos a la estructura de la cima, nos hacemos la obligatoria foto aprovechando la presencia de un montañero que llegaba en ese momento adonde estábamos nosotros. No hay mucho espacio ni mucho tiempo para admirar las espectaculares vistas de las dos mesetas.

La bajada es más entretenida. Primero, hay que hacer unos destrepes hasta las mochilas. Allí, en la Portilla del Crampón, hemos almorzado todo lo que nos habíamos subido, mientras un par de cabras de Gredos nos pedían compartir con nosotros esa comida.

Desde la Portilla hasta el refugio nos hemos encontrado a bastante gente que subía, pero sin exageraciones. Muchas de ellas son personas que han empezado a andar desde la Plataforma, buscando una larga jornada de andar para subir al Almanzor sin hacer pernocta en el refugio, al lado del cual había varias tiendas de campaña anoche.

Hemos empleado en bajar otras dos horas, incluyendo el rato de la comida. En el refugio teníamos que recoger las pertenecías de las taquillas y despedirnos de sus guardeses. Se estaba tan bien al sol, que nos hemos demorado más de lo previsto. Gracias a ello, tercera casualidad, nos hemos encontrado con el gran corredor de montaña Miguel Heras, que suele entrenar por esta zona.

El inicio del camino de regreso hasta el coche es pesado, porque hay que subir de nuevo hasta el mirador. Vamos despacio porque no hay gran prisa. Del refugio al coche estamos otras dos horas caminando.

En la Plataforma hay unos cuantos vehículos, sin masificaciones. Bajamos a Hoyos del Espino. Ya son más de las cuatro así que nos tenemos que conformar con unos bocadillos, lo que no nos supone problema. Dejamos a Félix en Ávila para que coja un tren a Madrid y los otros seis seguimos hacia Soria. Llegamos de noche. El proyecto se encuentra completado en sus cuatro quintas partes, así que habrá que ir a por la quinta en los próximos meses.

Punto de salida: Refugio de la Laguna Grande de Gredos, tras un acercamiento de dos horas desde la Plataforma.

Distancia: De la Plataforma al refugio, casi siete kilómetros. Del refugio al Almanzor hay unos dos kilómetros y medio.

Desnivel: De la Plataforma al refugio, se suben casi 400 y se bajan más de 150. Del refugio al Almanzor, ganancia constante de unos 650 metros.

Cuánto se tarda: De la plataforma al refugio, unas dos horas, casi igual que ese mismo camino a la inversa. Del refugio al Almanzor, dos horas de ida y algo menos para volver.

Explícame cómo se sube sin literatura: De la plataforma al refugio está muy bien marcado por flechas hacia la Laguna Grande, que hay que rodear para llegar al refugio. Desde aquí, se sigue una gran canal que viene indicada y, además, se va viendo siempre de frente, un poco a la derecha, el Almanzor. Esa canal se deja poco antes de su final para coger otra que sale a la derecha. Esta segunda se divide en dos cerca del final. Sin nieve, se coge la de la izquierda hasta la Portilla del Crampón. Aquí se dejan las mochilas para la última trepada, andando unos diez metros sin ganar altura hasta empezar a subir. Hay unos puntos blancos.

La canción de Fernando:

Cima 35 de 45. Valladolid. Cuchillejos. 933 metros. 10-8-2017

Quizás no sea posible escribir un poema épico de nuestra ascensión al Cuchillejos, el lugar admitido en los últimos años como el punto más alto de la provincia de Valladolid y, por tanto, uno de los 45 objetivos de este reto. Sin embargo, tampoco podía esperar cuando inicié este viaje por toda España que la del Cuchillejos iba a ser una de las jornadas más especiales del mismo.

Hay dos razones para ello, dos razones muy vinculadas entre sí. La primera y fundamental es la compañía. No la de Sergio, que ha subido ya a una quincena de las cimas del proyecto, sino la de Fernando, que es la única persona junto conmigo que ha formado parte de la totalidad de las cimas… y sin haber subido a ninguna de las anteriores.

