La Pólvora de Leiva y otras cosas que explotan

leiva-polvora

Eran como las 6 de la mañana; septiembre, a principios. El típico escenario de desasosiego antes de ir al curro. Es pronto porque sí, porque ya toca portarse bien; porque llevo demasiadas semanas con demasiadas mañanas brumosas de resaca, y eso no puede ser. Hay veces que la vida te da un toque y tú no le haces ni caso; entonces aparece con la artillería pesada.

Por qué aquella mañana decidí ponerme «Pólvora» por primera vez seguirá siendo una incógnita de esas que ya casi prefieres no resolver. Al final, en la vida siempre falta romanticismo, y de algo tendremos que enamorarnos. El caso es que lo hice, y fue como un buen martillazo a tiempo en las costillas: crujiente y esperanzador.

Seguir leyendo La Pólvora de Leiva y otras cosas que explotan

Jet Lag

El jet lag es una de estas cosas raras que te pasa cuando viajas demasiado rápido y tu cuerpo todavía se cree que está en el otro sitio cuando en realidad no. Una vez me dijeron que es que el alma no viaja tan rápido como el cuerpo y ahí te tienes que pasar unos días entre que llega, se equivoca, se mete en un granjero de Iowa, se da cuenta del error, se va, te encuentra por fin y os volvéis a coser (muy rollo a lo Peter Pan con su sombra).

Solo espero que la jodía me pague las facturas del café. Mientras tanto, siempre nos quedará Jet, que si lo escuchas con un poco de retraso, hacen la banda sonora perfecta para un buen jet lag.

Jet

Seguir leyendo Jet Lag

Macedonia de canciones

Este finde me miraba al espejo y no paraba de recordarme a una macedonia.

Macedonia

Pasó de repente, de pasada, mientras me iba corriendo a cualquier parte; pero me di cuenta y ya no pude ignorarlo durante el resto del día. Así que me pasé las horas disfrutando de mi nueva identidad, y fue bonito.

Total, que las macedonias molan. Son estas combinaciones de elementos donde hay uno más o menos preeminente y otros tantos que le dan color y maridaje gamberrete. Pues digo yo que una macedonia de canciones es bien, ¿no? Seguir leyendo Macedonia de canciones

Canciones para tender lavadoras bailoteando

El título es bastante descriptivo, así que vamos al ajo.

Shake it mami!

Esta colección de temazos es ideal para esas mañanas de pereza máxima y lavadora en ristre. Esas en las que tu yo de la noche anterior se puso responsablemente insoportable y decidió programar una tanda de limpieza y salubridad para cuando abrieras los ojos. Cabrón, te odio.

Sea como sea, las tonadillas que se avecinan facilitan el contoneo desenfadado de caderas con relativa facilidad durante todas las fases del tendido. Desde recoger la ropa del tambor hasta la providencial pinza, pasando por la furiosa sacudida de las camisetas; esa que hacemos para que no tener que plancharlas después. Seguir leyendo Canciones para tender lavadoras bailoteando

Can’t feel my face – Batalla de covers

No siento la cara.

¿Será el café? O el frío. ¿Qué va? No hace frío desde que Islandia; y ya allí estaba en duda de si era eso o los nervios. No tenía sueño; ninguno de ambos. Finde bonito en todas direcciones; y con un desnivel acumulado de muchos kilómetros por lágrima. Uffff qué viajes.

https://www.youtube.com/watch?v=3jcFQUvyFy4

Con distancia las cosas se ven más claras, o más cristalinas, o más arañas; ¿y sabes qué es verdad? Amaría decir que entiendo que no puedo comer 3 segundos en cada plato, pero sigo confiando en la posibilidad de todas las cosas improbables al mismo tiempo. Será el café, que me vuelve invencible.

De momento el gato me rasca la nariz solo si se lo pido. Supongo que sigue siendo más que suficiente. Supongo que nunca dejó de serlo. Supongo que nunca dejará de serlo. Supongo que ni siquiera es, pero que yo me empeño y así me va: con las luces encendidas y una pernera del pantalón a medio quitar. Son cosas del directo.

