I have a dream

Como reza la breve descripción que la cabecera de este blog hace sobre su autora, mi rol como alumna es lo que más me ha hecho aprender sobre educación. Este constante aprendizaje me llevó hace dos cursos a reciclar mis conocimientos didácticos, y a descubrir, entre otras cosas, la existencia de las Comunidades de Aprendizaje.

Buceando por la red me he encontrado con la web http://utopiadream.info, que explica con gran detalle todo lo referente a las Comunidades de Aprendizaje. Las define como “un proyecto basado en un conjunto de actuaciones educativas de éxito dirigidas a la transformación social y educativa (…) que destaca dos factores claves para el aprendizaje en la actual sociedad: las interacciones y la participación de la comunidad”. Para mí, la parte más interesante e innovadora de esta definición se encuentra en “la participación de la comunidad”. Y es que una Comunidad de Aprendizaje implica de forma directa o indirecta a todas las personas que influyen en el proceso de enseñanza- aprendizaje de los alumnos, es decir: a profesores, a los propios alumnos y a las familias. Del mismo modo, tampoco se olvida del entorno del alumnado: asociaciones de vecinos, voluntarios, etc. están presentes también en este proceso.

La conversión de un centro tradicional en Comunidad de Aprendizaje conlleva una serie de fases. Como todo cambio, la primera fase es querer que esta transformación tenga lugar, plantearse una utopía: una educación más justa y de mayor calidad, gracias a un profesorado más autónomo para aprender, innovar y experimentar en las aulas. Y gracias, también, a esa implicación de toda la comunidad educativa. A partir de aquí se produce una fase de transformación, compuesta por un momento de sensibilización (en la que todos los partícipes del proceso de Enseñanza- Aprendizaje reflexionan sobre lo que pretenden conseguir con este cambio), y otro de toma de decisiones (que requiere el apoyo del 90% del profesorado del centro, del equipo directivo al completo, del Consejo Escolar, de la Asociación de Familiares de Alumnos, y de la Administración Educativa, que dotará al centro de más autonomía).

A partir de aquí, comienza la fase de ‘el sueño’, que consiste en la redacción del proyecto educativo que se pretende conseguir, en cuya confección deben participar, una vez más, toda la comunidad educativa.

Dentro de esta planificación, encontramos algunas actuaciones de éxito que ya se están desarrollando en las Comunidades de Aprendizaje que funcionan a lo largo del país, y que merecen la pena ser explicadas. En primer lugar están los grupos interactivos: una forma flexible de organizar el trabajo en el aula, a través de agrupaciones heterogéneos –alumnos con distintos ritmos de aprendizaje-. Con este principio se fomenta el aprendizaje entre iguales (es decir, entre estudiantes, de forma que el propio alumnos que antes ha adquirido los conocimientos será el que ayude al compañero que le está costando un poquito más), y se activa el trabajo en equipo (buscamos un objetivo grupal y ya no nos centramos solo en el individual). Cada grupo está tutorizado por un adulto (para ello será necesaria la ayuda de voluntarios, normalmente familiares de los alumnos), y el tiempo se divide en actividades de unos 15-20 minutos. Cuando un grupo ha terminado una actividad, se levantará y cambiará de ubicación para realizar la siguiente actividad, que estará tutorizada por otra persona. Así, al finalizar la sesión, habrán realizado 4 o 5 actividades sobre el mismo tema.

Otra iniciativa interesante son las tertulias dialógicas. Este método supone una forma de conocimiento basado en el análisis colectivo. Por ejemplo, las tertulias dialógicas literarias se basan en un texto de la literatura universal, analizado individualmente por cada alumno como trabajo previo. Después, en clase, se interpretará de forma colectiva, generando una profundización en el mismo mucho más detallada.

Son varios ya los centros por toda España que se han convertido en Comunidad de Aprendizaje. En Castilla y León contamos con tres: el CP Miguel Iscart y el IES Leopoldo Cano, de Valladolid; y el CEIP La Pradera, de La Granja de San Idelfonso, en Segovia.

Las Comunidades de Aprendizaje persiguen un sueño en común: una enseñanza sin marginación y de mayor calidad. Sueño que debería estar presente, no solo entre los actores de la Educación, sino en la sociedad en general. Porque una sociedad justa solo puede ser posible partiendo de una escuela que promueva valores y conocimientos en los que todos seamos iguales.

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