Como conocéis los seguidores de este blog, al final de cada texto aparece una canción de un grupo de la provincia cuya cúspide ha sido hollada. Así sucede desde Lugo, desde O Mustallar, pico iniciático allá por agosto de 2013. Cada vídeo de Youtube aparece precedido por el mismo grupo nominal: “La canción de Fernando:”. Pues bien, hoy hemos tachado la cima número 35 con la compañía del autor de esta extensa selección musical.

En la cima

En la cima

La segunda razón, relacionada como he dicho con la primera, es que queríamos hacer coincidir esta excursión al Cuchillejos con algún momento especial, a ser posible relacionado con la música. ¿Y qué es lo más especial musicalmente que sucede a media hora a la redonda del pico Cuchillejos? Muy fácil: el Sonorama de Aranda de Duero, en la vecina provincia de Burgos. Este gran festival, uno de los más importantes de España, ha empezado oficialmente hoy (aunque ayer hubo algún concierto-aperitivo) y termina el domingo.

Así ha sido el día

Después de esta larga introducción, voy a contar cómo ha sido la jornada de hoy y cómo se llega al Cuchillejos, un objetivo habitual entre los caminantes e incluso entre los montañeros por esa particularidad de ser el punto más alto de la provincia central de Castilla y León.

Hemos quedado los tres a las ocho de la mañana en Soria. Puntualidad máxima para partir de viaje. Hemos seguido la Nacional 122, hemos pasado Aranda de Duero y hemos llegado a Nava de Roa (todavía provincia de Burgos). En este pueblo, según vamos nosotros, se gira a la izquierda (el cartel indica hacia Sacramenia) y se sigue una estrecha carretera durante alrededor de cuatro kilómetros, hasta su final en otra carretera.

Por el sembrado, hacia el vértice geodésico

Por el sembrado, hacia el vértice geodésico

Llegados a esta intersección, a la derecha está Castrillo de Duero (provincia de Valladolid) y a la izquierda está Cuevas de Provanco (provincia de Segovia, hoy hemos estado en cuatro de las nueve provincias de la comunidad autónoma). Pues bien, hay que girar a la izquierda, hacia Cuevas de Provanco.

Aprovechando que no hay mucho tráfico, conviene ir despacio porque salen muchos caminos a la derecha y no es fácil saber cuál hay que coger. Nosotros llevábamos un mapa en el móvil para que el GPS nos dijera exactamente dónde dejar la carretera. Ello sucede en una chopera, un kilómetro antes de llegar a Cuevas.

Ese camino va subiendo poco a poco, atravesando primero un pequeño bosque mediterráneo. Cuando se sale de este pequeño bosque, se llega a una gran meseta sembrada de cereal. Hoy, en una mañana fresca de agosto, soleada y nubosa, estaba muy bonito el paisaje. Al llegar a esta meseta, ya se ve a lo lejos un montículo de piedras y un vértice geodésico.

El último camino

Se dejan un par de caminos que salen a la izquierda y se coge el tercero, también a la izquierda. En un par de centenares de metros se deja el coche. El vértice está a la derecha, puede que a unos 300 metros, así que se llega a él en apenas cinco minutos de caminata.

No ha sido el paseo más corto de este reto, porque ha habido algunas cimas a las que hemos llegado directamente con el coche. Pero sí es, de momento, el punto más bajo de los 35 ascendidos. Todavía tendrá que ganarle el de La Coruña. Nos hemos hecho las fotos comprobatorias y hemos regresado al vehículo para almorzar en Nava de Roa y recuperar fuerzas.

De ahí, como ya habréis adivinado, nos hemos ido al Sonorama, a Aranda de Duero. En el escenario Castilla y León, en los conciertos de mediodía, actuaban unos amigos nuestros de Soria, Meta (María, Rodrigo y Toño, acompañados por Mario). En parte, ellos son los culpables de que las cosas hoy se hayan desarrollado como se han desarrollado. Es el poder de la música.

Punto de salida: Algún lugar de la meseta que hay entre Cuevas de Provanco y Castrillo de Duero.

Distancia: Poco más de medio kilómetro.

Desnivel: Inapreciable, el coche se deja casi a la misma altura.

