La coeducación como herramienta de cambio social, una apuesta de Elisenda Abad, @amotivatedteacher

Integrar, de una manera transversal, la coeducación debería de ser un principio básico para todas las etapas educativas. No obstante, la legislación todavía no lo ha potenciado todo lo necesario y, como pasa con tantos otros valores, esta queda al buen -o mal- hacer de las y los docentes. Hoy hablamos con Elisenda Abad Francàs (@amotivatedteacher), que plantea el trabajo con su alumnado desde una perspectiva que persigue constantemente la igualdad de género. Conozcamos un poco más a fondo su trabajo.

 

1.- Háblanos un poco de tu trayectoria profesional docente.

Siempre cuento la misma anécdota: el primer día de escuela, solté a mi madre de la mano y entré al aula sin llorar y sin mirar atrás. Supongo que la escuela siempre fue un lugar agradable para mí y que, por eso, pasé directamente de ser alumna a ser docente. Llevo 11 cursos como profesora de inglés y 9 cursos específicamente como profesora de inglés en secundaria. He trabajado en academias de idiomas, escuelas concertadas e institutos públicos en Catalunya. Actualmente, soy funcionaria en prácticas en un instituto público de Barcelona. Empecé a desarrollar mi conciencia feminista a los 14 años. Desde entonces, no he dejado de leer y de participar activamente en espacios feministas.

2.- ¿Qué rol juega la coeducación en tu día a día en el aula?

Como mujer feminista, estoy absolutamente atravesada por una visión coeducativa del mundo que me rodea. La coeducación es siempre mi eje central para programar y diseñar actividades y proyectos en el aula. Está también presente en el lenguaje con el que me dirijo al alumnado, en el espacio y en el rol que este ocupa en el aula, en no justificar ningún comentario o actitud machista en clase y en invitar a mis estudiantes a reflexionar desde una posición de no juicio y de violencia cero.

Tener una mirada coeducativa nos humaniza como personas y ese es precisamente el camino que nos conduce hasta una sociedad respetuosa en la que las mujeres podamos vivir sin sufrir ninguna violencia machista.

3.- ¿Qué carencias crees que existen todavía al respecto?

Todas las personas estamos construidas por una estructura patriarcal desde que nacemos. Llevamos más herencia machista a nuestras espaldas de la que probablemente somos conscientes a través de los roles familiares, de los juegos infantiles, de la moda, del relato literario, del mundo audiovisual, de la escuela…

Por ello, vamos dejando esa estela machista en nuestra vida cotidiana a través de nuestra faceta como hijas, como parejas, como madres y padres, como amigas y, por supuesto también, como docentes y educadoras.

En este tiempo de profesión, he podido observar como cierto sector del profesorado sigue negando que existan conductas machistas en los centros educativos y, en más de una ocasión, se realizan comentarios sexistas hacia el alumnado y hacia las mismas maestras o profesoras. También, como el profesorado sigue fomentando la masculinidad tóxica de algunos adolescentes a través de la manera en la que se relaciona y se posiciona en el aula con sus estudiantes. 

4.- ¿Y qué soluciones se te ocurren para subsanarlas?

En cuanto a lo colectivo, la no exhaltación por parte de los medios de comunicación y de las redes sociales de los discursos de odio alentados por los partidos políticos de extrema derecha ayudaría mucho a que el movimiento feminista pudiese afianzarse con más fuerza de lo que lo hace. 

A nivel más individual, creo firmemente en la predisposición de revisar constantemente cada emoción, cada pensamiento y cada acción que llevamos a cabo en nuestro día a día. Sin emitir juicios ni hacia una misma ni hacia las demás personas. Opino que es desde el respeto por los procesos individuales de cada persona desde donde podremos continuar con los grandes logros que nuestras compañeras feministas consiguieron en las diversas olas feministas que han precedido a la ola actual.

5.- Finalmente, ¿eres optimista en cuanto al futuro de la educación en igualdad? ¿cuál es el futuro de un valor tan necesario de integrar en el aula?

Por supuesto que soy optimista. De no ser así, estoy segura de que ya habría cambiado de profesión. No negaré que hay temporadas, tanto en lo personal como en lo profesional, en las que me cuesta soportar tanta violencia hacia todas nosotras, las mujeres. 

En estos últimos años, el Departament d’Educació de Catalunya -que es la comunidad en la que trabajo- está destinando bastantes recursos para formar a equipos directivos y claustros de profesorado en coeducación impulsando así la creación de comisiones coeducativas en todos los centros públicos, concertados y privados del territorio catalán. 

No obstante, todavía nos queda un largo camino individual y colectivo por recorrer para deconstruir una educación que sigue teniendo tintes machistas. Tengo la esperanza de poder ver con mis propios ojos una educación feminista que libere tanto a las chicas como a los chicos de las identidades de género impuestas por su enemigo más letal: el sistema patriarcal. Creo firmemente que la educación o es feminista o no es educación. 

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