Libertad de… Anexo de propina: NO OPINAR, NO EXPRESAR, NO ACTUAR y NO ELEGIR

Tengo que admitir de entrada, y con toda la humildad pero sin ninguna vergüenza, que si bien escribo cualquiera de estos artículos por puro placer (y con sumo gusto), el que están ustedes comenzando a leer ahora es una genuina pataleta personal, una espinita propia, aunque espero que muchos de ustedes se sientan identificados y compartan estos sentimientos. Por tanto, cuando lean la primera persona del singular, háganlo suyo y convirtámosla en plural.

 

Parece que en esta sociedad estamos obligados a posicionarnos ante cualquier tema, sondeo, polémica y disyuntiva, pero hay ciertos asuntos en los que a uno, directamente, no le da la santa gana. Y no hablo ya del muy honrado y consecuente “no sabe / no contesta” cuando no te sientes suficientemente ilustrado en la materia o no te estimas moralmente legitimado para meter baza; hay ocasiones en que sí sabes del tema y hasta te dan vela en el entierro, pero tienes tus razones para salirte por la tangente. Así, a bote pronto, se me ocurren unas cuantas y a menudo se simultanean y se difuminan unas con otras; discúlpenme, pues, por las redundancias.

 

TOTAL FALTA DE INTERÉS

Me ocurre mucho, por ejemplo, cuando me interpelan acerca de los programas de la tele: concursos de purrias, realities, telecarroña, cotilleo futbolístico… Insisto en no manifestarme al respecto. Lo lamento, pero es taaaaan intrascendente para mi vida… y me parece taaaaaaaaan poco estimulante… Cualquier tiempo y energía empleados en hablar de esos temas me parecen malgastados. CUIDADO, que no estoy abogando porque los eliminen, ¿se me entiende? Que no me vaya un asunto, o incluso me repugne, no significa que se lo quiera prohibir a los demás, del mismo modo que procuro no ir de mesías por la vida intentando que todo el mundo haga lo mismo que yo. Se llama “vive y deja vivir” y es más viejo que la tos; parafraseando a uno de los filósofos favoritos de mi generación, Homer Simpson, “¿Tengo que ir yo? – No – ¡Pues que te cunda!”

homer basura

 

NO-INTERVENCIONISMO EN CUITAS AJENAS

El párrafo anterior me lleva, a su vez, a otra cuestión: ¿es que todas las guerras tienen que ser mías? ¿Por qué hay que militar en un bando u otro en todas las cruzadas? En esta ocasión usaré como paradigma el tema de la tauromaquia, los encierros, etc. Aparte de “a favor” y “en contra”, existe una tercera vía, la muy poco utilizada “me importa un carajo”. Tomando como ejemplo el famoso encierro de Tordesillas, si en ese pueblo se comen al toro a bocaos, o los contrarios les fastidian la fiesta, o si lo llaman “de la Vega”, “de la Peña” o “de las Narices”, o si al toro lo beatifican y le ponen un chalet,  como si se matan entre ellos o montan una orgía todos juntos, ME LA REFANFINFLA. Tengo derecho a no ser ni pro-, ni anti-, ni anti-anti, ni pro-pro, ni pro-anti ni anti-pro. Cada cual es muy dueño de saber en qué saraos, actividades y peleas se mete, y no creo que me necesiten a mí de jurado moral ni de gurú espiritual para que les guíe, y aunque así fuese no estoy por la labor. Sé que cada bando me considerará un traidor a X principios morales por no ponerme de su parte pero, sinceramente, tengo mejores luchas en las que gastar mi munición.

 

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

De pequeño creces oyendo y creyendo que tienes que ser de un equipo, de una religión y de un partido político, y además te tiene que gustar una niña de la clase y tienes que ir pensando ya en cómo se van a llamar tus hijos… hasta que te percatas de que la liga, la confesión y el voto son OPCIONALES y NO OBLIGATORIOS, y que a lo mejor te gusta una chica de otro país, o un chico, o las dos cosas, o que puede que no quieras tener churumbeles. Nos venden que este mundo y esta sociedad son unidimensionales y unidireccionales, pero hay muchas maneras de vivir esta vida (incluso dentro de los márgenes más habituales y de la “versión oficial”) aparte de sota-caballo-y-rey, por lo que unos cuantos “raritos” nos negamos activamente a entrar en determinados círculos y no jugar a ciertos juegos que no son de nuestra elección, por más que a otra gente les parezcan vitales.

  • Experimento: les invito a que prueben a ignorar el partido del siglo, el debate decisivo entre candidatos o no-sé-qué supuesto acontecimiento generacional, o no entren a la polémica del día, o cenen en Nochebuena lo mismo que cualquier otro día del año, y márchense a dormir como si tal cosa; comprobarán qué curiosa sensación es levantarse a la mañana siguiente y comprobar que el sol ha salido exactamente igual y las calles están en el mismo sitio.

 

PRAGMATISMO

Llámenlo egoísmo, egocentrismo, vagancia, estrechez de miras o como les dé la gana, pero con los años uno se va volviendo práctico y dejando de gastar energías emocionales en guerras que no van a ninguna parte. Porque a Fulanito De Tal le puede dar por escribir en una novela que en mi barrio somos todos cultos y deportistas, o gordos y con granos, pero en ambos casos me pasarán el recibo del gas el mismo día; y prohíban o no prohíban los rodeos a lo yanki, el bombero torero o tener jilgueros en una jaula, yo el lunes tengo que ir a la oficina a la misma hora y el puré me seguirá quedando soso; o a lo mejor hay un concejal de pueblo en la provincia de Almería que va a los plenos con chándal y peluca rosa, o el Athletic de Bilbao decide fichar jugadores de Azerbaiyán, … pero a mi abuela se hincharán los tobillos igualmente, en mi pueblo seguirá haciendo un frío del demonio y las discográficas no habrán decidido de sopetón darse de tortas por ficharme.

 

nmw

 

CRUDA REALIDAD y AMOR PROPIO

Seguramente a estas alturas ya habrá alguien que esté pensando que estas y otras cuestiones análogas me pueden repercutir en tanto que afectan a la economía, la ecología, la cultura, etcétera, y su parte de razón tiene, pero quiero hacer dos apuntes: la mayoría de estos asuntos, si acaso alteran mi vida en modo alguno, lo harán a muy largo plazo (y algunos procuramos vivir en el presente, por aquello de ser felices y tal…); y además, una cosa es centrarnos en el tronco del árbol y otra entretenernos con las ramitas y las hojitas, o lo que es lo mismo, cogérnosla con papel de fumar y perder tiempo y energías en aspectos triviales del tema, conceder suma importancia a payasadas y subproductos de cuarta, o entretenernos con las cortinas de humo que nos ponen delante para que, como imbéciles que somos, no nos enteremos de lo que nos están haciendo de verdad. Me explicaré a mi modo predilecto: largo y tendido.

Que una Comunidad Autónoma se escinda o no del Estado me puede afectar al bolsillo por asuntos de recaudación de impuestos, pero que una señora famosa esté publicamente orgullosa de ser española o se limpie el trasero con la rojigualda en Twitter, o que una pedanía de Valdepeñas se quiera autodeterminar como califato e instaurar los eructos como segundo idioma oficial, afecta en un 0,0000000002% a mi existencia; lo que sí la afecta a lo tocho es la cantidad de goles que me meten los señores políticos, que me suben la hipoteca y la luz o aprueban atrocidades contra la naturaleza y amnistías fiscales para ellos y sus amiguitos mientras nosotros nos entretenemos gritándonos por un referéndum o un estatuto de autonomía.