Cuánto se tarda: Diez minutos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Lo más ‘difícil’ de encontrar es el lugar donde se deja el coche. De Castrillo de Duero a Cuevas de Provanco salen muchos caminos a la derecha. Hay que coger uno cuando se ve una chopera. Asciende rápidamente hasta llegar a una gran meseta. Se avanzan otros 500 metros aproximadamente y se llega a un cruce de caminos. Se coge el de la izquierda. Se va viendo siempre el montículo de piedras, así que se aparca cuando se estime que se ha llegado a su altura.

La canción de Fernando:

Cima 34 de 45. Cantabria. Torre Blanca. 2.619 metros. 22-7-2017

Desde que empezó este reto, hoy es la segunda vez que sucede lo siguiente: hemos subido la cima más alta que nos quedaba por ascender. La anterior, como es obvio, fue el Teide. La siguiente será El Chullo almeriense. Conquistados ya los cuatro tresmiles y el Torre Cerredo, lo más elevado que faltaba era el Torre Blanca cántabro, ubicado en una de las inmensas praderas pétreas de los Picos de Europa con varios picos por encima de los 2.600 metros, a caballo entre León, Asturias y Cantabria y en muchas ocasiones de altitudes dudosas. Hasta hace no tanto, se consideraba al Peña Vieja (2.617) el pico más alto de Cantabria. Esto puede cambiar en el futuro.

Los Picos de Europa son uno de los paisajes montañosos más espectaculares que existen. Aparentan no importarles todo lo que llueve en su tierra porque están formados por piedras y más piedras entre las que no puede encontrarse una fuente ni mucho menos un regato. Este año, además, apenas queda nieve en esta tercera semana de julio.

Los de la ascensión

Dada la importancia de la ascensión, hemos preparado un organigrama en consonancia. Ayer viernes salimos seis personas de Soria: Ángel, Claudia, José Vicente, Ramiro y los dos Sergios. En San Leonardo de Yagüe, que iniciaba sus fiestas, nos encontramos con Begoña y Chupi de El Burgo de Osma. Óscar vino a tomar un café pero esas fiestas le impidieron acompañarnos. Después, en Burgos, recogimos a Félix, que llegaba de Madrid. Los nueve viajamos juntos hasta Puertas (Asturias), nuestro hogar en esa zona, donde nos esperaba Haritz recién llegado de San Sebastián. Esas diez personas, junto a Andrés, Huni (perra), Jairo y Nacho, hemos completado la expedición al Torre Blanca.

Foto de cima

Foto de cima

Esta mañana ha sido temprana en Puertas. A las 7.00 habíamos quedado para salir, algo que hemos hecho puntuales. Hemos pasado por Arenas y Panes para llegar alrededor de las 8.00 a Potes, ya en Cantabria, donde hemos desayunado. Poco después de las 9.15 estábamos en la base del teleférico de Fuente Dé. Entre comprar nuestros billetes uno a uno y terminar de ubicarnos, hemos subido casi a las 9.45. Este teleférico, uno de los más conocidos de España, emplea apenas 3 minutos y 40 segundos en salvar 750 metros de desnivel para llegar a los 1.820 sobre el nivel del mar.

La parte superior de este teleférico se llama El Cable y ahí ha empezado nuestra ruta, a las 10.00 horas exactas.

El comienzo no solo es fácil, sino que es incluso apto para vehículos todoterreno. Es una pista que hay que seguir durante alrededor de media hora. Es sábado, es julio, y hace muy bueno en contra de lo que asustaban las previsiones: solo hay que seguir a la gente. Pasada esa media hora, la pista se convierte en senda y se empieza a ganar altura de manera más evidente.

Cabaña Verónica

Muy pronto se divisa otra de las imágenes icónicas de Picos de Europa, la Cabaña Verónica. Es una edificación de apenas nueve metros cuadrados, cuya estructura es una de las cúpulas de un portaaviones estadounidense construido a mediados de los años 40. Hemos llegado en hora y media desde El Cable y, después de hablar unos minutos con el guarda, nos ha puesto en camino hacia nuestro objetivo del día: el Torre Blanca.

