Como decíamos ayer…*

Octubre. Vuelven las temperaturas otoñales, vuelven los días más cortos y las noches más largas. Vuelve la rutina. Y entre todo lo que vuelve, la reciente vuelta al cole adquiere un especial protagonismo. Y qué mejor momento que octubre para comenzar un blog dedicado a la educación.

Hola a todos. Desde que comencé a ir al colegio, a segundo de párvulos, con la señorita Rosi, por mi vida han pasado innumerables maestros y profesores. Unos buenos, otros no tanto. Pero todos dejan de una u otra manera su huella. Y es que, a pesar de estar formada como docente, con lo que más he aprendido a cómo enseñar es así: siendo alumna. Una eterna alumna que nunca se cansa de aprender, pero que cada vez lo hace con la mirada más crítica, tanto al contenido como a la forma de transmitirlo.

La docencia en España es una profesión para valientes. Desde toda la vida, la figura del maestro no ha dejado indiferente a nadie. Adorado en algunas ocasiones. Odiado y perseguido en otras. Y formando parte de la vida de tantas y tantas personas, que no se libra de salir en las conversaciones de las largas sobremesas de fin de semana. Yo creo que la forma en la que miramos a nuestros profesores cambia con la edad. Cuando somos pequeños, la seño es la reina de la clase. Según vamos creciendo, nos alejamos de nuestros educadores, hasta llegar, en algunos casos, a un desentendimiento completo, aunque luego el tiempo acabe quitándonos la razón. Luego, algunos se vuelven papás y mamás, y todo vuelve a empezar, aunque desde una perspectiva algo distinta.

A lo largo de las semanas y los meses vamos a hablar de todo lo que concierne a la enseñanza, desde los puntos de vista más variados, algunos de actualidad, otros ya olvidados. Unas veces con una mirada algo nostálgica, y otras veces desde un panorama más crítico. Todo con el fin de aproximarnos a algo tan nuestro como es la educación

A si que, tomen asiento y abran sus libros por el tema uno. Empezamos la clase.

Espero que les guste.

 

* Con estas palabras retomó Fray Luis de León sus clases en la Universidad de Salamanca, tras haber permanecido en prisión durante cinco años, procesado por la Inquisición.

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