Y no necesariamente es cuestión de cercanía, ojo; a mí me afecta y me preocupa que en EEUU salga elegido presidente un psicópata (con todos los que lleva detrás) y líe una guerra del demonio, o se cargue el planeta del todo; no puede ser de otro modo, es el mundo en el que vivo. Sin embargo, si se cancelan las Fiestas de San Juan, aunque yo no sea fiestero, me toca en cuanto que mi primo el que tiene un bar cerca de la plaza va a perder muchos ingresos, pero el que los jurados sean del mismo sexo o uno de cada, sinceramente, no me quita el sueño ni me da de comer. Sin embargo la calidad del agua del grifo es de catástrofe biológica y el IBI se está subiendo a la parra, y de eso no debatimos…

 

Por favor, tengamos todos la amabilidad: cuando alguien no quiera entrar al trapo DEJÉMOSLE EN PAZ. Tiene todo el derecho.

Libertad de… 5ª parte: PRENSA

No sería justo cerrar esta serie sin reivindicar una libertad muy cacareada, pero que a la luz del día a día brilla por su ausencia en todo su esplendor: la de todos aquellos periodistas profesionales, cronistas puntuales o simples aficionados a la palabra para publicar, TEÓRICAMENTE lo que les dé la santa gana.

 

Me temo que se hace necesario aclarar un par de conceptos. El primero de ellos es descorazonador, pero hace más daño vivir subidos en el guindo: la imparcialidad no existe. Doy por obvio que a las columnas y artículos de opinión se les presupone la parcialidad (aunque sigue habiendo quien intenta vendernos la cuadratura del círculo), y sí que se puede leer de una manera aséptica y sin valoraciones el parte del tiempo, el estado de las carreteras y listados de información similares, pero a la hora de contar cualquier noticia interviene el factor emocional humano y la percepción subjetiva, así que por muy neutros que tratemos de ser, es inevitable dar nuestro enfoque. Y esto no es necesariamente malo, al fin y al cabo nuestras limitaciones son tan parte de nuestra condición humana como lo es el buscar afinidad, incluso en la orientación política de la prensa que consumimos. Sea como fuere, líbrenos el cielo y toda la mitología vikinga de quienes se autoproclaman “objetivos e imparciales”, porque de ahí a creerse en posesión de la verdad absoluta no hay ni dos centímetros, y luego ya sabemos lo que viene…

 

imparcialidad

 

Punto y aparte. Cuando en este país se tratan los conceptos “libertad de prensa” o “censura”, no suele tardar demasiado en mentarse a Fraga Iribarne y su Ley de Prensa e Imprenta; por resumirla pronto y mal, todo lo que se publicase en España debía llevar el visto bueno de la autoridad, y si les tocabas las narices te secuestraban la publicación y en paz. Este tipo de prácticas, en la actualidad, están oficialmente tan extinguidas como dicha ley… ¿Recuerdan lo que le pasó al semanario El Jueves en 2004 cuando osó satirizar a los reales casaderos? Pues ahí lo tienen: ya no se llamará Ley 14/1966, pero la censura existe, y, parafraseando a un amigo mío, “existe mucho”.

 

Como escribió en su primer libro el genial ex Troglodita Sabino Méndez (cuya lectura recomiendo tanto a sus fans como cualquier aficionado a la prosa rica y “bien tirada”), con la normalización democrática se pasó de una censura institucional de tintes políticos y/o morales a una autocensura económica; en teoría ahora puedes manifestar lo que piensas sin la bendición del ministro ni del obispo, pero de tu bolígrafo o tu boca hasta los ojos y los oídos del público general se llega atravesando un campo de minas, y tales artefactos explosivos no son sino leyes, decretos y otros inventos análogos. La fórmula es muy sencilla: todos estos blindajes legislativos tienen la finalidad teórica de garantizar que nadie atropella la libertad ajena en el ejercicio de la suya propia, lo cual está de rechupete, al menos sobre el papel. Lo que ocurre es que, como yo soy la versión oficial y llevo el volante del autobús, me organizo el aparataje legal para que, a la práctica, insultarme, criticarme, estar en desacuerdo conmigo e incluso no aplaudirme sean delitos tipificados; legislación antiterrorista, derecho al honor, aforamiento,… A un político de la oposición, a una religión minoritaria o a un personaje de “ambientes alternativos” les puedes lanzar lo que te dé la gana, y aunque te pases con ellos 17 pueblos del rasero que me había puesto para mí y los míos, mientras ellos no se quejen mucho y las circunstancias no me obliguen a pronunciarme de un modo políticamente correcto, miraré para otro lado y quizás hasta me ría. Eso sí, ¿quieres guerrear conmigo? No sabes lo caro que sale que te retiren de los kioskos una tirada entera, que te anulen la licencia o que te cierren el servidor: nada tan efectivo para mantenernos calladitos y formales como que nos toquen el bolsillo.

 

imprenta-

 

Y hago especial hincapié en este aspecto porque, aun con todo lo que me gusta despotricar y protestar, me parece que va siendo hora de romper una lanza en favor de la prensa, y en concreto de sus obreros. Bien es cierto que siempre hubo publicaciones y medios “por amor al arte” (fanzines, radios libres, …) y la llegada de internet aumentó su número exponencialmente, pero (y aquí viene el segundo concepto que quería aclarar) los medios de comunicación al uso, mal que les pese a muchos que parecen vivir en la inopia y a otros tantos aficionados a la demagogia utopista, son empresas. Ganarse la vida con el periodismo no es ningún delito moral, y si tu trabajo no se puede vender, o los propietarios del medio en que trabajas deciden que “esto sí, esto no”… Recuerden, amigos: un periodista tiene sus pensamientos (como todo ser humano), y puede que hasta le paguen por airearlas como columnista de opinión o analista, pero un periodista es UNA PERSONA, y un trabajador, y antes que nada tiene que comer; que yo sepa las órdenes del jefe, que es quien firma tu nómina, no tienen que estar necesariamente en concordancia con tus propias ideas, y el código penal vigente no es objetable. Así que, por favor de los favores, usemos el razonamiento dos segundos y medio y dejemos de identificar automática e indefectiblemente al currante asalariado con el libro de estilo y la línea editorial del medio en el que trabaja, y mucho menos con la ley que les toca acatar.