A partir de ahí, en días como hoy, secos y veraniegos, el terreno no es especialmente difícil pero tampoco especialmente fácil. Se acaban las sendas y llega el momento de sacarse las manos de los bolsillos para utilizarlas en numerosos pasos que, en cualquier caso, no son muy complicados de salvar ni muy arriesgados. Ello sucede sobre todo a partir de la Collada Blanca, donde los diez que hemos dormido en Puertas nos hemos encontrado con los tres más uno que lo han hecho en el refugio de Collado Jermoso, y que venían de hacer el Llambrión esta misma mañana.

Esperando el teleférico

Esperando el teleférico

En la Collada Blanca hemos dejado la mayoría de las mochilas y los bastones, que a partir de ese momento estorban más que ayudan. Hay tantos hitos que a veces es difícil saber cuáles son los que nos van a llevar a nuestra meta. Otras veces no es fácil ver el siguiente, sobre todo porque la vista siempre se va hacia arriba y en ocasiones toca perder altura para luego recuperarla. Eso nos ha pasado sobre todo una vez, aunque en unos minutos ya estábamos reagrupados.

A la cima del Torre Blanca se llega casi sin previo aviso. Se van viendo siempre a la derecha el Tiro Tirso y el Llambrión, y a la izquierda el Tiro Llago, pero nosotros tenemos que seguir hacia arriba, paralelos a la pendiente, hasta que llega un momento en el que esa pendiente se convierte en nula, aparecen dos pequeños cohetes, y una señal en uno de ellos: “Torre Blanca. 2.617 metros”. Dos metros menos de lo que parece la medición oficial. ¿Dentro de cuánto tiempo el pensamiento general me hará regresar a la zona para subir el Peña Vieja cuando este sea considerado de nuevo el más alto de Cantabria?

Hacía tan bueno que hemos pasado un rato largo en la cima, disfrutando de las inigualables vistas de algunas de las cumbres más altas del Macizo Central, que coinciden con las cimas más altas de todos los Picos de Europa. El Urriellu también asoma en varios momentos tanto de la ascensión como desde la cumbre del Torre Blanca.

La segunda cordada del Llambrión

Allí, Bego, Chupi y Haritz han decidido ir bajando para intentar coronar el Llambrión. Los demás hemos bajado tranquilos, teniendo cuidado en los sencillos destrepes y en las bajadas de piedra suelta donde resbalarse es fácil. Hemos hecho dos paradas tranquilas en la Collada Blanca y en la Cabaña Verónica, aprovechando que allí se venden refrigerios.

Llegando a El Cable, Andrés, Jairo y Nacho, acompañados ahora por Félix, han decidido bajar por donde subieron ayer, la Canal de la Jenduda, mientras los seis que quedábamos hemos cogido el teleférico de vuelta. En la estación inferior nos hemos reencontrado con los tres que han intentado y conseguido el Llambrión, y nuevamente en Potes con los que han bajado por la Jenduda salvo Andrés, que ha seguido hacia Vizcaya.

La logística del viaje parece enrevesada pero no lo ha sido. También parece que ya están finalizadas las cimas cantábricas del reto. El tiempo y las convicciones lo confirmarán. Quedan once cumbres, que intentaremos ir tachando en los próximos meses.

Punto de salida: El Cable (la estación superior del teleférico de Fuente Dé).

Distancia: Unos 15 kilómetros.

Desnivel: De 1.820 a 2.619, pero con bastantes pérdidas de altura. Quizás unos 1.000 metros positivos.

Cuánto se tarda: Desde El Cable, en tres horas y poco más estábamos arriba del Torre Blanca. Para bajar, por el terreno técnico y, sobre todo, por las paradas, hemos tardado más rato. En total, de Cable a Cable se nos han ido siete horas y media, pero se puede hacer en bastante menos.

Explícame cómo se sube sin literatura: Subes en el teleférico de Fuente Dé. De allí parte una pista amplia por la que va todo el mundo, hasta que se convierte en una senda que hay que seguir. Esa senda sigue hacia Horcados Rojos, pero hay que abandonarla para ir al refugio de Cabaña Verónica, que se ve a apenas 100 metros a la izquierda. Desde el refugio, unos hitos nos conducen hasta la Collada Blanca. Nuestro objetivo es el pico que nos encontramos de frente, no los de la derecha ni el de la izquierda. Toca trepar.

