Crónica de una ascensión y de una no ascensión invernal al Pico del Lobo

Ayer domingo, 27 personas madrugaron para intentar ascender el Pico del Lobo, limítrofe entre las provincias de Segovia y de Guadalajara. De esta última, y de todo el territorio conocido como Castilla La Mancha, el Lobo es su mayor elevación por culpa de sus 2.274 metros. La cita, organizada por Banzaii Antártica Asociación Soriana de Montaña, empezó a las 7.00 en el Rincón de Bécquer, donde se montaron 20 personas en el autobús. Poco antes de las 8.45 (se abrevia bastante con las circunvalaciones de El Burgo y Ayllón), la expedición llegaba a Riaza (Segovia), para encontrarse con otras siete personas venidas desde Madrid y desde la localidad también segoviana de Languilla.

El autobús partió entonces con el grupo completo por la estrechísima y curvada carretera que pasa por Riofrío y conduce hasta Majaelrayo, precioso pueblo de la Arquitectura Negra de Guadalajara. Pero el grupo se detuvo antes, arriba del todo, en los 1.715 metros del Puerto de la Quesera. Esa ascensión y la llegada al puerto sirvieron para entender que esperaba una jornada plenamente invernal en esta recién entrada primavera.

En el puerto tocó abrigarse y prepararse para caminar bajo el frío y bajo la niebla. Por eso, el grupo no se separó durante la aproximación, haciendo reunificaciones cada pocos minutos. No sobra la precaución a pesar de que el sendero es relativamente claro, siempre por el alto de la cresta, dejando Segovia a la derecha y Guadalajara a la izquierda, pasando por parajes que en los mapas se llaman Calamorro de San Benito o el Aventadero, este último muy bonito por las formaciones rocosas y de muy apropiado nombre.

Se ha ido ganando altura poco a poco y ya se ha superado la cota 2.000. Unos cuantos metros más adelante (y más arriba), la nieve empieza a convertirse en hielo. A la izquierda se intuye el Pico de las Peñuelas. Ante esa presencia de hielo, el grupo decide volver atrás otros pocos metros para tratar de subir Las Peñuelas cortando la montaña en diagonal y no en perpendicular. Se consigue, pero ahora tocaría continuar hasta el Lobo, ya muy cercano, y sin crampones no merece la pena arriesgarse.

Nueve miembros de la expedición continúan hacia delante (el día estaba precioso, perfecto para una incursión invernal en las alturas) y los otros 18 regresan sobre sus pasos bajando con cuidado hasta el camino. Lo desanda durante un kilómetro, hasta encontrar la senda de zetas que baja hasta la estación de esquí de La Pinilla. Ya son las 13.00 horas y el día ha abierto un poco, permitiendo disfrutar de las espectaculares vistas a todos lados.

El camino de bajada a La Pinilla es un paseo sencillo donde solo hay que preocuparse de conversar o de disfrutar del paisaje y de los pensamientos. Alrededor de las 14.00 horas, el avance llega a la estación, que se encuentra cerrada por el calor y las lluvias de los días precedentes, nada que ver con el puro invierno de este domingo de finales de marzo. Afortunadamente, hay un bar abierto para esperar a los otros nueve montañeros.

Estos llegan también en dos grupos de tres y seis, al haber bajado por corredores diferentes, ambos con el denominador común de la pendiente y del hielo, que ha obligado a extremar las siempre necesarias precauciones y a ir compartiendo el material. Serían antes de las 16.00 cuando las 27 personas se han montado de nuevo en el autobús. Las siete que se montaron en Riaza, en Riaza se bajaron. Las otras 20 reemprendieron el camino de regreso por las Nacionales 110 y 122, para despedirse de nuevo en el Rincón de Bécquer y citarse para futuras ocasiones en las alturas.

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