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domingo 17 de febrero de 2019

Ene 15.19Historias Deportivas

José Antonio Culebras: Una historia de fútbol

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Foto: Concha Ortega
El central de Puertollano cumple mañana 40 años
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HISTORIAS DEPORTIVAS José Antonio Culebras Arenas nació un 16 de enero de 1979 en Puertollano, la localidad más grande de Ciudad Real sin contar a la capital de la provincia. Mañana miércoles, por lo tanto, cumplirá 40 años, cuatro décadas de vida que podrían resumirse en una palabra, fútbol, en cuya órbita han girado el resto de las situaciones de su vida.

Desde pequeño fue así: “Me considero un viejo rockero del fútbol de la calle, cuando la técnica y la táctica no eran importantes y teníamos que compartir espacio con los coches, vecinas enfurecidas, los límites del ‘campo’… Y al día siguiente, volvíamos a jugar. Esa metáfora de que el juego nunca se detiene la he aplicado el resto de mi vida”. Y, como se verá en las próximas líneas, le vino muy bien en una serie de épocas de su carrera futbolística, incluso desde niño.

Ya entonces, cuando jugaban en la calle Sagunto de Puertollano y en el recreo del colegio, planificaba las tardes anteriores, mientras hacía los deberes, cómo serían esos partidillos del día siguiente. Culebras solía ser siempre el responsable de llevar el balón, símbolo de una pasión por el fútbol que no encontraba precedentes en su familia y que todavía no le ha abandonado.

Mejorando gracias al baloncesto

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol los dio… en el baloncesto. En categoría alevín, en el colegio donde estudiaba, Salesianos, los responsables del equipo de fútbol estimaron que había jugadores mejores que él. Aunque no apartó la mirada del fútbol, y a pesar de que todavía era de los jugadores más bajos porque su crecimiento fue tardío, aprovechó ese año jugando al baloncesto para mejorar aspectos como la coordinación y el salto: “Siempre he dicho que, aunque a veces el camino no se nos ponga de cara, no hay que olvidar la meta. Hay otras alternativas para llegar a ella”.

 

Tras esa experiencia en el baloncesto, Culebras decidió apuntarse a la Escuela Municipal de Fútbol de Puertollano. Él se recuerda en aquellos años yendo solo a entrenar, a pesar de su corta edad todavía, y “esas situaciones te ayudan a ser fuerte”. En la Escuela Municipal quemó las etapas infantil, cadete y el comienzo de la juvenil.

En esta última categoría, en su primer año, todavía no había terminado de madurar físicamente, por lo que apenas jugaba. La desgracia de un compañero, que tuvo un accidente de moto como consecuencia del cual no pudo seguir jugando, le abrió las puertas de la titularidad. Por ese motivo, uno de los técnicos de la Federación de Castilla La Mancha le vio jugar y pensó que tenía cualidades para formar parte de la selección autonómica. Entonces, igual que todo el resto de su carrera futbolística, ya jugaba como central.

Le llama el Toledo

Culebras había conseguido dar un paso más, un paso importante pues estas selecciones siempre son un escaparate en el que se fijan los directores deportivos de todos los equipos. “La mañana de un sábado, cuando era juvenil de tercer año, me llamaron del Toledo, que entonces estaba en Segunda división. En ese momento es cuando tienes que elegir entre abandonar tu casa, tu familia, tus amigos… o quedarte tranquilamente como estabas. Mi familia y yo decidimos hacer el sacrificio de separar nuestros caminos… y aún no he vuelto a casa. Cuando tomamos esa decisión, yo por lo menos ya podía tener la conciencia tranquila de que al menos lo había intentado, y además sin abandonar la parte académica”.

Desde que llegó al Toledo, tanto en el equipo juvenil como en el equipo de Tercera, siempre alternó los entrenamientos con el primer equipo. Todavía recuerda que el entrenador de entonces, Gregorio Manzano, y un jugador de tanta clase como Casquero, “se reían, y se siguen riendo, porque yo entonces celebraba los goles hasta en los entrenamientos”.

En el año de Tercera división, a mitad de temporada, el Toledo le informa de que le hace contrato profesional para la siguiente campaña. Fue el único jugador de aquella plantilla al que le hicieron ese contrato… “me sentí un privilegiado”.

Y así, con 20 años, Culebras da el penúltimo paso de sus aspiraciones deportivas: convertirse en futbolista profesional. Aquella temporada en el Toledo, la 1999-00, jugó 26 partidos, 24 de ellos como titular. Fue una cifra muy buena, teniendo en cuenta su edad y sus compañeros en el centro de la zaga: Luis Manuel, que llegó a ser internacional absoluto cuando jugaba en el Oviedo, y Pedro Alberto, fallecido tristemente en 2002 durante un entrenamiento con el Novelda. Otros compañeros de aquel año eran Unai Emery, con quien compartía en ocasiones habitación y cuya carrera como técnico tiene pocas iguales en España, así como los exnumantinos Nando Co y Rafa Márquez.

Sus buenas prestaciones en su debut como profesional no pasaron inadvertidas en el fútbol español y, como él soñaba desde que fichó por el Toledo, el equipo que se fijó entonces en él militaba en la máxima categoría, la Primera división, la Liga de las Estrellas que se decía por entonces.

Su primera aventura en el Numancia

Inició la temporada 2000-01 en el Toledo, con el que había descendido a Segunda B. Tras jugar los dos primeros partidos de la campaña en esa categoría de bronce, logró marchar como cedido al Numancia. El sueño de aquel niño de Puertollano apasionado por el fútbol se hacía realidad: fichar por un Primera.

Muy pronto, fue precisamente esa realidad la que se le mostró tal cual: salvo un par de incursiones en Copa contra Barakaldo y Leganés, Paco Herrera y Mariano García Remón no contaban nada con él en la Liga, ni siquiera para entrar en las convocatorias. Estaban por delante Jaume, Miguel Ángel Soria, Antía y Gustavo.

En la jornada 33, tras caer en Zaragoza, García Remón fue destituido. Le sustituyó su segundo, Celestino Vallejo. De pronto, todo cambió para Culebras. El entrenador soriano, el de Valdemaluque, decidió que aquel joven manchego pasara de no ir convocado a ser titular, formando pareja con Mikel Antía: se ganó en Soria al Osasuna, se empató en Vigo con el Celta después de empezar ganando, y se ganó de nuevo en Los Pajaritos al Espanyol. Siete puntos de nueve posibles permitían soñar con la salvación que hasta hace poco parecía tan lejana, pero la derrota en la jornada 41 ante el Rayo (2-1, también después de empezar ganando) mandaron al Numancia a Segunda a pesar del triunfo en la última jornada ante el Alavés.

El entrenamiento es sagrado

El jugador manchego tiene claro que si fue titular en esos cinco partidos fue gracias “a que nunca tiré la toalla en los entrenamientos. No se puede bajar nunca los brazos. Somos humanos y es normal entrenar peor una semana, pero si lo haces durante tres meses, corres el riesgo de tirar tu carrera. El entrenamiento es sagrado”.

Culebras jugó aquellos cinco partidos de titular. Además, la buena racha final, con 10 puntos de 15, hizo que Celes fuera el elegido para iniciar la nueva aventura numantina en Segunda, en la 2001-2002. El soriano, de quien tan buen recuerdo guarda el jugador, fue despedido en noviembre tras el 1-5 ante el Burgos. Le sustituyó Sarabia, que logró salvar al equipo. La pareja Culebras-Cuéllar fue la más reconocible en la defensa aquel año, pidiendo paso ante los más veteranos Jaime Molina y Muñiz. Culebras jugó 29 partidos, 28 de titular.

La siguiente temporada, la 2002-2003, fue la de Sarabia y Máximo Hernández en el banquillo. Sarabia apostó siempre por Cuéllar (ya se había destapado como jugadorazo) y Jaime Molina, con lo que Culebras se pasó casi en blanco los dos primeros tercios de la temporada. Una vez más, fue el cambio de entrenador el que le permitió jugar de nuevo, tras la llegada de Máximo. Jugó 18 partidos, 13 de titular.

Ese verano se fraguó su gran temporada como numantino, la 2003-04, uno de los mejores episodios de la historia del equipo en general y de la suya en particular. Marchado Cuéllar a Primera, a Osasuna, y llegado al banquillo el valenciano Quique Hernández, Culebras se convirtió en un fijo: disputó todos los partidos menos uno, en el que cumplió sanción. De esos 41 encuentros, fue titular en 39, el que más de los jugadores de campo. Los otros dos centrales, Antonio y Jaime Molina, también superaron los 30 encuentros, en una línea de tres que fue una de las señas de identidad de aquel segundo ascenso del Numancia a Primera. Además, entre los tres aportaron nueve goles: cuatro Antonio, tres Culebras y dos Molina.

A Primera, al Levante

En la 2004-05, Culebras se preparaba para jugar de nuevo en Primera división, como aquellos cinco duelos postreros de hacía cuatro años. Le llegó entonces una oferta de esa misma categoría, del también recién ascendido Levante, que mejoraba sustancialmente sus condiciones. El manchego hacía mudanza para marcharse a Valencia, donde uno de sus mejores anfitriones fue su paisano Santiago Cañizares, el cancerbero titular del otro equipo de aquella ciudad, el Valencia CF.

En el Levante pasó dos años. El primero, el citado 2004-05, en Primera, jugó 25 partidos, todos de titular menos uno. El equipo empezó fortísimo, incluso en puestos de Liga de Campeones, pero una mala segunda vuelta provocó un nuevo descenso a Segunda. Aquella temporada, Culebras conoció una figura todavía no muy extendida en el mundo del fútbol, la del psicólogo deportivo: “Era José Carrascosa. Recuerdo que empecé a ir solo yo y terminamos la temporada yendo 16. Hizo un trabajo muy efectivo y, después de todos estos años, sigo teniendo muy buena relación y amistad con él”.

Cuatro años en Tenerife

Tocaba volver a Segunda en la 2005-06, de nuevo con el Levante. Fue otro buen año para Culebras: se consiguió otra vez el ascenso a Primera y, además, jugó 29 partidos, 28 como titular. Esa cifra le permitía renovar automáticamente, por haber superado los 25 encuentros. Sin embargo, prefirió marcharse al Tenerife gracias al interés mostrado por el interés deportivo, el exnumantino Alfonso Serrano.

En la isla permaneció nada menos que cuatro años, dejando un gran recuerdo y viviendo de nuevo situaciones curiosas.

Los dos primeros años, el 2006-07 y el 2007-08, jugó muchísimo, sobre todo el primero: 39 y 33 partidos. El tercero (2008-09), sin embargo, Oltra dejó de contar con él, a pesar de que sí lo había hecho tanto en la temporada anterior como en el año de Segunda en el Levante. Culebras, una vez más dentro de su ya larga carrera, estuvo lejos de rendirse. Gracias a ello, y aunque en total solo jugó ocho partidos, la mayoría de ellos fueron en el tramo final de la temporada, donde se logró un nuevo ascenso a Primera, el tercero para él tras los de Soria y Valencia.

El ejercicio 2009-2010 fue también el tercero, y último, de Culebras en la Primera división, siempre en equipos diferentes. Disputó 18 encuentros y el Tenerife descendió a Segunda, algo que él ya había vivido con sus dos escuadras anteriores en la máxima categoría, Numancia y Levante.

Segunda etapa en el Numancia

Finalizada esa etapa en el Tenerife, a José Antonio Culebras le surgió la oportunidad de regresar de nuevo a Soria, al Club Deportivo Numancia, que militaba de nuevo en Segunda división. Con 31 años, firmó para tres temporadas. La primera de esas tres, la 2010-2011, fue la que estuvo Unzué en el banquillo: “Venía del Barcelona y trató de trasladar aquel estilo de juego. Yo no supe interpretar esa metodología y me costó la titularidad, pero guardo muy buen recuerdo de él porque siempre me trató con respeto”. Aquel año jugó 14 partidos.

El siguiente ejercicio fue el primero de los dos de Pablo Machín en el banquillo numantino, “y ya mi participación empieza a ser escasa”. De hecho, en ese año 2011-2012 solo juega nueve partidos ligueros, concentrados casi todos en un tramo muy importante de la temporada, a partir de la jornada 25. Jugó completos esos nueve partidos.

En ese momento, con una temporada más de contrato y con 33 años, Culebras se encuentra en una encrucijada: sabe que apenas va a tener minutos en el Numancia, quiere seguir siendo jugador profesional y, además, espera dos hijas: “Fue una decisión dura porque tenía ofertas del extranjero y alguna buena de Segunda B, por ejemplo del Eibar, pero yo no iba a abandonar Soria y, aunque fue doloroso, sacrifiqué mi pasión por mis hijas”.

Sociedad Deportiva Almazán

El central manchego rescinde su contrato con el Numancia, “pero yo no quería dejar de entrenar, quería mantenerme en forma”. En ese momento llama al entrenador del Almazán, Luis de Miguel, “para ver si no les importaba que fuera a entrenar con ellos”.

Luis de Miguel no tiene ningún problema y Culebras, cuyos orígenes son del fútbol más humilde pero que viene de una larga carrera de 12 años como profesional, se encuentra de nuevo con que ya no hay un utillero que le lave la ropa: “Yo sabía de sobra cuál era mi rol, jugar en Tercera división, y me adapté perfectamente”. Así un año, y otro, y otro… hasta las seis temporadas que lleva ya Culebras recorriendo los campos de Castilla y León con el Almazán, viviendo una etapa que muy pocos futbolistas profesionales han sido capaces de protagonizar después de haber abandonado la élite.

Culebras entrena un par de días a la semana, entre otras cosas porque los plazos de recuperación no son los mismos con 40 años que con 25, pero sigue disputando una treintena de partidos por temporada y anotando goles, como los cuatro que hizo el año pasado como resultado de sus incorporaciones al ataque.

En estos seis años como jugador del Almazán, el deportista ha complementado su vida en los campos de fútbol con otras facetas profesionales, alguna de muy intensa actualidad. Tan intensa, como que está sucediendo en este mismo momento…

Sagrado Corazón y Calasanz

Por no alterar el orden cronológico del relato: En 2015, algún tiempo después de dejar el Numancia, Culebras entra a trabajar como profesor en el Sagrado Corazón. Allí está dos años disfrutando de la docencia y encontrando el que puede ser desde entonces otro de sus caminos de futuro: el trabajo con los niños.

Ello, unido a su antigua y conocida pasión por el fútbol, le llevó a su siguiente actividad, a ser el responsable del Área Social del Calasanz, a raíz de la llamada de Ángel Calvo Córdova con el deseo de ampliar la estructura del club colegial.

En el Calasanz, Culebras se dedica a atender a los numerosos futbolistas y a sus familias en cualquier tema que les afecte y que no esté relacionado directamente con la actividad deportiva. De manera paralela, sigue entrenando a un equipo de alevines.

AFE y tutor académico en la RFEF

En sus dos temporadas con el Levante, la 2004-05 y la 2005-06, Culebras coincide en la plantilla con Luis Rubiales. Esa circunstancia tan aparentemente normal (cualquier jugador coincide con decenas de jugadores en su carrera) ha marcado con fuerza su actual relación con el mundo del fútbol.

Rubiales fue presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles entre los años 2010 y 2017. En ese periodo hubo un proceso electoral en el año 2013 y, durante unos meses, Culebras fue el presidente de la Junta Gestora de este organismo. Con ese cargo, y como representante de la AFE, en enero de 2014 acudió a la gala del Balón de Oro de la FIFA celebrada en Zurich. Culebras, además, es desde hace un par de años Embajador de la AFE, desarrollando jornadas de formación para jóvenes con programas como el ‘Save the children’.

Hace tres días, el sábado 12 de enero, Culebras voló hacia Esmirna (Turquía) como integrante de la expedición de la selección española Sub 16 que está disputado la Copa del Egeo. El seleccionador es nada menos que Julen Guerrero, y el equipo ya empezó ganando ayer, 1-0 al equipo B de Turquía. Hoy juega contra Macedonia y el jueves, contra Rusia.

Culebras, estos días en Turquía

El exnumantino ha viajado como tutor académico, una nueva figura que ha implantado este año la Federación Española presidida por Rubiales. Ejerce de tutor en las categorías Sub 16 y Sub 17, aquellas cuyos integrantes acaban de abandonar la ESO. Su tarea es la de ayudar a los futbolistas a compaginar los entrenamientos con los estudios en estas concentraciones largas en las que se pierden varios días de clase, para después mandar informes a sus respectivos centros.

Han pasado alrededor de 30 años desde aquel Culebras niño de Puertollano que soñaba con ser futbolista. No solo lo consiguió, sino que lo mantiene y con ilusiones renovadas de futuro: “Me sigue dando muchas satisfacciones, todo lo que soy es gracias al balón”. Felices 40.




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