La canción de Fernando:

Cima 33 de 45. Ciudad Real. Pico del Amor (Oeste). 1.375 metros. 11-6-2017

Dos inmensas llanuras arboladas situadas a casi 900 metros de altitud separadas por una mole de montañas no muy elevadas pero sí muy salvajes. Más o menos eso son los Montes de Toledo. No las llanuras, sino la mole que las divide. En estos montes se encuentran dos de las cimas de este reto. Esta mañana hemos hecho una, la de Ciudad Real: un lugar a unos 200 metros al Oeste del Pico del Amor. Queríamos hacer mañana la segunda, el Corocho de Rocigalgo de Toledo, pero el vehículo que nos ha transportado aquí no ha querido continuar y nos hemos regresado a Soria en el mismo día.

Así que la jornada ha sido larga. José Vicente y yo hemos quedado a las 6.30 de la mañana, con las primeras luces del día. Ayer, por tanto, no vivimos como se merece la tarde del Lavalenguas en Valonsadero. Para no perder mucho tiempo y para evitar las horas centrales del día, hemos conducido hasta Burguillos de Toledo, para recargar el móvil (no cargaba en el coche, una señal) y para almorzar ante lo que nos esperaba.

La siguiente parada ha sido también en la provincia de Toledo, en Ventas con Peña Aguilera. Allí, en su oficina de turismo, nos han dejado el número de teléfono del guarda cuya finca íbamos a atravesar para subir a los Riscos (el lugar con prominencia más alto de Ciudad Real) y al Pico del Amor. Le hemos llamado inmediatamente contándole nuestras intenciones y el número de personas que éramos, y no ha puesto ninguna pega. Es fácil leer en internet que conseguir los permisos para este pico es complicado, especialmente si se sube desde la provincia de Ciudad Real. Nosotros, como he dicho, sin ningún problema.

En el Pico del Amor

En el Pico del Amor

En Ventas de Peña Aguilera, siguiendo la calle Zarcita, se recorren cuatro o cinco kilómetros de una pista forestal que muere en la Finca de Peralosa. Allí hay que aparcar. La ruta a pie sigue de frente, dejando a unos 50 metros a la derecha las edificaciones de esta finca.

El gran cortafuegos

Nosotros ya nos hemos acostumbrado a ir con el track en el móvil, pero no hay mucha pérdida. Hay que seguir ese camino durante poco más de un kilómetro. Desde el principio se ve un gran cortafuegos que va a ser nuestra senda para llegar al cordal. El paisaje tiene unas bonitas formaciones de piedra, unas encinas de gran porte y mariposas de varios colores por todos lados. Hace más de 30 grados.

Superado ese kilómetro, cuando se llega a la altura del cortafuegos después de abrir y cerrar la tercera valla, se gira a la derecha. No hay pérdida porque a la izquierda lo único que hay son kilómetros y kilómetros de llanura. Una vez que se ha girado, los primeros metros son todavía llanos, pero pronto el desnivel se pone serio. El potente calor aumenta esa sensación de desnivel.

El cortafuegos no es muy largo. Aun así, viene bien tomar dos o tres descansos en las escasas sombras, aprovechando también las grandes rocas que lo cortan en dos tramos y que es necesario sortear por la derecha o por la izquierda.

Cuando se pasa este segundo tramo rocoso termina el cortafuegos y se alcanza una valla. Ese es el límite entre Toledo y Ciudad Real, provincia que en esta zona se adentra durante unos cuantos kilómetros en la de Toledo. Al llegar a la valla hay que torcer de nuevo, esta vez a la izquierda. Es evidente, porque de este modo se va ganando altura.

Lo que no es evidente es la ubicación del que pensábamos que era nuestro objetivo de hoy, los Riscos del Amor. Se trata de dos montículos de piedra, uno de los cuales está a este lado de la valla por el que caminamos (Toledo, 1.342 metros) y el otro al otro lado de la valla (Ciudad Real, 1.344).