 

Luego ya, si quieres tener tu propia prensa gratuita y en miniatura, llámese página web, blog, o el simple muro en tus redes sociales, la cosa cambia sensiblemente. En principio no te van a leer tantos miles de personas como a un medio grande, pero por otro lado tampoco vas a tener el punto de mira sobre tu cabeza con tanta facilidad: aún por muchos filtrados, barridos y rastreos que quieran hacer, es virtualmente imposible ejercer de policía en tantos millones y millones de lugares a la vez. ¿Resultado? Que si eres un poco avispado, evitas determinadas palabras y expresiones clave, y empleas según qué herramientas digitales, casi, casi puedes campar a tus anchas sin apenas restricciones, o al menos hacerlo durante mucho tiempo antes de que te den el alto por algo. Eso sí, cuanto más éxito tengas y más pasiones despiertes, más vigilado estarás. Y si no, que se lo pregunten al señor César Augusto Montaña Lehman, Strawberry para los fans y amigos, habida cuenta de la que le han liado por colgar en su Twitter unos comentarios/chistes/opiniones que no son de mejor ni peor gusto ni crudeza que los que colgamos cualquiera en las redes todos los días; simplemente, a él, por conocido, le han pillado de cabeza de turco. Y lo que nos queda por ver, herman@s…

 

free strawberry

 

¿Existe la libertad de prensa? A nivel de medios de comunicación de masas, rotundamente NO, y cada día menos. A nivel medio y underground… No sé yo si hacer algo cuando nadie te está viendo cuenta como libertad…

 

Sirva este cierre de la pentalogía como resumen aplicado de las cuatro partes anteriores, y al alimón, y principalmente, como sincero homenaje y agradecimiento a esta Santa Casa, desdesoria.es, por dejarme publicar lo que me sale de las patas sin haberme censurado jamás, y por tratarme siempre con excepcional cariño e infinita paciencia y comprensión. Espero que mis exabruptos jamás os acarreen problemas ni “mordazas”.

 

Libertad de… 4ª parte: ELECCIÓN

No acostumbro a escribir sobre el “tema del día”, o “el tema de moda”, pero a tenor de lo que nos viene el domingo (y que mañana es jornada de reflexión y no se debe), pienso que tampoco viene mal aportar otra perspectiva acerca del hecho en sí mismo.

 

¿Existe la libertad de elección? Por supuesto que existe. Ya sea para elegir una marca de guisantes en el supermercado o a los representantes políticos en X comicio electoral, a día de hoy, afortunadamente, la tenemos. Eso sí, limitada SIEMPRE por una ley universal: la de la oferta y la demanda. Y para no variar, las cosas funcionan de un modo bastante distinto según a qué nivel o escala nos estemos moviendo.

 

Si usted vive en una localidad pequeña, la tiendecita ofertará una o dos marcas de leche; si no le convencen gran cosa, tendrá la opción de conformarse con una de ellas, y dejar el dinero en el negocio de su vecino, y la de no comprar allí (adquiriendo la marca de su elección en otra parte); cabe, incluso, la posibilidad de que usted abra su propio comercio. A la hora de designar alcalde, sucede más o menos lo mismo: se presentarán entre uno y unos pocos vecinos, y usted puede abstenerse o votar en blanco si ninguno de ellos es de su agrado (o postularse usted mismo para el cargo). En cualquier caso, los alcaldables a menudo estarán bajo las siglas de un partido grande, ya sea por convicción o porque éste pone la infraestructura a su disposición, pero tampoco es extraño que ni siquiera estén afiliados ni simpaticen especialmente, y el modo en el que tienen que responder ante la organización es más bien anecdótico. Aunque sea una afirmación trillada hasta la saciedad, en municipios de escaso tamaño se vota pensando más en quién es el sujeto concreto que en la ideología teórica. Dicho esto, saltémonos el nivel intermedio autonómico (que da para otro artículo por sí solo) y vamos al mapa nacional, donde la cosa cambia bastante.

 

cabina

 

Gran parte del electorado se lleva quejando muchos años de que sólo hay dos botones para votar, el rojo y el azul, y de que eso no es libertad. Nuevamente desde el aspecto teórico de la cuestión, debo discrepar enérgicamente: partidos a concurso siempre se han presentado un buen puñado, e incluso, dependiendo de lo informados que estuviésemos al respecto o de la propaganda que hubieran hecho, hemos conocido de la existencia de varios de ellos al ver las papeletas el día señalado. Otra cosa es a dónde vaya a parar o para qué sirva ese voto que se otorga a una formación no-mayoritaria. El bipartidismo, queridos lectores, no es culpa de la falta de opciones. Para empezar, puntuales pucherazos e irregularidades aparte, si dos partidos se lo llevan gordo es porque la gente les vota, y punto. Y luego está nuestra legislación electoral, que deja muchísimo que desear; evidentemente, si en el trono está siempre uno de los favorecidos por ella, no se van a tiran piedras a su propio tejado reformándola.

 

Y a colación de este último párrafo, debo profundizar en otros detalles, menos visibles a simple vista pero que se hace necesario tratar. ¿Por qué elegimos lo que elegimos? Se supone que porque la opción seleccionada representa mejor que otras nuestras ideas e intereses, pero hace ya bastante rato que la guerra electoral alumbró nuevos motivos. “Voto de castigo” consiste en no volver a votar a quien te ha defraudado, y “voto útil”, a quien tiene más posibilidades que tu primera opción. Aunque sensiblemente distintos, ambos consisten, básicamente, en una misma práctica: votar NO a quien más te agrada, sino al principal oponente de quien más te desagrada. Estas dos prácticas están sumamente extendidas y eso ha hecho cambiar muchísimo el discurso de los partidos en liza. Tradicionalmente, te contaban lo maravillosos que eran ellos y todas las cosas buenas que iban a hacer por ti si les votabas y salían vencedores; ahora casi todos consagran su campaña al noble arte de pintar al contrario con cuernos y rabo, y a profetizar el apocalipsis que devendrá en caso de que dicha abominación política sea legitimada por las urnas. Se puede hacer oídos sordos de dicho intercambio de proyectiles, pero hay gente a la que sí le cala, y ya sea un bando o el otro, les consigue meter el miedo en el cuerpo. Por no hablar ya del “adoctrinamiento del vecino”, porque en este país tenemos mucha costumbre de decirle a nuestros seres cercanos lo que tienen que votar y lo imbéciles que son por no opinar lo mismo que nosotros, condicionando incluso nuestra amistad, respeto o cariño a que nos hagan caso; hasta se dan lamentables casos de criaturas repugnantes que obligan a otros a ir al colegio electoral con la papeleta que ellos les dan.

 

Toda decisión tomada bajo la nube del temor no puede ser una elección libre, por pura lógica. Valga como ejemplo la aseveración de los padres o los profesores en la infancia, o de tu pareja o tu jefe ya de mayores, tipo “haz lo que te dé la gana, pero…”. Del mismo modo, durante muchas décadas, millones de varones españoles han tenido que jurar lealtad a la bandera y al jefe de estado, fuese cual fuese su opinión real al respecto: pobres de ellos si se negaban. Por tanto, el concepto “libertad bajo coacción” tiene la misma coherencia que “agua seca” o “balada rápida”.

