Ajedrez en las aulas

Hace unos días la Comisión de Educación y Deporte del Congreso aprobó, con una inusual paridad de opiniones, una proposición no de ley para llevar  a cabo el programa  ‘Ajedrez en la escuela’, por el que se está estudiando la posibilidad de incluir una hora a la semana de aprendizaje de este deporte en horario lectivo durante la etapa de primaria. Esta iniciativa cuenta con un sólido respaldo académico a sus espaldas, gracias a numerosos estudios que corroboran los grandes beneficios de la práctica de este juego, y de su iniciación en la edad propuesta (entre los 6 y los 12 años). Pero, ¿cuáles son exactamente las bondades del aprendizaje temprano del ajedrez? Atendiendo al estudio llevado a cabo por Joaquín Fernández Amigo y Mailycec Sánchez Rincón, de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Caracas (Venezuela), podemos concluir que este juego:

1.- Es un ejercicio mental, de procesos estratégicos, en forma de juego: la práctica de esta disciplina ayuda a anticipar nuestros movimientos, analizando sus consecuencias, y decidiendo de acuerdo a las conclusiones obtenidas de este análisis.

2.-  Crea hábitos de estudio: Entre otros factores positivos, fomenta el deseo de superación mediante el conocimiento, lo que lleva a favorecer la acción educativa. Además, al estar condicionado por unas reglas que hay que respetar, el jugador se acostumbrará a seguir las normas establecidas en otros aspectos de su vida, como el escolar.

3.- Suscita las relaciones de grupo: Tiene una función socializadora, al ser un juego que requiere de un compañero. Además, como otros deportes, da lugar a la creación de asociaciones, a la celebración de eventos como campeonatos, charlas, encuentros, etc. Todo ello lleva, finalmente, a la interacción social.

4.- Fomenta la meritocracia: pese a tener un orden altamente jerarquizado, finalmente cualquier pieza puede llevar a la victoria. Un simple peón puede convertirse en la pieza más importante de una partida.

5.- Canaliza la agresividad y estabiliza las emociones: por la idiosincrasia propia del juego, y su requerimiento de templanza y calma, sensaciones como la agresividad se transforman en esfuerzo para triunfar.

6.- Potencia la independencia de pensamiento y la autocrítica: las decisiones que se toman en una partida de ajedrez son propias, únicas e intransferibles. Y los resultados de todos y cada uno de los movimientos que se lleven a cabo afectan principalmente a uno mismo. Por tanto, los jugadores se ven en la necesidad de pensar individualmente y ser consecuentes con las decisiones llevadas a cabo, de una forma autocrítica (ganar o perder será consecuencia directa de nosotros mismos).

7.- Responde de forma clara a un modelo de aprendizaje constructivista: ya que demanda aprender problemas típicos (asimilación) y captar y comprender el patrón de las relaciones existentes entre las piezas para saber aplicarlo (acomodación) en situaciones similares.

Numerosas son las justificaciones, por tanto, que nos llevan a incluir esta disciplina en los colegios. Respondiendo a los criterios de calidad que tanto se ansían en nuestro país en cuanto a educación se refiere, el programa ‘Ajedrez en la escuela’ supone un avance hacia un modelo que fomenta el aprender a pensar de manera autónoma y analítica. Debemos superar el concepto tradicional de la escuela e intentar ir un paso más allá, para educar a ciudadanos del siglo XXI. Y, quizás, la incorporación del ajedrez en las aulas sea el comienzo de un cambio de paradigma.

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