En los Riscos del Amor

En los Riscos del Amor

En el camino de ida, de hecho, nos los hemos saltado. Nuestra caminata por el cordal de cima nos ha conducido al vértice geodésico del Pico del Amor. Como se ve desde lejos, se alcanza de modo instintivo. Es el punto más elevado de toda esta zona, con más de 450 metros de prominencia… pero se encuentra enteramente en la provincia de Toledo por algo menos de dos centenares de metros.

Con vértice y sin vértice

Como en ningún lugar pone dónde estamos, recordamos lo que nos ha dicho el responsable de la oficina de turismo: “El Pico del Amor tiene vértice geodésico. Los Riscos del Amor no lo tienen, son solo montones de rocas”. Por ello, mientras descansábamos, comíamos y bebíamos, hemos consultado internet. Efectivamente, nos los teníamos que haber pasado. Los Riscos estaban un kilómetro antes, después de un pequeño collado.

Como hemos podido, hemos saltado dos vallas en los puntos donde más deterioradas estaban, para poder hacernos la segunda foto de cima tras una breve trepada. A falta de vértice, alguien ha puesto un trozo de árbol que ya se ha secado.

En resumen: Por lo que he visto, el lugar más alto de la provincia de Ciudad Real está en el camino de ascenso al Pico del Amor. Calculando en el IGN, y como también he encontrado en otros lugares, mide 1.375 metros, cinco menos que el pico en sí. Su prominencia es nula porque se encuentra en pendiente. Los Riscos del Amor, 30 metros más bajos, al menos pueden decir que tienen 13 metros de prominencia.

Hemos bajado por el mismo lugar hasta el coche y, con él, de nuevo a Las Ventas con Peña Aguilera y al hotel-balneario. Es el penúltimo tramo que ha hecho antes de negarse a seguir el viaje con nosotros.

Punto de salida: Finca de Peralosa, a cuatro kilómetros de Las Ventas con Peña Aguilera.

Distancia: 10 kilómetros casi clavados.

Desnivel: De casi 900 metros a 1.380, con una levísima pérdida de altura en el collado. Al final, más de 500 metros.

Cuánto se tarda: Hemos tardado una hora y media clavada en subir al Pico del Amor. Al volver nos hemos entretenido un poco para cruzar la valla y coronar los Riscos del Amor. En algo menos de tres horas se hace bien.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en esa finca de Peralosa. Sales del coche y sigues de frente. Al kilómetro y poco, después de la tercera valla que hay que abrir, ya ves a la derecha el cortafuegos. Hasta arriba. Cuando te encuentres con la valla, a la izquierda. En un rato ves el vértice del Pico del Amor. Cuando abandones la valla, ese es el punto más alto de Ciudad Real.

La canción de Fernando:

Cima 32 de 45. Castellón. Penyagolosa. 1.815 metros. 18-2-2017

Tras el infructuoso intento de la semana pasada a Cáceres (verlo), esta mañana sí hemos podido acercar un poco más el final de este proyecto. Lo hemos hecho en un lugar precioso, otro de esos paisajes capaces de sorprender por todo lo de montaraz que tienen muchos kilómetros cuadrados del interior de nuestro país.

Hemos estado en pleno Maestrazgo castellonense, en la cima más alta de la provincia más septentrional de la Comunidad Valenciana, en los 1.815 metros sobre el nivel del mar del Penyagolosa. Es una de las montañas valencianas más emblemáticas, quizás la más, por una serie de razones. Primero, por su altura y su considerable prominencia. Segundo, porque permite ser disfrutada tanto por los amantes de la escalada a través de su espolón sur como por las familias o los grupos de amigos llegados de diversas partes del país a través de la turística senda que parte de la ermita de Sant Joan de Penyagolosa.

Efectivamente, nuestro caso es este último. Ángel Carlos ha llegado desde Valencia. César, desde Madrid. Alfonso, Sergio y yo, desde la ciudad de Soria, de la que hemos partido a las 6.00 de esta mañana: Calatayud, Daroca, Teruel, desvío en la Venta del Aire hacia Rubielos de Mora, puerto de Linares, girar a la izquierda antes de Puertomingalvo y, antes también de Vistabella, último desvío a la derecha hasta la ermita.