 

tu-voto-es-libre-y-secreto1

 

Expuesto ya todo este espectro, vayan ustedes a votar (quienes quieran ir, claro está) por filia, por tirria, por miedo o por X motivo, PERO sepan ustedes a lo que están votando. Dejémonos ya de izquierdas, derechas, centro o el sursum corda: la mayoría de las formaciones grandes son NEOLIBERALISTAS. Señoras y señores, un partido político mayoritario, salvo escasas y honrosas excepciones, no es otra cosa que una empresa licitando por la contrata del poder, y las empresas están para ganar dinero, y suelen tener inversores detrás. Quienes tienen la última palabra sobre usted y su vida son las eléctricas, las constructoras, las petroleras, los bancos y elementos por el estilo. Y no solo autóctonos del país: grandes corporaciones internacionales de la talla de Goldman Sachs, JP Morgan, Royal Bank of Scotland y un largo etcétera están metiendo la cuchara también y manejando los hilos desde las sombras. Ellos son los auténticos propietarios y jefes de casi todos los partidos políticos gordos, los que aflojan el parné y, por tanto, los que deciden qué, quién, cuándo y cómo. Casi todos los políticos que usted pueda elegir no responden ante su electorado, sino ante sus propietarios. Y esto no es “paranoia” ni “teoría de la conspiración”: esto es “llamar a las cosas por su nombre”. Les recomiendo nuevamente leer “La Caverna de Platón”, de la que a su vez surgió el nombre de este blog, que nos enseña que una cosa es lo que nos ponen delante de los ojos y otra bien distinta lo que se cuece a nuestras espaldas.

 

Elijan lo que elijan, feliz 20 D. No va a llover a gusto de todos, pero ojalá nos traiga una época de paz y prosperidad. Por lo menos, a quienes más la necesitan.

Libertad de… 3ª parte: ACTUACIÓN

Llegamos a la eclosión del peliagudo tema de las libertades, a la verdadera aplicación práctica. Se suele decir que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, y no seré yo quien discuta tal postulado, al menos desde el punto de vista teórico. Ejemplo: al amparo de la ley, fumar está permitido en la calle, o en un parque, pero tampoco es necesario que el humo le llegue a la cara a otra persona no fumadora que está dos metros más allá leyendo el periódico; se puede fumar en la otra dirección del viento, o moverse medio metro. Cada uno hace lo que quiere, nadie se fastidia, y todos contentos y libres.

 

fumador pasivo

 

A priori, todos estamos sujetos por igual a los códigos de leyes y normativas vigentes en el momento (salvo que sea usted rico y poderoso; en tal caso, podrá hacer prácticamente lo que le venga en gana). Pero, como ya hemos visto, incluso la legislación más claramente expresada tiene diferentes interpretaciones y grados de laxitud y permisividad. Para muestra un botón. A casi todos los músicos “cañeros” nos han cortado ensayos y actuaciones, aún teniendo todos los permisos en regla, con los decibelios dentro de la medición legal e incluso a horas no-intempestivas, por reiteradas quejas de tal o cual vecino o adyacente al que le molestábamos durante la siesta o su teleserie predilecta; sin embargo, me topo constantemente con charangas y grupos gaiteriles espontáneos que se arrancan donde, cuando y al volumen que les da la gana, e ignoro el número de protestas y llamadas al 091, pero sean cuantas sean, a la vista de los resultados, me temo que surten entre poco y ningún efecto. ¿Diferencia? Que ellos tocan sanjuaneras y yo rock ‘n roll.

 

  • INCISO: Me dijo una vez cierta persona, entonces concejala, en un plató de televisión y en directo, que yo practicaba “un tipo de arte marginal”; como todo el mundo sabe, se han vendido millones de discos de Don Paco y Don Jesús, y los conciertos de la Banda Municipal llenan estadios olímpicos, mientras que a los tales Guns ‘n Roses, Extremoduro o Foo Fighters no los conoce ni el tato… Sólo estamos globalizados para lo que nos da la gana, pero ese es otro tema…

 

El caso es que, aun con la ley en la mano, la vara de medir es mucho más amable con todo aquello que está oficializado o que les cae más simpático a los de la poltrona. Sirva nuevamente como paradigma la tolerancia del actual gobierno (y de los anteriores) con ciertos actos de la iglesia católica, de los equipos de fútbol o de los simpatizantes del antiguo régimen, a quienes no se les atribuye falta alguna por organizar unos pitotes de proporciones faraónicas; luego se clausura una mezquita de pueblo porque los rezos molestan a los vecinos, al grupo de teatro no le dejan improvisar en la calle y la asociación de turno que ha convocado la concentración silenciosa puede acabar con toda la cúpula durmiendo en la comisaría como se pongan farrucos… Y así, mogollón de casos.

 

Procesiones-de-Semana-Santa-de-Cartagena

 

A la luz de los hechos palpables, aquí aparece el incómodo pero necesario interrogante de ¿quién tiene más derecho que quién?. Porque a algunos les molesta que los jóvenes beban y griten los sábados noche en las proximidades de su domicilio, y razón no les falta: tienen todo el derecho a dormir y descansar. Pero a otros les pueden despertar y molestar los claxon que celebran, también a altas horas, que ha ganado tal equipo, la diana floreada de las fiestas de San Juan o el Rosario de la Aurora del Carmen con megáfono a las 7 de la mañana. Y a estos últimos no va a socorrerles autoridad alguna, porque se trata de actos oficiales, o cuando menos tolerados por temas de simpatía. Nuevamente, la VERSIÓN OFICIAL es la frontera.

 

Y la madre, o la abuela, de la versión oficial no es otra que la tradición, que unas veces se adecúa bien a los tiempos que corren y otras… bastante peor. Si yo fuese un músico tradicional, de los que entran en ese mundo por la vida ortodoxa con todos sus sacramentos, y practicase la música en sus vertientes más clásicas, no me buscaría ningún problema por soltar un par de cohetes celebrativos el día de Santa Cecilia y a todo el mundo le parecería normal; lo hacen cada año por la fecha nuestros estudiantes y profesionales locales del sector, así sean agnósticos perdidos, no vayan a misa ni a empujones o les importe un rábano quién fuese la santa ni qué hizo. Pero como he nacido y me he criado respondón, cazallero y un montón de cosas feas más, y a mi santoral particular lo tengo bien identificado y por hechos concretos… por mi bien que no se me ocurra juntarme con el resto de rockeros locales (y puede que ganásemos en número) y tirar esos petardos, por ejemplo, el día del cumpleaños de Elvis Presley o en el aniversario del jubileo de los Sex Pistols, porque seguramente vendrán unos señores de azul a preguntarnos qué narices hacemos…

 

¿Libertad de actuación? Mientras actúes conforme a las versiones oficiales, toda la que quieras; de lo contrario, ni te molestes. Y cuando la libertad no es democrática ni igualitaria… ¿es acaso eso libertad?

Libertad de… 2ª parte: EXPRESIÓN

Nos habíamos quedado en lo que sucede cuando exteriorizamos esos pensamientos íntimos que son nuestra opinión. Y en un mundo ideal las personas expresaríamos lo que opinamos de forma directa e indefectible, y nadie debería callarse lo que piensa ni manifestar lo que no; creo que a estas alturas ya nos hemos dado cuenta casi todos de que no vivimos en tal utopía. Aquí es cuando viene el peliagudo meollo de la cuestión: ¿cuándo es expresión y cuando pasa a ser actuación? ¿Dónde termina una y empieza la otra? Podríamos conjeturar largo y tendido al respecto, pero la respuesta, a un servidor, le parece muy simple: cuando la expresión le toca los caireles a quien la escucha. En ese caso ya no será simplemente una expresión, sino incluso un hecho lesivo que hiere las sensibilidades, etc. Lo hemos visto millones de veces.

