Neuroeducación: aprendiendo a partir del desarrollo de nuestro cerebro

Visionando hace unos días el segundo capítulo del recién estrenado programa del soriano Jesús Cintora –que como no podía ser de otra manera, eligió la educación entre sus primeros temas a analizar- descubrí un nuevo concepto del que no tenía conocimiento y que, a partir de ese momento, ha despertado mi interés: la neuroeducación.

Podemos definir esta ciencia como el aprovechamiento con fines pedagógicos del conocimiento al que en las últimas décadas se ha llegado sobre el cerebro humano. Así, gracias a la neurociencia, se puede llegar a identificar cuáles son las técnicas más adecuadas para enseñar y aprender mejor. Anna Forés, pedagoga experta en neurodidáctica y profesora de la Universitat de Barcelona, señala que “es muy importante tener en cuenta el desarrollo del cerebro en relación con el aprendizaje para ir adaptando a cada edad la mejor circunstancia para que ese aprendizaje sea más óptimo”, todo ello con el objetivo de trabajar con todo el potencial de nuestro sistema neuronal.

Como indican las teorías educativas más recientes, en el proceso de aprendizaje influyen dos factores: la genética y el entorno. En este sentido, los neuroeducadores apuestan por identificar qué es único en cada estudiante “trabajando la potencialidad de la persona (…) y a partir de ahí, trabajar todo lo demás, rompiendo el tópico de centrarnos sólo en el déficit de la persona”, apunta Forés. Así, insistiendo una vez más en el necesario cambio de roles del que tantas veces hemos hablado en este blog, el alumno –con sus intereses y prioridades- debe de ser el absoluto protagonista del proceso de enseñanza- aprendizaje: “si un alumno tiene interés en algo, no se le debe decir esto no toca o esto lo haces mal, eso podría frenar el talento innato”, explican en el programa Tres14 de RTVE que dedican a este tema.

La curiosidad, la sorpresa y la experimentación son recursos mucho más efectivos para el aprendizaje que la repetición y la memorización. Ya veíamos como la Pirámide del Aprendizaje de Cody Blair consideraba la realización de prácticas como una de las formas más efectivas de aprender; o como la Teoría de Inteligencias Múltiples, de Howard Gardner, hablaba de potenciar lo mejor de cada alumno a partir de la competencia en la que más destaque. La neuroeducación otorga una base científica a todas estas líneas de estudio educativas, que cada vez se demuestran como más efectivas y por ello, son los estandartes de los sistemas escolares más vanguardistas.

Mención aparte requiere la emoción. Según la neurociencia, ésta es el ingrediente secreto del aprendizaje. Francisco Mora, experto en la materia, fue entrevistado por la revista QUO para redactar un reportaje dedicado a esta ciencia educativa. El autor afirmaba en el mismo que el binomio emoción- cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico- funcional del cerebro. “Al parecer, la información que captamos por medio de los sentidos pasa por el sistema límbico o cerebro emocional antes de ser enviada a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Dentro del sistema límbico, la amígdala tiene una función esencial. Es una de las partes más primitivas del cerebro y se activa ante eventos que considera importantes para la supervivencia, lo que consolida un recuerdo de manera más eficiente”, explica el texto periodístico.

Esta vez es la ciencia la que reafirma el hecho de que debemos cambiar nuestra manera de enseñar en el aula, sea cual sea el nivel. Si hablamos de respetar los ritmos evolutivos de las personas en cualquier otra faceta de la vida, no cabe duda que también debemos hacerlo a la hora de educar.


Entre toda la información consultada para confeccionar este post, cabe destacar -además de los enlaces vinculados al texto- el blog Escuela con cerebro.

 

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