En la cima

En la cima

Allí se aparca. También se puede aparcar unos 100 metros antes, que es desde donde realmente arranca la senda hacia la cumbre. Había bastantes coches, algo lógico considerando que es sábado, que hacía un día espléndido y que ya eran más cerca de las 12.00 que de las 11.00.

No muy lejos de la ermita está el Centro de Interpretación, al que nos hemos acercado para que nos explicaran el camino de subida. No tiene un gran misterio en días tan soleados como hoy. Desde donde se dejan los coches se sube por la senda marcada de rojo. Los primeros 200 metros coinciden con una pista apta para coches, pero cuando esta gira bruscamente a la izquierda hay que seguir de frente. Viene marcado.

Es el llamado Barranco de la Pegunta, un arroyuelo de montaña de aguas limpísimas. Casi desde el principio nos ha tocado pisar nieve, pero sin ningún problema en todo este primer tramo, de alrededor de tres cuartos de hora, hasta la Banyadera, donde volvemos a encontrarnos con la pista.

Desde ahí toca abandonar la senda roja para seguir la senda verde. Como ya nos advirtieron por teléfono, no había mucho espesor de nieve, pero la poca que quedaba estaría bastante helada. Y así ha sido, con lo que el avance ha sido tranquilo porque nuestros calzados no agarraban como deberían en esa nieve tan dura. Peor ha sido la bajada, aunque sin tener que lamentar nada grave.

La nieve tapaba también el camino, pero no hay ningún problema porque el Penyagolosa se terminará encontrando siempre que se siga hacia arriba: es una montaña solitaria, con una única cima paralela a un centenar de metros, pero sin ninguna otra cresta de continuidad.

Disfrutando del sol de invierno

Disfrutando del sol de invierno

Las vistas desde arriba son espectaculares, con miles de pinos, decenas de ondulaciones del terreno y algunos pueblos del Maestrazgo, muy bonitos todos los que hemos visto. Hoy, la bruma no permitía ver el mar. Hemos hecho las fotos de cima y hemos comido con tranquilidad, junto a bastantes otros andarines que han tenido la misma idea que nosotros para este sábado de invierno: disfrutar del sol mediterráneo desde el punto más alto de Castellón.

Para bajar, nada más llegar a la Banyadera, hemos acortado por otro pequeño barranco, el del Forn, que en unos pocos minutos desemboca de nuevo en el de la Pegunta, para regresar hasta el coche por el mismo camino que el de la ida. Ha sido una de las cimas más agradecidas del proyecto por la temperatura, la presencia de la nieve, la visibilidad, la duración de la marcha… Me temo que tocará regresar algún día para conocer más despacio algunos de estos pueblos que me han parecido tremendamente atractivos.

Punto de salida: Ermita de Sant Joan de Penyagolosa.

Distancia: Alrededor de nueve kilómetros.

Desnivel: Hemos salido de 1.270 metros y se llega a 1.815. No hay subidas y bajadas: algo más de 500 metros de desnivel positivo.

Cuánto se tarda: Hemos estado unas tres horas en total, pero alrededor de media la hemos empleado en disfrutar de las vistas desde la cima y en comer.

Explícame cómo se sube sin literatura: Dejas el coche en Sant Joan de Penyagolosa. Justo antes hay otro pequeño aparcamiento. Coges la pista que sale a la izquierda y, a los 200 metros, la dejas para seguir de frente por un barranco. Cuando te encuentras de nuevo con la pista, después de media hora, la sigues unos metros hacia la derecha para encarar la última subida hasta el pico, sin pérdida.



La canción de Fernando:

Cima 31 de 45. Murcia. Los Obispos. 2.014 metros. 28-12-2016

Apenas 24 horas después de haber coronado la cima 30 hemos hecho exactamente lo mismo con la 31. Ayer nos tocó Albacete, y hoy nos ha tocado la que en su día fue su compañera de región, Murcia. Si ayer nos sorprendimos con lo que encontramos, hoy hemos repetido sensación, y quizás acrecentada.

Los Obispos es ligeramente más baja que la Atalaya, y por eso nos habíamos hecho la idea, sin ninguna base científica, de que íbamos a encontrarnos menos nieve. Nos ha pasado lo contrario, quizás por la ruta que hemos elegido para subir.