 

FreeSpeechForTheDumb

 

Ejemplo práctico y no excesivamente arcaico: hará cosa de año, un futbolista manifestó ante cámaras y micrófonos que en Brasil, país terriblemente azotado por la miseria y la injusticia, deberían dar palmas de alegría por el mundial. Ese señor tenía todo el derecho a opinar eso e incluso cosas peores; el analfabetismo cultural, la ignorancia y el egoísmo extremo son condicionantes personales de la opinión privada como tantos otros. Dilema: ¿es lícito que ese señor realice una declaración tan polémica? ¿Es meramente una expresión? ¿O acaso ha herido las sensibilidades de tal modo que debería considerarse una acción, incluso punitiva? Ahora imaginemos a un brasileño que ha tenido que huir de su país por la situación extrema y se encuentra, ya en el nuestro, con un ricachón de vida regalada que suelta perlas así, a la ligera; que el ofendido desee en sus adentros la muerte del futbolista entre terribles estertores es bastante comprensible, pero si se le ocurre colgar dicha reflexión en el muro del facebook, ¿qué sucedería? Muy sencillo: que se la cargaría con suma facilidad. Y ni siquiera hace falta que sea alguien de una minoría étnica, puedo ser yo mismo, o mi primo el de Teruel.

 

¿Por qué? Al afamado deportista nadie le va a poner una querella, y si lo hace no va a llegar a ninguna parte; en cambio, al brasileño, al turolense o a mí se nos puede caer el pelo a base de bien. ¿Por qué, si no hemos hecho sino exactamente lo mismo, esto es, expresar lo que pensamos? Porque el uno es un “héroe nacional” (te sientas o no representado por él y los demás millonarios que corren tras una pelota) y el inmigrante, mi primo y yo somos despojos, donnadies que ni siquiera existimos. El sistema funciona así, y siempre estará de parte del poderoso. ¿Quiere usted saber dónde está la línea que lo delimita? En mi adorada VERSIÓN OFICIAL, escrita por los que detentan el mango de la sartén, y que son quienes deciden, por ejemplo, que una procesión que colapsa una ciudad durante horas es un acto de libertad de expresión, pero pasar por según que sitios con una chapita de la bandera tricolor es alterar el orden público…

 

32

 

Todo eso, claro está, a una macro-escala; vayamos al límite más mundano, a pie de calle. El común de los mortales tendemos a concebir “libertad de expresión” como “libertad para que YO exprese lo que YO opino”, que se puede extrapolar y aplicar a “los que opinan lo mismo que YO”. Porque, evidentemente, no hago daño a nadie por decir lo que pienso, ya que raro es que a alguien le parezcan mal sus propias ideas. Ahora bien, si el de enfrente opina lo contrario y me lo hace saber, no está ejerciendo su libertad de expresión, sino que pasa a la categoría de acto de provocación e incluso de agresión a la sensibilidad, pues me molesta y me hiere. Pruebe usted a cantar el Cara al sol en una herriko taberna o a pasearse por un pueblo de esta provincia agitando una estelada. Y es que en esta sociedad hay ciertos verbos que conjugamos muy poco y muy mal, como son “hacer caso omiso”, “pasar olímpicamente” y “no creernos el ombligo del mundo”.

 

La tan cacareada libertad de expresión, al menos en este país, no existe. Estará siempre condicionada por lo que el receptor de ese mensaje (bien sea otro Juan Lanas, bien el Ministerio de Cuida-Que-Cobras) considere que le está hinchando las narices.

Libertad de… 1ª parte: OPINIÓN

Los conceptos teóricos siempre son terreno resbaladizo. Todo aquello a lo que no le puedes echar el guante, voltear sobre el lado contrario, constatar el color… se convierte en una especie de ente abstracto que cada cual se imagina y concibe como sabe, puede o quiere (a eso se le llama OPINIÓN; lo complicado y metafísico, ya para empezar, es que el propio concepto “opinión” ya es en sí mismo un objeto abstracto). Hay organismos oficiales cuya labor es acotar y definir en la mayor medida posible los límites, márgenes y aristas de estos conceptos, al menos de un modo oficial; la Real Academia Española (RAE) es un claro ejemplo. El problema es que luego, en el uso cotidiano, desgastamos y deformamos el objeto hasta que tiene muy poco que ver con la definición del diccionario y si en ese instante nos viésemos obligados a reformularla, distaría bastante de la primera.

 

Se habla muy a menudo de la libertad de opinión, la libertad de expresión y la libertad de actuación, y sus límites y fronteras acaban desdibujados y se entremezclan malamente unos con otros; tratar de trazarlos da para más de un artículo, y de ahí esta entrega por fascículos. Y hasta aquí la abstracción teórica, prometido. Vamos a la práctica, que es, por otra parte, a donde quiero llegar.

 

opinar

 

OPINIÓN, como ya hemos visto, es la idea o conjunto de ideas que alguien tiene respecto a un tema o concepto, su posicionamiento personal; por tanto, mientras no aprendan a leer mentes, la libertad de opinión, al menos en el ámbito personal e íntimo, es total y absoluta. Otra cosa es lo que luego vaya alguien a hacer con su opinión…

 

Todos conocemos muchos casos de gente que piensa de una manera y actúa de otra; cualquiera de nosotros, seres humanos, lo hacemos en mayor o menor medida. Es bastante natural tildar esta situación de “incoherencia” o incluso “hipocresía”; a éste que suscribe, sin ir más lejos, este planteamiento teórico le dio en su momento para pensar muchos ratos. La única conclusión a la que llegué es que hay 3 yoes: el yo que piensa, el yo que habla y el yo que actúa. O lo que es lo mismo, que no somos lo que pensamos, ni siquiera lo que decimos, sino que somos lo que hacemos. Puedes tener unos valores morales X, incluso pregonarlos, pero si luego en tu interacción con el mundo te comportas de un modo Y ó Z, mon ami, eres un Y o una Z. Que conste que no es necesariamente malo. Muchos de los lectores de estas líneas estarán pensando en gente farisaica que se tienen a sí mismos por santos, y alardean de ello, pero luego tienen una aplicación práctica bastante menos “hermosa”. Sí, es un ejemplo, pero también lo es el contrario: conozco a cierta persona con pensamientos racistas, y que puede llegar a airearlos de unas maneras bastante procaces, pero a la hora de la verdad, trata a sus trabajadores extranjeros del mismo modo que a los nacionales, con idéntica carga de trabajo, salario, derechos, sobresueldos y facilidades. ¿Es ese conocido mío un racista? Para mí, NO.

 

5-10-2015expresion

 

Además, no nos engañemos: todos tenemos de vez en cuando sentimientos e ideas que no se pueden soltar por la boca ni mucho menos llevar a cabo porque son verdaderas barbaridades. Eso no nos convierte en monstruos, porque se ha quedado, precisamente, en una opinión. Y como ya hemos visto, mientras no la expresemos, seremos totalmente libres: Libertad de Opinión no es sino Libertad de Pensamiento.

 

Pero… ¿Y cuando exteriorizamos esa opinión?

 

Lo veremos en la siguiente entrega…

Los Ingredientes Secretos de la Cocina

Como ya tratamos en un artículo anterior, en los últimos años está haciendo furor una serie de teleprogramas cuya naturaleza, al menos en apariencia, puede costar entender. ¿Qué tiene de gracioso o de emocionante ver a seres humanos desempeñando un oficio, o al menos una actividad totalmente cotidiana? Sí, parece que ya no nos interesan las hazañas épicas ni glamourosas; atrás quedaron El Coche Fantástico, Al Filo de lo Imposible, Fama, Star Trek… Una nueva generación de programas ha tomado el relevo. Ahora nuestro interés no se despierta siendo testigos de cómo otras personas y personajes, reales o ficticios, alcanzan sueños de gloria o fantasía, sino contemplando a gente trabajar, cantar, ir a la piscina… Uno no siempre es tan malpensado y, a bote pronto, concluí que, dada la sobresaturación de prácticamente todo en las últimas décadas, la única manera de tocarnos la fibra es sencilla y llanamente apelar a nuestro lado más mundano y menestral. Ingenuo de mí… Más que posiblemente yo no vea la programación televisiva lo suficiente como para tener derecho “científico” a opinar de ella. Mi escasa experiencia, sin embargo, me ha dejado un sabor de boca mucho más amargo de lo que esperaba y una conclusiones aún más espeluznantes.

 

Lo lamento, y posiblemente alguien se ofenda, pero tengo que tomar como epítome (que no cabeza de turco, ojo) al que me parece a todas luces el actual rey de la televisión en este país, auténtico fenómeno sociológico y popular: el cocinero Alberto Chicote. En cuanto uno lleva apenas un ratito “deleitándose” con este señor, en cualquiera de los programas en los que figura, se hace obligada una pregunta: ¿qué tiene de carismático este tío? ¿Por qué gusta tanto a la gente? ¡Si es más desagradable que una patada en los morros! Las cosas como son: será un crack en los fogones, pero como persona (al menos, delante de una cámara) es hosco, antipático y, aún en calidad de enseñante y tutor, bastante soberbio. ¡Helo aquí! Señoras y señores mías y míos, lo que menos nos importa es la cocina en sí: una vez más somos un atajo de buitres carroñeros y lo que nos encandila en estos programas son LAS MISERIAS.

 

buitres

 

Uno de nuestros momentos predilectos del señor en cuestión es cuando se pone como un energúmeno contra un hostelero poco hábil (o viceversa), mostrando la mayor cantidad posible de carnaza: cocina insalubre, broncas e insultos, debacles económicas, dramas familiares, lloros, vómitos, desesperación… Viene a ser lo mismo que pegar la oreja a la pared cuando los vecinos tienen una bronca doméstica, intentando no perder detalle escabroso. Quizá no lo sepamos, y probablemente nunca lo admitiremos, pero nos encanta ver cómo el conductor del programa reprende a todo el mundo como a irresponsables críos de colegio; lo hace de fábula, eso sí, y mucho me temo que es dicho “carisma televisivo” el que le hace merecedor del Prime Time y no tanto sus triunfos culinarios. Al final, eso sí, queda un espacio para la épica cuando el flamante caballero de la chaquetilla de Ágatha Ruiz de la Prada acude a salvar el día y es vitoreado cual Cid Campeador.

 

Eso es en uno de sus formatos. El otro me parece, si cabe, aún más revelador: el señor Chicote y otro par de “eminencias infalibles” se dedican a ningunear, estresar y putear a compañeros de profesión, algunos con más años en el carnet y en los fogones que ellos mismos. Les hacen guisar en unas condiciones extremas de tiempo y de presión y rara vez tienen un comentario medianamente amable: caña, caña y más caña. Nuevamente no puedo sino llegar a la conclusión de que no nos gusta ver a buenos profesionales cocinando magistralmente; para eso ya hemos tenido a la Santonja, a Arguiñano y tantos otros, y además en este programa no muestran un carajo de cómo se elaboran los platos. Lo que nos la pone dura es contemplar a personas que habitualmente son los punteros en lo suyo siendo denigrados hasta la categoría de mindundis; supongo que ver como destronan y decapitan reyes hace que nosotros nos sintamos un poco menos cagarrutas…

 

chef estresado

 

Sumado a todo esto, los criterios en dicho concurso son como para reírse por no llorar. Por ejemplo, un plato de ejecución impecable va para atrás porque a la jueza en cuestión “no le gusta la casquería”, que era el ingrediente obligatorio; consecuente, ¿verdad? Luego, los programadores de televisión, que estudiaron en escuelas caras y no son tontos, introducen los elementos necesarios para vender más y más el formato: hay concursos de popularidad encubiertos, se promueven las tiranteces y las capillitas entre participantes, momentos lacrimógenos estratégicos… Sin ir más lejos, en la inauguración de la segunda temporada asistimos a un certamen de belleza en toda regla: los que pasaron la prueba para poder quedarse en el concurso eran todos caucásicos, jóvenes y dentro de lo razonable, bien parecidos; los eliminados, dos gemelos calvos (uno de ellos, con gafas), una sudamericana y un señor añoso y con canas; como dice la canción de Siniestro Total, “¿Casualidad? Hmmm… ¡No lo creo!”

 

Que aquí hay más teatro que en La Latina y que los concursantes en ambos formatos se prestan a ello con fines promocionales creo que no hace falta ni plantearlo y estimo lo suficiente a cualquiera que esté leyendo La Caverna del Plató como para darlo por evidente. No es ahí donde quería llegar. Me intrigaba cuál es el ingrediente secreto que nos hace encontrar sabrosos estos programas, y mi conclusión definitiva, certera o errónea, es que se trata de una mezcla de especias, a saber: bilis, cicuta y gazunga verde.

Retratarse en el vídeo… y en el cepillo

Un cubo de agua helada. Por la cabeza. Por la causa. Documentado. Y retando a otros a hacer lo propio. La verdad es que la idea se me antoja tan absurda que no puedo evitar pensar que es UNA GENIALIDAD.

 

Ya he oído a unas cuantas personas (la mayoría, ya de cierta edad) preguntar medio-indignadas qué demonios tenía que ver la colecta de fondos para investigar una enfermedad atroz con el hacer el indio de esos modos delante de una cámara. ¡Nada! ¡Pero si es precisamente eso lo que la ha hecho exitosa! De acuerdo en que todos somos libres de contribuir o no, con más o con menos, y que cruzadas como ésta hay tantas como dolencias médicas severas… pero rindámonos de una vez a la evidencia: de no haber mediado el juego del remojón y la nominación, el éxito de la campaña no habría sido ni la sombra del que está siendo. No sé de quién fue la idea, pero chapó y me quito el sombrero.

 

reto_cubeta

 

Esto no deja de ser, queridos lectores, lo mismo que cantar para aprenderse la tabla de multiplicar: cuando tratamos de hacer divertido lo que viene siendo meramente necesario y hasta obligatorio, la tarea se ve con otros ojos. De hecho, igual que con aquellas canciones de la escuela, te vas distrayendo del objetivo primordial, centrándote en lo puramente lúdico, y cuando te quieres percatar el conocimiento ya se ha posado ahí. Del mismo modo, tanto da que haya sido duchándose heladoramente o que les hubiese dado, por ejemplo, por comer tostadas untadas de mayonesa con la cara pintada de azul y tumbados sobre una tapia. El quid de la cuestión era propagar la reacción en cadena, por el motivo que fuese (diversión, moda, envidia, conciencia…), para que al final todo el mundo pasase por el cepillo…

 

Y ahí es donde me tengo que poner vinagroso (¡cómo no!). Volvamos a la escuela y rememoremos a aquellos niños bobos que se aprendían los cánticos y los declamaban con vehemencia, incluso los coreografiaban exageradamente, pero lo mismo les daba el contenido de esa letra que recitaban sin pensar: no habían asentado conocimiento alguno. También estaba el colegial “jeta parda”, que aparentaba saberse la canción, pero en realidad sólo estaba haciendo el paripé para quedar bien con la seño… Y luego el tímido, que no quería cantar, pero ya multiplicaba porque se lo había aprendido por su propio método.

 

Pues ya los tenemos aquí a los tres, bien creciditos: cuantísimo modorro está calándose y pasándoles la pelota a sus amigos sin tener ni pajolera idea de qué va el asunto; se divierten un montón, aunque ahí acaba todo. No hacen daño a nadie, pero que luego no vengan con que ellos han contribuido.

 

Quienes me parecen lamentables y carentes de sentido son aquellos que, sabiendo perfectamente que es una colecta de fondos y que sin claudicar en la hucha no se va a ninguna parte, se pegan la ducha helada pero no se rascan el bolsillo. ¿Acaso crees que con el gesto ya vale, que al desarrollo de la investigación le habrá servido de algo que tú te cales la cocorota? Ah, de acuerdo… que lo haces para que te sigan, ¿no?… Si eres tan famoso, tan influyente como para que se propague la llama por vértelo hacer a ti, ¿tanto te cuesta echar unas monedas? A ver si encima lo estás utilizando como herramienta de promoción pública… En tal caso, creo de corazón que deberías ducharte con esputos verdes.

 

limosna

 

Por último, hay gente que no se ha grabado haciendo lo del cubo frío, pero luego ha donado lo que ha podido o considerado. Eso, una vez separado el folklore de la acción propiamente dicha, cuenta igual. Está muy bien continuar y expandir la cadena, pero dentro de un tiempo, cuando el asunto haya pasado, lo que les quedará a los investigadores será el sobre con el dinero, y en eso habrán colaborado lo mismo uno que otro. Los que no habrán dejado nada son el niño tonto y el niño caradura…

 

Si hay que hacer el cafre, se hace. Si hay que operar discretamente, amén. Lo importante es aflojar la guita. Y lo demás, señoras y señores, es puramente trivial.

LA PERSONA TRAS EL PERSONAJE (II): Ian Curtis

Cantante y letrista del grupo británico de culto Joy Division, trovador de la decadencia urbana y estandarte malogrado de una generación. Sus letras te enfrentaban cara a cara con el lado más atormentado del alma, retratando sentimientos tremebundos como la angustia y la alienación de un modo tan intenso que sus seguidores lo colocaban, aún en vida, a la altura de un mesías. Cuando su salud mental, física y emocional no dieron más de sí, se quitó de en medio a los 23 años dejando un ídolo para la eternidad.

 

Me confieso seguidor de la banda y de la obra de Curtis. Esa sincera y descarnada lírica nos ha llevado a muchos a sentir en algún momento de la vida que el cantante nos comprendía mejor que nosotros mismos, y sensible era un rato, sin duda, pero el retrato “ursulino” que de él se ha hecho en muchas ocasiones, cual ser absolutamente puro e indefenso ante un mundo caníbal y maltratador, es una de las leyendas más partidistas y tergiversadas que con las que me he topado. De ello da fe Touching from a distance, la biografía que su viuda Deborah publicó en 1995, y que también acoge testimonios de otras personas cercanas e incluso del propio Ian.

 

Ian-Curtis-picture

 

Para empezar, ni era tan solitario ni tan tímido. Si escribía sus densos versos a solas, encerrado en su habitación… pues como tantos y tantos, oigan; algunos lo hacen en un café, que queda muy vistoso y bohemio, pero la mayoría preferimos un poco de intimidad para crear. A Curtis, en realidad, le gustaba ser líder y centro de atención en sus círculos sociales, y sus amigos más allegados le han descrito en más de una crónica como interesado y manipulador. Los demás integrantes de Joy Division tampoco le recuerdan ni depresivo ni excesivamente introspectivo: al menos cuando estaba con ellos le gustaba emborracharse, gozar del escenario y reírse igual que a los demás, y además era futbolero y forofo del Manchester United (me estoy imaginando la cara de úlcera de algunos al leer esto). De hecho, sus compañeros de grupo han admitido que nunca prestaron demasiada atención a sus letras porque no creían que el chico que ellos conocían pudiese ir en serio con aquello.

 

Prácticamente cualquier músico que sobre las tablas haga algo más que pestañear ya cae bajo la sospecha de ir drogado hasta los topes; Ian no se libró, máxime con su frenéticos bailes escénicos, pero en la mayor parte de las ocasiones no llevaba en sangre más que la medicación que le prescribían los médicos para su epilepsia. Efectivamente, pasó por dos sobredosis: una con dichas pastillas y la primera, siendo aún colegial, ingiriendo medicamentos a lo tonto con un amigo.

 

joy-division

 

Impulsivo y caprichoso, decisiones suyas tan trascendentes como casarse a una tempranísima edad o ir a buscar descendencia respondieron al alegrón del momento cuando Deborah accedía a sus pretensiones económicas (invertir en el grupo mayormente). No obstante, la señora Curtis asegura que no la permitía usar maquillaje y que ardía de celos cuando la veía hablar con otros hombres. Cuando ella estaba embarazada, en pleno ascenso del grupo y de la figura de Ian como cantante, él la apartó casi literalmente de su lado, en palabras de varias personas del entorno, y la hizo ponerse a trabajar de camarera en una especie de discoteca, al poco de dar a luz, para que entrase un sueldo en casa mientras él intentaba dedicarse exclusivamente a la música, renunciando a su trabajo de funcionario. Vamos, que para ser tan sensible y comprender tan bien el dolor humano, con su esposa venía a ser lo que en mi pueblo se llama vulgarmente “bastante moro”.

 

Siempre se le ha retratado como un alma sufridora atrapada entre dos amores; es una forma de verlo. Otra diferente es que un Ian de poco más de 20 años, ya casado y padre de una hija pero al mismo tiempo estrella pop en ciernes (lo cual nos da una idea del cacao mental que debía de tener el chaval), se lió con una joven guapa y libre y le terminó estallando todo en la cara. Que sí, que se sentiría solo en las giras y buscaría otro espíritu “artístico” que le comprendiera (si fue más platónico o más sucio eso sólo lo sabrían ellos dos), pero nuevamente, por mucho que lo quieran justificar, a mí no me parece que se portase de un modo muy ecuánime ni muy comprensivo con su mujer… No sé si me explico…

 

Por otra parte, también se le etiqueta con facilidad como “poeta maldito”, y tal apelativo, en realidad, se aplica a aquellos cuyo arte no ha sido comprendido en su época y las han pasado canutas por el ostracismo y la penuria económica que suele conllevar. El que nos ocupa no estaba para despilfarrar, pero ya hemos visto que tampoco le faltaba de nada (y en tabaco gastaba bastante) porque tenía quien le mantuviese. Sus canciones eran reverenciadas por cada vez más seguidores y ya era una figura reconocida, camino del estatus de líder generacional. En el momento de su muerte Joy Division se encontraba a punto de saltar el charco para girar por Estados Unidos y tenían una suculenta oferta de discográfica multinacional encima de la mesa. Profesional y artísticamente no le iba mal, desde luego…

 

Curtis-3

 

Que un chico tan joven se suicide siempre es trágico y no parece que nuestro protagonista lo hiciera, como algún otro tontaina del mundillo musical, buscando el acto definitivo de propaganda. La epilepsia le amargaba la vida y las medicinas le dejaban bastante zombi; luego estaba su situación familiar y sentimental, indeciso él entre el divorcio o la vuelta al redil. Quizá la presión por las inminentes responsabilidades de la banda fuese la guinda del pastel. Sea como fuere, podemos verle como un pobre incomprendido por la vida al que le caían palos por todas partes, o como a un jovencito metido en unos zapatos que más adelante, con años y madurez a la espalda, hubiese llenado de otra manera.

 

Nos perdimos un fantástico compositor y letrista y una voz estupenda, en eso yo estoy de acuerdo. Ahora bien, comprendo el cabreo de Deborah Curtis cuando aparece alguna enciclopedia de la música, de las que llevan pantalones y van al supermercado, y pretende explicarle A ELLA con quién estaba casada. Hace falta ser cretino.

Buenrollismo cultural. Capítulo 5: del asco al gusto (y altero el pasado porque me toca)

Hace unos meses vi un anuncio a bombo y platillo del SONORAMA, uno de los festivales señeros de la música alternativa e indie en este país. Para quien no esté muy puesto en dicha corriente musical, digamos que bebe casi en exclusiva de tendencias foráneas (anglosajonas, en su mayoría) y cuya idiosincrasia, al menos hasta anteayer, se llevaba bastante mal con cualquier seña de identidad medianamente castiza o tradicional española. Pues bien, en tal comunicado la organización del festival proclamaba, henchida de orgullo, que el cabeza de cartel sería nada menos que RAPHAEL. Cerré los ojos, sacudí la cabeza un par de veces y volví a leer, pero resultó que lo había entendido bien. En mi ignorancia pensé que los amantes de dicho estilo y habituales en tal cita anual montarían en cólera por lo que yo consideraba una tomadura de pelo hacia ellos y sus gustos… pero casi todos los que conozco aplaudieron encantados la noticia y se apresuraron a respaldarla con argumentos tipo “ya iba siendo hora”, “fue un pionero del género” y “Raphael somos todos”.

 

Por esa misma regla de tres, a mí se me ocurrió instantáneamente que, de no haber fallecido, Manolo Escobar podría haber encabezado el Viña Rock, que es el festi por antonomasia del denominado Rock Estatal, fundamentándome en que el difunto cantante fue el epítome de un sonido genuinamente ibérico. Seguramente será que yo me perdono con facilidad mis propias estupideces, pero ambos ejemplos me aparentaban la misma enjundia.

 

No voy a objetar que el señor Rafael Martos fuese algo adelantado a su tiempo en cuanto a modos y maneras (otros lo denominan “estrafalario para la época”), pero tanto como precursor de la música alternativa… A ver si esta reivindicación de la figura de Raphael va a ser un repetir de loro de la que, en su día, hicieron otras figuras de la farándula… Por ejemplo, Enrique Bunbury empezó a sacar la cara por el señor Martos cuando la crítica especializada comenzó a comparar sus tesituras vocales; siendo gótico-siniestro en su juventud, malpensado de mí, me da que mucho Raphael no escuchaba, sino que igual es que le conviene… Luego está el caso de Alaska, que le da lo mismo al lado de quien la sientes, sea Camilo Sesto o Jiménez Losantos, ella es fan de toda la vida, lo cual me lleva a concluir que esta señora o bien carece de criterio, o (más probablemente) adolece de un fariseísmo directamente proporcional a sus ganas de chupar candelero.

 

Manolo-Escobar-Los-Peces-En-El-Rio-Con-Raphael

 

En fin, que unos cuantos vemos al interfecto, más bien, como un cantante melódico de los de entonces, y dejando a un lado las diferencias estilísiticas, tan emblema de aquella cultura como lo fue el malogrado almeriense al que le robaron el carro. No obstante, opiniones personales aparte, de memoria ando bastante bien, y recuerdo perfectamente como los indies, hasta hace bien poquito, echaban pestes de todo este tipo de símbolos españolazos. Ahora resulta que en la estantería de los más cool, entre el disco de Lori Meyers y el de The Jesus and Mary Chain está el Grandes Éxitos de Raphael. Y yo me lo creo.

 

Me resulta absolutamente pasmoso constatar cómo también hemos no sólo cambiado sino hasta invertido nuestras escalas de valores en cuanto a la consideración social que damos a ciertos oficios, actividades y aficiones. Hace diez años un chaval manifestaba su deseo de ganarse los garbanzos como cocinero y a su viejo le entraba un sofoco, y le echaba una charla de tres cuartos de hora sobre lo esclavo que era el oficio y la vida tan perra que le esperaba… A día de hoy, entre que nos subimos todos al carro de cuatro chefs famosos (lo que consigue un español es, por ley, un triunfo de todos los españoles), y que nos encanta todo lo que nos venden los realities de la tele, los papis y mamis están poco menos que reservando plaza en las escuelas de hostelería según se acaba la Primera Comunión… Dejemos aparte la cuestión de que lo hagan pensando en las Estrellas Michelin y en los restaurantes con lista de espera de dos años, y no en el diminuto fogón de la Tasca Miserias, lo cual tiene el mismo fundamento que matricular a la criatura en un conservatorio o una escuela de música, creyendo que acabará en la Filarmónica de Viena o en los Rolling Stones, en lugar de la más que probable orquesta de verbena de pueblo…

 

Extiéndase el ejemplo a la albañilería, que gracias a los divinos programas de reformas domésticas ha pasado en nuestros ojos de sucio y trabajoso oficio para currelas a poco menos que fino arte plástico para celebridades en la materia; a las antaño sórdidas casas de empeño que ahora se nos presentan casi cuales escuelas de sociología y culturilla general; a la puja en subastas de bienes embargados, que siempre nos pareció miserable y carroñera, y ahora nos emociona como si fuese Eurovisión… Hasta el camionero de larga distancia, que nos apenaba por la de días que está lejos de los suyos, y en la actualidad nos lo presentan festiva y jovialmente como “el rey de la carretera”, y los tatuadores que antes nos daban miedo por la calle pero hoy son envidiadas estrellas mediáticas.

 

Jerez-TV-Angel-Leon-TopChef-01

 

Pero la gravedad no está en que hayamos cambiado de parecer, ya sea en casos como el del cantante o en el tema de los oficios. Es bueno y sociológicamente saludable abrirse a nuevas informaciones y gustos, dejando a un lado los prejuicios, y ya iba siendo hora de dignificar ciertas profesiones y actividades. Lo gordo es que no lo hemos hecho por convicciones ni reflexiones propias, sino porque los medios de comunicación nos lo han pintado de bonito y lo que nos desagradaba, de repente, nos gusta un montón. Y además, no me acuses de que antes me asqueaba porque es mentira y yo he sido forofo desde siempre…

 

Y lo más terrible es que pasado mañana pueden cambiarnos otra vez el cristal de las gafas, y Raphael volverá a ser casposo y si nos sale un hijo cocinero lo querremos matar a guantadas.

 

Y esas serán nuestras convicciones de toda la vida.