Si ves una cascada, hazme un favor y acércate. Es como enamorase: solo te das cuenta de que te mojas cuando ya te has calado. Y entonces puedes fingir que te vas, y que eso va a servir de algo; o marcarte un órdago de farol y encararte con las oleadas de agua. Y qué bien sienta ponerse en medio de las corrientes e ir acumulando desnivel. Que nos quiten lo llorao. Y que nos quiten la cara. Total, ya no puedo ni sentirla.

Canciones en loop

Hay días que coges una canción y te la pones en loop; todo el rato; sin parar.

Y tampoco le pides nada, solo que esté ahí revoloteando, que haga menos pesado el aire o provoque la ilusión de una compañía imaginaria de segunda mano. Escuchas, escuchamos por encima de nuestras posibilidades, y nos caemos de la borrachera.

Le cuentas un chiste, y luego otro, y ella siempre te responde; todo el rato. Todo el rato el mismo estribillo de aceptación, de condolencia, de abrazo incondicional. No es real, pero te la suda, porque la realidad nunca fue tu sitio favorito; pa qué.

Todos esos seres mágicos y majicos que viven dentro de las canciones en loop están deseando que seas su amigo. Todos están ahí solo para hacerte sentir que el mundo contigo merece mucho más la pena. Están ahí y solo necesitan que entres en el lazo con ellos; como una rueda de hamster salpicada de corchetitas coloradas. Monísima a rabiar, y que encima combina genial con esos mofletes sonrojados de cuando te tajas un poco y se te va la vida por los poros.

Ay, qué cuco madre; y todo de mentira, y todo solo con una canción.

Hay días que coges una canción y te la pones en loop; hoy es esta:

A veces, los silencios

De las canciones a veces te enamora la música, y a veces, los silencios.

Shhhh...

A veces, los silencios tienen más ritmo que las palabras. Por algo los músicos pueden escribir silencios con ritmo; como callarse a trocitos en lugar de todo de golpe; como si te reservaras el comodín de empezar a hablar en cualquier momento, pero no. Pero no.

Entonces, el mensaje que normalmente va entre líneas, ahora toma protagonismo y abarca todo el espacio disponible al receptor:

«ENTIENDE LO QUE QUIERAS»

Pero con ritmo.

Entonces, uno que sabe escuchar, sabrá leer el todo en la nada y dejar hablar a los silencios, que no es otra cosa que dejar hablar a tu propia cabeza a través de tu interlocutor. Decirte tú todo lo que esa persona te podría decir, pero que no te dice porque ya lo sabes. Un ahorro que ni los chiquiprecios, oiga.

Soportar los silencios es una putada, porque nunca sabes si lo estás entendiendo bien. Nunca sabes si sabes lo que el otro te quiere decir, ni si le conoces tanto, o si el que no te conoces eres tú; o si le conoces, pero te conoces y no quieres conocerle porque sabes que la respuesta no te va a gustar. Pero bueno, es lo que toca.

Mierda de incertidumbre, yo que quería dormir.

A veces, un silencio vale más que mil malentendidos. Uno con ritmo, que no sepas del todo cuándo se va a terminar, y que venga tan bien acompañado de miradas y algún que otro gesto. Uno de esos del que solo quieras que nunca se terminen las figuras para seguir escribiendo silencios.

https://www.youtube.com/watch?v=TqlntkL9zDY

Canciones de holas y olas

El mar tiene ese nosequé, que vas, te metes, te dejas envolver, te pones a hacer el muerto y dejas de escuchar nada y te pones a mirar el cielo. Y ya está.

Selfeet

Hay épocas en las que uno está más receptivo a dejarse mojar y perderse dentro de lo grandísimo de las olas para luego volver a encontrarse y redecirse hola. Porque, si dejas de conocerte, mejor que montar un drama por lo perdido, igual mejor celebrar lo encontrado y saludarse educadamente a la nueva versión de uno mismo.

Y te dices: ¡hola! Y te preguntas: ¿Qué será ahora? Seguir leyendo Canciones de holas y olas