Estamos alojados en Cañada de la Cruz, a casi 1.300 metros sobre el nivel del mar. Para llegar a Los Obispos se puede salir directamente desde el pueblo, pero nosotros hemos optado por hacerle caso a nuestro casero y avanzar algo más de un kilómetro por un camino, hasta un chalé abandonado y una majada que se encuentran en el mismo camino de subida.

Justo enfrente de nuestra casa rural, la única del pueblo, hay un cartel con varias vías de acceso a Los Obispos. Nos gustó la que se llama de Las Zanjas (también la hemos encontrado como Barranco del Rey), y esa es la que hemos seguido.

En la cima

En la cima

El chalé y la majada están ya a 1.400 metros. Husmeando un poco, pronto hemos encontrado los primeros hitos y flechas rojas que señalan claramente hacia arriba. Los hitos están muy juntos y el barranco es el barranco, así que perderse está muy cerca de ser imposible.

El camino es estrecho y es obligatorio ir en fila india. Al poco de empezar hay dos pasos de dos o tres metros en los que es estrictamente obligatorio ayudarse con las manos para avanzar, pero no son trepadas difíciles.

Empieza la nieve

Justo después de esa segunda trepada, alrededor de los 1.600 metros, ha empezado la nieve. Parecía que había la misma que cayó cuando cayera, hace unos días, porque es un terreno en el que se nota que no da el sol en todo el día. La nieve estaba dura, nos resbalábamos a tramos, pero casi mejor esto que no andar hundiéndose cada dos pasos, como ayer.

Al cabo de la hora, o quizás un poco antes, termina el barranco y el terreno se abre. Vemos entonces que la nieve no está solo en nuestro sombreado camino de subida, sino en toda esta zona alta del macizo de Revolcadores. Igual que ayer, tenemos la suerte de que el día está totalmente despejado. O mejor, está despejado donde nosotros nos encontramos, pero no al sur: un gran mar de nubes cubre todas las tierras que ayer veíamos, con esa belleza especial que tienen siempre los mares nubosos.

En el Revolcadores

Justo después del final del barranco se ve ya el primer vértice geodésico de los dos que vamos a hollar hoy, el del Revolcadores, el que da nombre a todo el macizo. La nieve sigue sorprendentemente dura a pesar de lo expuesta que se encuentra esta zona, ya sin apenas pendiente.

Tras la foto en el Revolcadores, a 1.999 metros, hemos culminado la ruta de ascenso de hoy con otro cuarto de hora hasta Los Obispos, 15 metros por encima. Si ayer no vimos a nadie en las cinco horas de marcha, hoy nos hemos encontrado dos o tres pequeños grupos de montañeros además de nosotros.

Revolcadores y mar de nubes

Revolcadores y mar de nubes

En Los Obispos hemos celebrado esa cima número 31 con una nueva foto, mientras veíamos como la niebla se iba echando sobre nuestro camino de vuelta, que ha sido el mismo que el de la ida. Nos ha importunado unos minutos al principio, pero de regreso al barranco ha desaparecido.

Durante el descenso ha habido algunos resbalones por esa dureza de la nieve, pero sin percances. Costaba imaginar que íbamos a encontrar más nieve en Murcia que la que hay en estos días en Soria, pero pensamos que así ha sido. Finaliza así nuestra expedición navideña por el sur de España, mientras especulamos, como siempre, con cuáles pueden ser las próximas.

Punto de salida: Un chalé a poco más de un kilómetro al noreste de Cañada de la Cruz.

Distancia: Alrededor de siete kilómetros y medio.

Desnivel: 650 metros positivos… y los mismos negativos.

Cuánto se tarda: Tres horas y cuarto hemos estado andando hoy.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde Cañada de la Cruz se puede subir en coche alrededor de un kilómetro hasta un chalé abandonado y una majada. Desde esta majada, dejándola a la izquierda, pronto se ven los hitos y las flechas rojas. El camino sube paralelo a un barranco. Terminado el barranco, se llega al Revolcadores. Y un cuarto de hora después, casi en la misma dirección, está la cima de Los Obispos.

La canción de Fernando: